{"id":357,"date":"2016-01-22T16:20:33","date_gmt":"2016-01-22T22:20:33","guid":{"rendered":"http:\/\/elmachete.mx\/?p=357"},"modified":"2016-01-22T16:20:33","modified_gmt":"2016-01-22T22:20:33","slug":"jesus-faria-mi-linea-no-cambia-es-hasta-la-muerte-mi-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/2016\/01\/22\/jesus-faria-mi-linea-no-cambia-es-hasta-la-muerte-mi-infancia\/","title":{"rendered":"Jes\u00fas Far\u00eda \u2013 Mi l\u00ednea no cambia, es hasta la muerte &#8211; CAP\u00cdTULO I MI INFANCIA"},"content":{"rendered":"<p>El Machete se complace en presentarles el libro <em><strong>Mi l\u00ednea no cambia, es hasta la muerte<\/strong><\/em> (2010), el cual recoge la historia de Jes\u00fas Far\u00eda, un analfabeta hasta sus 27 a\u00f1os de vida, que posteriormente se convertir\u00eda en un recio luchador social en las filas del PCV. Un hombre dotado de una envidiable cultura pol\u00edtica y general, que jam\u00e1s se dobleg\u00f3 ante el imperialismo ni ante sus lacayos criollos, muriendo fiel a sus ideales comunistas. Es la biograf\u00eda pol\u00edtica de un militante comunista estrechamente vinculado al movimiento obrero clasista.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO I MI INFANCIA<\/strong><\/p>\n<p><strong>MIS PADRES<\/strong><\/p>\n<p>Yo nac\u00ed cuando el cometa, junio de 1910. Sin embargo, las noches blancas del cometa Halley no penetraron las tinieblas que envolv\u00edan a quienes nos mov\u00edamos donde yo me mov\u00eda.<br \/>\nQuienes nac\u00edan en la Venezuela de 1910 se met\u00edan en una peligrosa aventura al \u201cpisar\u201d tierra. De inmediato eran cercados por implacables enemigos: hambre, paludismo, ignorancia&#8230;<br \/>\nEstuve a punto de nacer en el monte. S\u00f3lo apretando el paso pudo la parturienta llegar hasta la choza, cuando ya el heredero tocaba la puerta. A los reci\u00e9n nacidos le \u201ccuraban\u201d el ombligo con sebo de chivo y los fajaban con una tira cualquiera.<br \/>\nMi madre trajo al mundo seis hijos y, adem\u00e1s, cri\u00f3 dos ajenos. Me contaron que nac\u00ed robusto, pero al faltar la maravillosa leche materna apareci\u00f3 el hambre y, con ella, el raquitismo.<br \/>\nMi madre se llam\u00f3 Mar\u00eda Fulgencia, hija de un \u201cCoronel\u201d de guerrillas, Ricardo Far\u00eda, y de Isabel Far\u00eda de Far\u00eda.<br \/>\nMi madre era una mulatica de suave cabellera. Conoc\u00eda el alfabeto y casi nunca se enfermaba. Ten\u00eda una ilimitada capacidad para el trabajo. Valerosa, tierna y severa a un mismo tiempo. Era ella la mejor vestida de la familia, porque ten\u00eda que \u201csalir\u201d al pueblo para vender los chinchorros y los cueros de chivos, as\u00ed como a comprar ma\u00edz, caf\u00e9, quinina y \u201cdulce\u201d (papel\u00f3n).<br \/>\nEra una mujer de escondida ternura. Cuando uno ca\u00eda enfermo, ella cambiaba por completo, inclusive usaba un lenguaje cadencioso que se convert\u00eda en una medicina. Nos dorm\u00eda con sus caricias.<br \/>\nDurante el d\u00eda sol\u00eda verse obligada a castigarnos, pero al llegar la noche, aunque nos acost\u00e1bamos \u201ccon las gallinas\u201d, de todos modos nos sent\u00e1bamos en el suelo a rezar, momento que aprovechaba para apoderarme de un lado del maternal regazo. \u00c9ste era un espacio que nos disput\u00e1bamos, porque no cab\u00edamos todos. \u00a1Nada igual a ese \u201cla\u00edto\u201d!<br \/>\nNos obligaba a rezar, pero en los primeros a\u00f1os las oraciones producen un sue\u00f1o profundo y reparador. Cuando el rosario promediaba, no quedaba\u00a0 un solo muchacho despierto, por lo cual recib\u00edamos reproches.<br \/>\nYo escapaba de las cuerizas maternas, corriendo por los tunales y barranqueras. Luego daba vuelta en torno a la casa, bajo un sol inclemente.<br \/>\nMam\u00e1 jur\u00f3 no seguir pariendo hijos para que se murieran de mengua. Esto significaba renunciar a los hombres a temprana edad, porque no hab\u00eda manera de evitarlos cuando se ten\u00eda hombre. Pero Mar\u00eda Fulgencia era una mujer de car\u00e1cter firme. No trajo m\u00e1s hijos al mundo.<br \/>\nMam\u00e1 era una trabajadora insigne y nos asignaba obligaciones a todos. Mi padre, aunque soy hijo natural tengo padre, se llam\u00f3 Reinaldo Oberto, hombre rico e influyente. Perd\u00eda casi siempre en el juego y ganaba en el amor, como le ocurre a menudo a quien tiene dinero. Persona jovial a quien tampoco le faltaban enemigos.<br \/>\nEra un hombre de aver\u00edas. Ganaba pleitos por terrenos, aguas y pasteaderos. Quienes le robaban animales iban a parar a la c\u00e1rcel o al servicio militar, porque don Reinaldo era hombre con influencias dimanantes de su poder econ\u00f3mico.<br \/>\nLe tendieron emboscadas, pero desde lejos, porque andaba bien armado. Buen tirador y con buena arma, era temido por quienes lo odiaban. En una de esas emboscadas sali\u00f3 sin un rasgu\u00f1o y puso en fuga a quienes le hab\u00edan disparado sus escopetas desde una distancia demasiado prudencial.<br \/>\nDej\u00f3 cerca de veinticinco hijos en unas diez mujeres. Sin embargo, era soltero y viv\u00eda solo, con hijos, sobrinos y peones.<br \/>\nA las madres de sus hijos las divid\u00eda entre preferidas y no preferidas. Las primeras recib\u00edan atenci\u00f3n econ\u00f3mica, las \u00faltimas puro amor e hijos.<br \/>\nLas primeras im\u00e1genes de mis padres se remontan a lo que llamamos tierna infancia. Yo tendr\u00eda dos a\u00f1os, cuando mi madre qued\u00f3 embarazada de Goyita, la \u00faltima hija. Resolvieron mudarme para \u201cEl Hato\u201d, residencia de don Reinaldo, para que no me embuchara \u201cmamando leche maluca\u201d.<\/p>\n<p><strong>SAN JOS\u00c9 DEL HATO<\/strong><\/p>\n<p>Mam\u00e1 recal\u00f3 por El Hato muy barrigona \u2014la ni\u00f1a naci\u00f3 en septiembre de 1912\u2014 y pap\u00e1, pasando la mano por el vientre de mi madre me pregunt\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 tiene aqu\u00ed tu mama? (no se dec\u00eda mam\u00e1).<br \/>\n\u2014Com\u00eda \u2014respond\u00ed.<br \/>\nEl viejo solt\u00f3 la risa y repiti\u00f3: \u201cCom\u00eda\u201d.<br \/>\nEn El Hato \u2014un lindo lugar para la \u00e9poca\u2014 consegu\u00ed una furiosa manta de piojos y fui v\u00edctima del turbulento car\u00e1cter de mis parientes paternos.<br \/>\nMe salv\u00e9 por mal enterrado.<br \/>\nRodeado de personas implacables que me azotaban con todo tipo de crueldades, tuve la fortuna de encontrarme con Ramona Far\u00eda, una hermana de mi padre que ten\u00edan all\u00e1 como esclava. Era fuerte y tierna. Me defend\u00eda y acariciaba.<br \/>\nCuando me azotaban \u2014y lo hac\u00edan varias veces por d\u00eda\u2014 Ramona me consolaba dulcemente.<br \/>\n\u2014No llor\u00e9s mi negrito, que te pon\u00e9s feo \u2014y me cubr\u00eda de besos.<br \/>\nMe convert\u00ed en una sombra de aquella muchacha. A sus cuidados le debo la vida. Era un amor que aument\u00f3 hasta su muerte.<br \/>\nEra una mujer de frondosa cabellera negra, de piernas poderosas y senos firmes. Hab\u00eda un contraste entre su poder\u00edo f\u00edsico y su ternura en el trato.<br \/>\nOtra sierva lo era una chavalita regordeta, piojosa, blanca y mugrienta. Dec\u00edan que era mi hermana y otros que era mi sobrina. Sobrina o hermana, \u00e9ramos u\u00f1a y carne. La acompa\u00f1aba cuando la enviaban a recoger tococoros (le\u00f1itos de cardones secos), as\u00ed como para otros menesteres.<br \/>\nMi parientica me aventajaba en edad y en saber. Trabajaba duro y \u00a1cu\u00e1ntas cosas hab\u00eda visto a tan temprana edad! Algunas las ensayaba conmigo en un vano empe\u00f1o. Cuando me resist\u00eda, ella me cuereaba dulcemente con un ramito:<br \/>\n\u2014\u00bfNo quer\u00e9s? \u00bfNo quer\u00e9s?<br \/>\nYo era una criatura montaraz por completo, un caso digno de estudio para un psic\u00f3logo infantil.<br \/>\nUna vez lleg\u00f3 a El Hato una hermanita m\u00eda desconocida. Estaba tan engalanada con lacitos de vivos colores en el pelo, que era como una rosa entre-<br \/>\nabierta. Verla y correr por la otra puerta fue una misma cosa. \u00bfC\u00f3mo explicar esta emoci\u00f3n? No era miedo ni falta de curiosidad. Era la expresi\u00f3n de un ni\u00f1o<br \/>\nmontuno, que viv\u00eda aislado, embrutecido por las crueldades y por el terror psicol\u00f3gico de los adultos.<br \/>\nSi quienes se ocupan de levantar y educar a los ni\u00f1os recordaran sus emociones de la infancia, ser\u00edan maestros formidables.<br \/>\nEl Hato era un bello lugar. Todo lo rico es bonito, se dec\u00eda, con una sombra de duda en el tono. Hab\u00eda un estanque que aguantaba todo el verano, cardonales y ca\u00f1adas de fresca sombra. Miles de chivos y una masa de cabritos rocheleando. Habr\u00eda sido tan feliz si me hubieran dicho que uno de aquellos animalitos juguetones era m\u00edo, pero en la mentalidad feudal no hab\u00eda sitio para la psicolog\u00eda infantil.<br \/>\nDurante el tiempo que viv\u00ed en El Hato no ve\u00eda muy a menudo a mi padre, pero s\u00ed recuerdo que cuando regresaba le preguntaba si me hab\u00eda tra\u00eddo la \u201cfranelita\u201d que me hab\u00eda ofrecido.<br \/>\nSiempre se le olvid\u00f3.<br \/>\nY aunque me dio \u201czapatero\u201d \u2014jam\u00e1s me regal\u00f3 ni un maraved\u00ed\u2014 yo lo quer\u00eda mucho.<br \/>\n\u00a1A qu\u00e9 ni\u00f1o no le va gustar tener papa! (Tampoco se dec\u00eda pap\u00e1).<br \/>\nNo s\u00e9 por qu\u00e9 recuerdo estas cosas; supongo que ser\u00e1 porque son un ejemplo negativo de efectos permanentes. El ni\u00f1o no examina estas mezquindades, no puede hacerlo.<br \/>\nM\u00e1s adelante llega a comprender, pero no sabe explicarse, por qu\u00e9 hay personas buenas y de las otras; gentes que nos consuelan y otras que nos azotan. Uno r\u00ede o llora, seg\u00fan el caso, pasan los decenios y estos sucesos de la primera infancia no se borran.<br \/>\nUna tarde se apareci\u00f3 mam\u00e1 con el hijo mayor. Hab\u00eda parido y estaba radiante. Llev\u00f3 la criatura.<br \/>\nLlevaron un burro para traerme al hogar materno.<br \/>\nCuando Mar\u00eda Fulgencia me vio piojoso y hambriento, estall\u00f3 furiosa.<br \/>\nPor la noche Ramona le cont\u00f3 el resto.<br \/>\nAl amanecer tomamos el camino, oeste franco, rumbo a San Pedro.<br \/>\nEn Guayabo nos esperaba Mercedes, la madre de Ramona. All\u00ed se habl\u00f3 mal de mi padre y de toda su parentela.<\/p>\n<p><strong>SAN PEDRO, EL HOGAR MATERNO<\/strong><\/p>\n<p>San Pedro era una casa plantada en medio de una solitaria llanura, cerca del mar. Habiendo como hab\u00eda tierras f\u00e9rtiles y siendo como eran tan pocos los venezolanos, nuestro hogar estaba totalmente aislado, como si de huir de los pueblecitos se tratara.<br \/>\nNo hab\u00eda forma de saber \u00bfpor qu\u00e9 no se dispersaban hasta otros lugares donde hubiera agua y se pudiera sembrar unas matas de ma\u00edz?<br \/>\nSe dec\u00eda que \u201c&#8230;all\u00e1 adentro&#8230;\u201d \u2014en la monta\u00f1a\u2014 daba mucha calentura y la gente se mor\u00eda. Eso era cierto, pero ac\u00e1 afuera, en la orilla del mar, tambi\u00e9n ten\u00edamos paludismo y faltaba la quinina.<br \/>\nNo s\u00e9 c\u00f3mo fue a dar mam\u00e1 a un lugar como \u00e9ste, a San Pedro, a esta solitaria casita, sin vecinos en kil\u00f3metros a la redonda.<br \/>\nA decir de los que sab\u00edan \u2014eran pocos los que sab\u00edan y \u00e9stos sab\u00edan poco\u2014, all\u00ed uno se salvaba \u201cporque Dios es m\u00e1s grande que la misma Iglesia&#8230;\u201d.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9, si Dios es tan grande y poderoso, dejaba morir a tantos ni\u00f1os? \u2014se preguntaba.<br \/>\n\u2014Es que Dios los necesita all\u00e1, para su coro de angelitos&#8230; \u2014afirmaban con resignada ignorancia.<br \/>\nDe cualquier manera, en la noche llegamos a San Pedro. Abuela, hermanos y primos salieron en masa y a toda carrera a nuestro encuentro. Me asust\u00e9 y ech\u00e9 a correr, pero Mar\u00eda Altagracia me penque\u00f3 f\u00e1cilmente, me tom\u00f3 en sus brazos y me cubri\u00f3 de cari\u00f1os.<br \/>\nEra la segunda vez que le hu\u00eda a la gente.<br \/>\nAquella masa familiar hablaba toda al mismo tiempo. Ped\u00edan bendiciones y me obligaban a que las pidiera.<br \/>\nYo estaba asombrado ante tanta familiaridad. En El Hato, donde yo hab\u00eda abierto los ojos, las relaciones humanas eran distintas.<br \/>\nPor momentos, era yo el mimado del hogar.<br \/>\nSe notaba como un sentimiento de culpa en los comentarios que se hac\u00edan por haberme llevado a los predios de mi padre.<br \/>\nAl parecer, era \u00e9poca de prosperidad en San Pedro, porque en la noche hubo abundante mazamorra con leche de cabra.<br \/>\nMe atiborr\u00e9 demasiado. Hasta el extremo de que no me pod\u00eda enderezar, lo cual era comentado entre risas por mis coet\u00e1neos.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente mi madre parti\u00f3 en busca de un vecino, quien trajo sus tijeras y me cort\u00f3 el pelo, en medio de comentarios cada vez que los piojos ca\u00edan partidos.<br \/>\nLa familia era numerosa: la abuela, la t\u00eda y sus tres hijos, un nieto de mi t\u00eda, mi madre y cinco de sus hijos. La otra, Luisa, hab\u00eda muerto.<br \/>\nAparec\u00ed ubicado con la abuela y con Mar\u00eda Altagracia.<br \/>\nLa primera me salv\u00f3 de frecuentes castigos maternos. La \u00faltima ten\u00eda el tim\u00f3n de la cocina en sus firmes manos.<br \/>\nMe adapt\u00e9 a la nueva vida. Aprend\u00ed los nombres de mis parientes, de los perros y de las cabras. Hab\u00eda algunas gallinas y gatos.<br \/>\nLos \u00fatiles de nuestro hogar eran unos chinchorros viejos, rotos y mugrientos. No hab\u00eda sillas, ni mesa, ni espejo. Una tinaja para el agua de beber y otra para la cocina. Una olla y los c\u00e1ntaros de barro. Dos piedras de moler, una para el ma\u00edz y otra para el caf\u00e9. La primera ten\u00eda dos \u201cmanos\u201d, una para quebrar el grano y la otra para \u201cpasar\u201d la masa, porque la arepa deb\u00eda ser hecha con masa \u201cchirita\u201d. \u00bfLa vajilla? Totumas y no hab\u00eda platos, ni tazas.<br \/>\nLa casa de bahareque ten\u00eda huecos en las paredes y en el techo. Las culebras entraban por la noche a nuestra choza y las mataban con valerosa audacia a la luz de una mecha de sebo.<br \/>\nAunque no participaba a\u00fan en estos menesteres, me vi envuelto en otro l\u00edo, del cual sal\u00ed malparado: por las ma\u00f1anitas descargaba la vejiga en un hueco de la pared. Un d\u00eda me \u201cdespert\u00f3\u201d un rasgu\u00f1o en \u201cla paloma\u201d (no s\u00e9 por qu\u00e9 le dec\u00edan as\u00ed). Cuando vi que lo hab\u00eda producido un ciempi\u00e9s que emerg\u00eda de su inundado cubil, corr\u00ed dando alaridos.<br \/>\nNo hubo \u201cpicadura\u201d. Calmaron mis nervios y se hicieron comentarios chistosos a cuenta m\u00eda, lo cual no me hac\u00eda gracia.<br \/>\nA partir de aquella fecha me ausentaba para hacer mis necesidades a prudente distancia de dormitorios y criaderos de ara\u00f1as, tuqueques, lagartijas, ciempi\u00e9s y otras sabandijas.<br \/>\nNuestra familia, adem\u00e1s de generosa, era unida, alegre y muy religiosa. Todos trabajaban en algo. Nadie se quedaba sin rezar al caer la noche.<br \/>\nMi madre amamant\u00f3 tres ni\u00f1os de una familia acomodada, cuyo Hato, Santa In\u00e9s, distaba una media legua de nuestro hogar.<br \/>\nLa ni\u00f1a que aliment\u00f3 se salv\u00f3. Los otros dos murieron. A estos varoncitos no los salv\u00f3 ni la rica leche de Mar\u00eda Fulgencia.<br \/>\nSe podr\u00eda concluir que si los hijos de los ricos mor\u00edan a edad temprana, \u00bfqu\u00e9 no ocurrir\u00eda con los hijos de los pobres? Sin embargo, en nuestro caso no fue as\u00ed.<\/p>\n<p><strong>\u00bfPOR D\u00d3NDE NACEN LOS NI\u00d1OS?<\/strong><\/p>\n<p>El sustento del hogar era mi madre. Cuidaba un reba\u00f1o que ten\u00eda unas doscientas cabezas. Esto lo hac\u00eda \u201cal tercio\u201d, es decir, de cada tres cr\u00edas, una era para la terciante, pero despu\u00e9s de reponer las p\u00e9rdidas por peste, mordeduras de culebras, robo o cualquier otra raz\u00f3n.<br \/>\nLas p\u00e9rdidas a reponer eran siempre superiores a la parte que nos correspond\u00eda, lo cual iba acumulando una deuda, dando origen a reyertas entre amo y sierva.<br \/>\nApagado el eco de los gritos paternos y la humedad del llanto materno, el ama de casa reincid\u00eda en sus rubieras contra la propiedad feudal, confiando en que Dios mandar\u00eda lluvia y las cabras dar\u00edan hasta seis cr\u00edas por a\u00f1o \u2014puros sue\u00f1os.<br \/>\nCuando el hambre apretaba \u2014y lo hac\u00eda a menudo y m\u00e1s de la cuenta\u2014, mi madre dec\u00eda en alta voz, segura de que nadie la o\u00eda:<br \/>\n\u2014No sea pendejo don Reinaldo, no voy a dejar morir de hambre a tantos muchachos&#8230;\u2014y mataba otro animal, a sabiendas de que no ser\u00eda posible<br \/>\nreponerlo el d\u00eda de la partici\u00f3n.<br \/>\nCreo que don Reinaldo en el fondo toleraba lo que present\u00eda, pero amarraba la cara para evitar que el reba\u00f1o fuera aniquilado en menos tiempo.<br \/>\nEn cuanto a los ni\u00f1os, su trabajo consist\u00eda en jardear las cabritas, recoger le\u00f1a y cuidar las cabras que eran dejadas en el corral para parir. Cuando par\u00edan, el cabrito ca\u00eda a tierra y le suspend\u00edamos el rabo para ver si era hembra o macho. En seguida \u00edbamos con el parte&#8230;<br \/>\nSab\u00edamos que d\u00eda iban a parir, lo cual parec\u00eda natural, pero no lo es tanto para quien no sea criador desde su infancia.<br \/>\nJulio, mi sobrino un a\u00f1o mayor que yo, encabezaba la brigada destinada a espantar zamuros, chiriguares y gavilanes, de modo que no aprovecharan el momento del parto para matar los cabritos antes de caer al suelo, lesionando inclusive a la cabra indefensa.<br \/>\n\u00c9ramos eficientes patrulleros.<br \/>\nY, por cierto, aprendimos ciertos procesos en la escuela de la vida, los cuales nos llevaron a discutir sobre las v\u00edas que usaban las mujeres para traer al mundo sus criaturas.<br \/>\nUn d\u00eda fuimos a preguntarle a la abuela si nac\u00edamos por la boca o por otro hueco del organismo, pero lo hicimos en forma tan directa, que tuvimos que huir para no ser alcanzados por la furia de nuestras hermanas.<br \/>\nSi las madres solteras tienen problemas con los hijos varones estando chiquitos, estos problemas se agravan a medida que uno va creciendo, porque hay consejos que los hombres suelen transmitir mejor.<br \/>\nAfortunadamente, cerca de nuestra casa, en Las Huertas, viv\u00eda un matrimonio y mi madre pas\u00f3 a ser la partera de esta vecina, cuyo esposo era como un padre bondadoso conmigo. Me ense\u00f1\u00f3 lo poco que uno necesita que le ense\u00f1en para establecer relaciones con las mujeres.<br \/>\nTodos ten\u00edamos alguna experiencia, seg\u00fan lo que hab\u00edamos visto en los animales, que no era poco. Pero siempre se necesitan consejos para completar un aprendizaje que, en muchos casos, tiene que esperar a\u00f1os para ser puesto en pr\u00e1ctica. En muchos casos, las mujeres aprenden estas cosas desde temprana edad y la transmiten a su compa\u00f1ero con la suficiente discreci\u00f3n, para no herir el orgullo del ser m\u00e1s vanidoso del planeta.<br \/>\nTomado de la mano de mis mayores, me fui internando en los deshabitados arrabales de San Pedro.<br \/>\nPor las tardes, despu\u00e9s de jardear las cabritas, apart\u00e1bamos las madres de los hijos para robarles la leche al d\u00eda siguiente. Pr\u00e1cticamente mat\u00e1bamos de hambre a los cabritos, sin el menor cargo de conciencia.<br \/>\nCerca de nuestro hogar pasaba una quebrada rumbo al mar. En sus orillas crec\u00edan \u00e1rboles frutales. Entre \u00e9stos ten\u00eda un valor alimenticio especial el taque, una variante de corozo, que es fruta por fuera y rico pan por dentro.<br \/>\nLos chivos los tragaban y por las noches los rumian. Ya pelado el corozo, era abandonado y proced\u00edamos a recogerlo para cocinarlo y extraerle la almendra.<br \/>\nPor nuestra cuenta recog\u00edamos la cosecha, consum\u00edamos la parte carnosa y luego lo convert\u00edamos en pan.<br \/>\nAparte de este fruto de poder alimenticio, hab\u00eda caujaros y otras frutas menuditas de rico sabor, incluyendo las guayabitas, muy solicitadas tambi\u00e9n por las culebras. Aprendimos a encontrar huevos de daras, una especie de alcarav\u00e1n.<br \/>\nAs\u00ed pues, \u00e9ramos una familia de recolectores y criadores de un menguante reba\u00f1o de cabras. Adem\u00e1s, \u00e9ramos incipientes cazadores de iguanas y conejos.<br \/>\nEn particular los ni\u00f1os deb\u00edan traer algo del monte.<br \/>\nMis primeras salidas en compa\u00f1\u00eda de mam\u00e1 fueron para Paiguara, Santa In\u00e9s y Arroyo Hondo. Santa In\u00e9s era el hato de mi padrino, un viejo que ech\u00f3 la bendici\u00f3n sin mirarme.<br \/>\n\u00c9l estaba acostado en su chinchorro. Ten\u00eda algo sobre los ojos y un trapo en sus manos que le atra\u00eda la atenci\u00f3n.<br \/>\n\u2014Son anteojos y est\u00e1 leyendo\u2014 me explic\u00f3 mi madre.<br \/>\nNo me pas\u00f3 por la mente que alg\u00fan d\u00eda yo tambi\u00e9n podr\u00eda leer y tener anteojos.<\/p>\n<p><strong>EL AGUA, LA SAL Y LA ALIMENTACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Las familias vecinas nos daban agua para hacer la comida, cuando el pozo de San Pedro se secaba. \u00a1Pero qu\u00e9 agua, se\u00f1ores!<br \/>\nAquellos pozos ten\u00edan toda clase de excrementos y animales muertos, los cuales eran devorados por los zamuros en la misma orilla.<br \/>\nComo si fuera poco toda esta inmundicia, las primeras lluvias arrastraban toda la bo\u00f1iga de los alrededores y la depositaban en el lecho de los estanques, en el cual se mov\u00edan los \u201cguasarapos\u201d. Nadie so\u00f1aba con hervir aquel barro l\u00edquido que nos apagaba la sed.<br \/>\nNo me pregunten c\u00f3mo pod\u00edan sobrevivir las personas que consum\u00edan semejante veneno, porque no lo s\u00e9. M\u00e1s a\u00fan, si no lo hubiera vivido y me lo contaran, creer\u00eda que la cosa era menos grave. Sin embargo, no hay exageraci\u00f3n en este caso.<br \/>\nAquel lodo mil veces contaminado habr\u00eda vacunado a sus usuarios, porque nadie se enfermaba por consumirla.<br \/>\nMar\u00eda Fulgencia, cuando estaba muy espesa el agua, sol\u00eda cortarla con cal o con baba de card\u00f3n.<br \/>\nCada uno met\u00eda la totuma en la tinaja, beb\u00eda y dejaba las cosas de ese tama\u00f1o. Esto inclu\u00eda a la abuelita, que estaba tuberculosa desahuciada.<br \/>\nAdem\u00e1s del agua, la sal era tambi\u00e9n fundamental para nuestra subsistencia. Hab\u00eda una peque\u00f1a salina, pero nadie tomaba esa sal porque era del gobierno.<br \/>\nA veces recalaban los celadores, hombres malvados con enormes fusiles, quienes insultaban y hasta golpeaban a las mujeres, a la vez que romp\u00edan los \u00fatiles de fabricar sal.<br \/>\nAnte esa situaci\u00f3n, prefer\u00edan recoger salitre, filtrarlo y luego hervir aquel l\u00edquido amarillento, del cual se obten\u00eda una sal morena como el az\u00facar moscabada.<br \/>\nCuando llov\u00eda \u2014casi nunca\u2014 hab\u00eda leche en los corrales y los animales engordaban porque, adem\u00e1s del agua, encontraban pastos. Durante esos escasos d\u00edas de lluvia sol\u00eda haber carne de lech\u00f3n caprino para los hervidos o, como le dec\u00edamos, \u201csancochos\u201d. \u00c9stos eran de agua, carne y sal, con unas hojas de cebolla, todo ello acompa\u00f1ado de arepa.<br \/>\nA veces ten\u00edamos carne sin arepa y, otras veces, arepa sin carne. Sin embargo, la mayor\u00eda de los d\u00edas no hab\u00eda carne ni arepa.<br \/>\nPero las lluvias tambi\u00e9n tra\u00edan \u201cplaga\u201d, mosquitos. Y \u00e9stos, a su vez, tra\u00edan calenturas, fiebres pal\u00fadicas. Hab\u00eda fiebres diarias, con fr\u00edo o sin fr\u00edo, las hab\u00eda tercianas y ocasionales.<br \/>\nLas fiebres con fr\u00edo nos dejaban temblando. Qued\u00e1bamos p\u00e1lidos y d\u00e9biles. Enfermos de verdad. En San Pedro no se conoc\u00edan los pl\u00e1tanos ni la yuca ni el \u00f1ame, para no hablar del trigo, arroz, papas y otros alimentos por el estilo. No sab\u00edamos qu\u00e9 era el chocolate ni el az\u00facar.<br \/>\nSe hac\u00edan s\u00f3lo dos comidas: almuerzo y cena. Por desayuno se daba caf\u00e9 con leche para los adultos y guarapo para los ni\u00f1os. A veces no hab\u00eda ni guarapo.<br \/>\nPara la cena hab\u00eda mazamorra, un atol de ma\u00edz, cuyo espesor depend\u00eda de la situaci\u00f3n de abundancia o escasez reinante, con un puntico de sal y algo de leche. Sin embargo, muchas veces nos acost\u00e1bamos sin comer nada.<br \/>\nCuando amanec\u00eda y mi hermana mayor no iba a \u201cprender candela\u201d, significaba que est\u00e1bamos \u201cruche\u201d.<br \/>\nNuestra casa era una escuela de trabajo y religi\u00f3n. Desde temprana edad aprend\u00edamos a dar gracias a Dios por su infinita bondad. Viv\u00edamos en un medio f\u00edsico donde apenas se mantienen en pie dispersos \u00e1rboles heroicos. A orillas del mar los cuj\u00edes se apoyan en los m\u00e9danos y la arena se apoya en los cuj\u00edes. Juntos crecen y se defienden mutuamente.<br \/>\nEl rengl\u00f3n de las prote\u00ednas ven\u00eda del corral y de la caza. Ten\u00edamos dos perras y un perro para cazar iguanas y conejos.<br \/>\nA las perras les mat\u00e1bamos los hijos al mismo nacer, no hab\u00eda con qu\u00e9 mantener m\u00e1s animales. Mi sobrino Julio y yo \u00e9ramos cazadores a la edad de seis a\u00f1os, h\u00e1biles para enlazar las iguanas y para levantar conejos o para descubrir d\u00f3nde estaban enhuecados.<br \/>\nA veces, cuando el hambre era m\u00e1s fuerte que la disciplina, la primera pieza que ca\u00eda era disputada ferozmente entre muchachos y perros. Si se trataba de un conejo, nos conform\u00e1bamos con una pierna, pero a veces ten\u00edamos que aceptar la derrota total.<br \/>\nHab\u00eda mujeres tan buenas cazadoras, que atrapaban las iguanas en el aire, aunque la iguana foetea duro con el rabo.<br \/>\nEl conejo, en veloz carrera, pierde un tiempo precioso cuando se detiene a o\u00edr el silbido del cazador.<br \/>\nAl parecer se imagina que todo lo que silba es gavil\u00e1n. Los\u00a0 gavilanes se organizan en gavillas para caerles a los conejos y a \u00e9stos no les queda otro camino que enhuecarse, si encuentran cerca alg\u00fan refugio.<br \/>\nPor aquellos lugares, algunos \u00e1rboles crecen casi tendidos sobre el suelo, dominados por los alisios. Cuando se secan, los troncos huecos parecen ca\u00f1ones apuntando hacia el oeste. En estos tubos de madera suelen encaramarse los conejos durante el d\u00eda, mientras afuera les montan guardia las aves de rapi\u00f1a.<br \/>\nCuando ve\u00edamos gavilanes en gavilla, busc\u00e1bamos en aquellos lugares y con los perros les rob\u00e1bamos la presa.<br \/>\nEn estos menesteres and\u00e1bamos una tarde, Julio por un lado y por el otro yo, cuando vi las patas traseras de un conejo en el hueco de un cuj\u00ed seco. Aqu\u00ed debe haber varios, pens\u00e9. Para \u00e9ste\u00a0 no alcanz\u00f3 el espacio. Tom\u00e9 con las manos las dos patas y tir\u00e9\u00a0 con todas mis fuerzas, que no eran muchas. Pero el conejo se \u201cagarraba\u201d en forma inexplicable con las patas delanteras. De todos modos, el conejo ced\u00eda aunque por cent\u00edmetros.<br \/>\nPesaba m\u00e1s de la cuenta. Por fin, despu\u00e9s de la parte trasera del conejo apareci\u00f3 una enorme tragavenados, que por aquellos lugares eran \u201ctragacabritos\u201d.<br \/>\nEl conejito, huyendo de los gavilanes entr\u00f3 de cabeza en las fauces de otro enemigo. \u201cAs\u00ed le convendr\u00eda&#8230;\u201d.<br \/>\nAsustado y veloz como otra liebre, corr\u00ed a reunirme con Julio y propuse regresar.<br \/>\nComo cuento de cazador no est\u00e1 mal, pero la verdad no es cuento.<br \/>\nQuiz\u00e1s fue la \u00fanica vez cuando hubo una disputa entre un ni\u00f1o y una tragavenados por un conejo. Y perdi\u00f3 el hijo del hombre.<\/p>\n<p><strong>MI ABUELITA<\/strong><\/p>\n<p>Mi abuelita viv\u00eda con \u201cuna mano adelante y la otra atr\u00e1s\u201d, casi desnuda, medio cubierta con harapos. Fue una ni\u00f1a rica que aprendi\u00f3 a leer, cuyo tutor, despu\u00e9s de robarle parte de la herencia, la cas\u00f3 con Ricardo Far\u00eda, un coronel de la \u00e9poca.<br \/>\nDo\u00f1a Isabel Far\u00eda de Far\u00eda ten\u00eda en la cabeza la historia de la \u201cGuerra de los Cinco A\u00f1os\u201d.<br \/>\nRecuerdo algo de sus conversaciones con las pocas visitas sobre la Federaci\u00f3n y libertad de imprenta, as\u00ed como los nombres de Zamora, Colina, Guzm\u00e1n, Bruzual, Riera y muchos otros caudillos de la Guerra Federal.<br \/>\nEra como todas las abuelas del mundo.<br \/>\nCuando hu\u00eda por cualquier travesura, la abuela se preocupaba y sal\u00eda a buscarme.<br \/>\nMe convert\u00ed en inseparable compa\u00f1ero en sus viajes al mar. Me dec\u00eda que los ba\u00f1os de mar eran medicinales para los \u201cpicados\u201d.<br \/>\nAl parecer, no se sospechaba que la tuberculosis era contagiosa, porque yo com\u00eda las sobras de la abuela y nadie me lo reproch\u00f3 nunca.<br \/>\nEn la solitaria orilla de limpias, tibias y finas arenas de aquel mar hab\u00eda miles de conchas y caracoles menuditos, de bellos colores. Corr\u00edan cangrejos y en una laguneta saltaban peces. Durante la luna nueva aparec\u00edan minas de \u201chabladores\u201d chipichipes. Volaban garzas y, a veces, bandadas de patos cucharos, de color rosado. Ten\u00edamos a la mano alimentos marinos y casi nos mor\u00edamos de hambre.<br \/>\nMe llamaba la atenci\u00f3n la imagen desnuda de la abuela con su aterradora debilidad. Parec\u00eda que ser\u00eda derrumbada por la brisa.<\/p>\n<p><strong>LAS VISITAS<\/strong><\/p>\n<p>S\u00f3lo muy de tiempo en tiempo recalaba alguien por San Pedro. Dec\u00edan que les gustaba hablar con Mar\u00eda Fulgencia porque \u201cconversa sabroso\u201d&#8230; Adem\u00e1s, la abuela, liberal de \u201cu\u00f1a en el rabo\u201d, contaba y nunca terminaba sobre la \u201cGuerra de los Cinco A\u00f1os\u201d.<br \/>\nCuando ladraban los perros era porque alguien se acercaba. Enseguida nos escond\u00edamos, porque est\u00e1bamos desnudos o con harapos las muchachas. Los ni\u00f1os asom\u00e1bamos la cabeza poco a poco. Una vez le hice morisquetas a un visitante y \u00e9ste me denunci\u00f3:<br \/>\n\u2014Mire, se\u00f1ora Mar\u00eda, que el parientico me est\u00e1 \u201cpelando los dientes\u201d.<br \/>\nA ra\u00edz de ese episodio, Mar\u00eda Fulgencia empez\u00f3 a sacarme cuando ten\u00eda que visitar a los vecinos m\u00e1s cercanos.<br \/>\n\u2014Deb\u00eda ir aprendiendo el camino \u2014dec\u00eda.<br \/>\nLos de Payguara eran ricos. Del fundador de \u00e9ste se dec\u00eda que sab\u00eda tanto que hasta en papeles en blanco le\u00eda.<br \/>\nUna tarde llegamos mientras jugaban domin\u00f3. La partida se desbarat\u00f3 para atender a mam\u00e1.<br \/>\nEn un descuido me rob\u00e9 tres piedras. No sab\u00eda de qu\u00e9 se trataba. Las mantuve escondidas y sol\u00eda escaparme para jugar con ellas. Cuando vinieron los interrogatorios, tuve que enterrarlas para siempre.<br \/>\nJulio, mi primo, era considerado un palo de hombre en comparaci\u00f3n con mi inutilidad. Cuando aprendimos los caminos, nos enviaban a los hatos vecinos para hacer los mandados.<br \/>\nNuestro primer viaje fue a Santa In\u00e9s, a la casa de mi \u201chermana de leche\u201d. A punto de emprender el retorno nos dijeron:<br \/>\n\u2014Esperen el almuerzo.<br \/>\n\u2014No, ya nos vamos.<br \/>\nEntonces nos regalaron arepa embadurnada de nata. Pero como permanec\u00edamos all\u00ed nos preguntaron:<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no se van?<br \/>\n\u2014Porque vamos a esperar el almuerzo&#8230;<\/p>\n<p><strong>EL PRIMER OBRERO PETROLERO DE LA FAMILIA<\/strong><\/p>\n<p>Fue Valmore el primer obrero petrolero de la familia Far\u00eda. Este hecho cambi\u00f3 nuestro futuro. El hermano mayor ganaba dinero antes del chorro del Barroso N\u00ba 2. Ahora mam\u00e1 ten\u00eda cr\u00e9dito y hab\u00eda quinina para todos. Esto era importante, porque si las fiebres no se \u201ccortan\u201d oportunamente, la gente se muere.<br \/>\nDesde San Pedro hasta la Rosa de Cabimas hab\u00eda aproximadamente 200 kil\u00f3metros, los cuales en verano se pod\u00edan hacer en cinco jornadas a pie. Mam\u00e1 viaj\u00f3 varias veces. All\u00e1 vend\u00eda a mejor precio los chinchorros y tra\u00eda dinero que Valmore le daba para el hogar.<br \/>\nEn la temporada de lluvias era mejor no viajar porque los r\u00edos y quebradas crecidas imped\u00edan el paso durante d\u00edas.<br \/>\nComo bastimento llev\u00e1bamos unas arepas y nada m\u00e1s. Por equipaje, una muda de recambio y un chinchorro en una capotera.<br \/>\nTras dos o tres semanas de haber partido, regresaba con dinero, unos cinco pesos, pl\u00e1tanos, panelas y caf\u00e9, as\u00ed como algunos remedios.<br \/>\nAdem\u00e1s, nos contaba las haza\u00f1as del muchacho convertido ya en un hombre fuerte, los problemas de la gente de las minas&#8230;<br \/>\nAhora hab\u00eda quien se atreviera a fiarle a Mar\u00eda Fulgencia algo de caf\u00e9 y ma\u00edz, cuentas que no pasaban de dos pesos en varios pedidos.<br \/>\nEn 1916 nos atrap\u00f3 una peste, la cual sumada al paludismo que nos causaba fiebres con fr\u00edo pon\u00eda en peligro mortal a la peque\u00f1a colectividad.<br \/>\nEscaseaba la quinina y las pocas papeletas que se nos ofrec\u00edan ten\u00edamos que pagarlas en plata.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 maravillosa medicina es la quinina! Aquel polvo blanco diluido en agua, de amargura casi intolerable, \u201ccortaba\u201d de un tajo las calenturas. A\u00f1os m\u00e1s tarde la trasegamos, pero ya en c\u00e1psulas amarillentas.<br \/>\nMam\u00e1 y mis hermanos eran valerosos. Esos largos viajes por senderos de cabras, por campos deshabitados, eran peligrosos.<br \/>\nVivir como viv\u00edan, era un peligro grande.<\/p>\n<p><strong>LAS CULEBRAS<\/strong><\/p>\n<p>Cuando sal\u00edan para el monte mataban cuanta culebra descubr\u00edan, grande o peque\u00f1a. Se dec\u00eda que en el cielo le anotan a uno \u201ccien d\u00edas de indulgencias\u201d por cada culebra que se mata.<br \/>\nDeber\u00edan pagar m\u00e1s por algunos ejemplares. En todo caso, de acuerdo con la cantidad de culebras muertas por m\u00ed, deb\u00ed haber acumulado importantes dividendos de este celestial negocio.<br \/>\nMatar culebras es un deporte peligroso.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 ternancadas tiran!<br \/>\nLa picada de una venenosa significaba la muerte, pues los \u201cremedios\u201d contra las picaduras de culebras no surt\u00edan ning\u00fan efecto: chupadas, oraciones, tabaco, promesas a los santos, amarrarle una cabuya al paciente para que el veneno no se le \u201cregara\u201d en el cuerpo, etc. Aun as\u00ed, yo mataba hasta tragavenados. La mejor manera de entrarle a \u00e9stas es por la cabeza. El resto del cuerpo lo endurecen como los boxeadores.<br \/>\nAunque la tragavenados no es venenosa, se defiende y ataca a su manera. No tiene miedo.<br \/>\nUna vez, ya hombre, le dispar\u00e9 a la cabeza y fall\u00e9 el disparo, aunque la bala dio cerca y parece que le ech\u00f3 tierra en la cara.<br \/>\nEl \u201csaruro\u201d se volte\u00f3 y vino a mi encuentro, lento, se\u00f1orial y valiente.<br \/>\nLa dej\u00e9 viva.<br \/>\nUno de mis hermanos vio que su hijita de meses ten\u00eda una \u201craboseco\u201d agarrada por el cuello. Con su filoso cuchillo le vol\u00f3 la cabeza a la culebrita.<br \/>\nFue una medida de emergencia, pero muy peligrosa porque una cabeza as\u00ed cortada ha podido \u201cvolar\u201d y pegarse en el pellejo de la criatura.<br \/>\nComo toda mi familia, fui un buen matador de culebras, tanto de las \u201craboseco\u201d, corales y otras del mismo peso, como de las poderosas macaurel y cascabel. Yo jugaba con las culebras peque\u00f1as despu\u00e9s de quebrarles la columna. Las sacaba para un clarito del camino y luego les escup\u00eda la cara con saliva de tabaco.<br \/>\nDespu\u00e9s las mataba y segu\u00eda mi camino.<br \/>\nO\u00eda decir que en Perij\u00e1, zona culebrosa del Zulia, los macheteros de las haciendas disparan salivazos de tabaco a medida que avanza el corte, para que el olor ponga en fuga a las serpientes.<br \/>\nEn esta regi\u00f3n zuliana viv\u00eda la terrible \u201cboquidorada\u201d, una culebra que tiene los labios pintados.<br \/>\nUna vez un pe\u00f3n sujet\u00f3 con una horqueta la culebra y \u00e9sta se volte\u00f3, clav\u00f3 los colmillos a la madera tierna y all\u00ed mismo apareci\u00f3 una veta amarilla que se extendi\u00f3 en la corteza.<\/p>\n<p><strong>LA MUDANZA A LAS HUERTAS<\/strong><\/p>\n<p>Don Reinaldo cumpli\u00f3 su promesa y vendi\u00f3 el reba\u00f1o de San Pedro.<br \/>\nEste hecho precipit\u00f3 la mudanza: \u201cNo hay mal que por bien no venga&#8230;\u201d. Era preciso emigrar.<br \/>\nValmore reuni\u00f3 diecis\u00e9is pesos para comprar una \u201ccasa\u201d en Las Huertas, cerca del pueblo, donde hab\u00eda vecinos y est\u00e1bamos a cinco kil\u00f3metros de la iglesia y del cementerio.<br \/>\nLa \u201cnueva casa\u201d era una media agua con una estrecha puerta y un hueco por ventana, m\u00e1s la cocina sin paredes y una\u00a0 enramada.<br \/>\nEulogio Nava, uno de los siervos de pap\u00e1, nos ayud\u00f3 a mudarnos. Ten\u00edamos unas quince cabras y las m\u00edseras pertenencias. El viaje de cerca de 25 kil\u00f3metros ten\u00eda que ser lento, pues cuando se viaja con chivos, la manera de llegar es no apurar el reba\u00f1o.<br \/>\nEulogio era mi \u201cviejo\u201d amigo de cuando el destete. Le dec\u00eda \u201ccompadre\u201d a todos los hombres y \u201ccomadre\u201d a todas las mujeres. Era un hombre bondadoso y trabajador, cargado de hijos grandes, siervos como \u00e9l mismo.<br \/>\nCuando me cans\u00e9, me carg\u00f3 en \u201cchuco\u201d y me igualaba en el trato. Hab\u00eda llovido y la rala vegetaci\u00f3n estaba verde. Hab\u00eda frescura. Desde la vereda se ve\u00edan rojos cardenales, agresivos turpiales, gonzalitos, chuchuves, sanantonitos, carpinteros, chiritas y otros conocidos nuestros.<br \/>\nAtr\u00e1s quedaba San Pedro con sus huecos en el techo y las paredes, asediado por culebras y sabandijas.<br \/>\nNosotros avanz\u00e1bamos \u201cpa\u2019arriba\u201d y \u201cpa\u2019dentro\u201d, es decir, hacia el sureste franco. \u201cPa\u2019afuera\u201d era con direcci\u00f3n al mar. \u201cPa\u2019dentro\u201d, la monta\u00f1a. Con la tardecita llegamos a Las Huertas.<br \/>\nLos vecinos eran una familia acomodada la una y pobre la otra. Aquella ten\u00eda tres hijos y \u00e9sta cuatro. Entre los ni\u00f1os vecinos hab\u00eda uno de mi edad. Era un chavalo fuerte y con iniciativa.<br \/>\nA poca distancia viv\u00edan parientes nuestros. Ahora la vida cobraba un ritmo inusitado. Juana, la vecina pobre, a quien le hab\u00edan reclutado el \u201cmar\u00eddo\u201d, era estupenda cazadora.<br \/>\nMadrugaban ella y mam\u00e1 para unas ca\u00f1adas lejanas y regresaban cargadas de iguanas gordas.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 banquetes de huevos de iguana!<br \/>\nAl poco tiempo regres\u00f3 Valmore. Era un joven fuerte y rochelero. Trajo dinero y ropa nueva. Las vecinas y aquellas que no lo eran, se prendaron del minero. Una tuvo una ni\u00f1a que era el retrato de mi hermano. La madre de la criatura dec\u00eda que ser\u00eda por el odio que ella le ten\u00eda a ese muchacho&#8230;<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 suerte tiene Valmorito!, dec\u00edan los amigos. Claro que ten\u00eda suerte y no les faltaba tampoco a las damas. Al parecer se juntaban el hambre con las ganas de comer&#8230;<br \/>\nNuestras parientes pasaban d\u00edas hablando con mam\u00e1. Cuando por fin se marchaban, \u00edbamos con ellas hasta el r\u00edo, donde se produc\u00eda la amenazadora despedida:<br \/>\n\u2014Bueno, comadrita, adi\u00f3s, ahora s\u00ed; otro d\u00eda hablaremos con m\u00e1s calma&#8230;<br \/>\nPronto me aprend\u00ed los nuevos caminos. Ahora Julio estaba en el Zulia y V\u00edctor era muy peque\u00f1o todav\u00eda. Yo era el hombre de la casa. No hab\u00eda resultado tan in\u00fatil como se tem\u00eda. Yo hac\u00eda mandados para mam\u00e1 y a veces para mi vecino rico, quien me pagaba a raz\u00f3n de un real por 5 kil\u00f3metros. Si eran viajes m\u00e1s cortos me daba s\u00f3lo un pedacito de papel\u00f3n.<br \/>\nYa en Las Huertas, mi primera salida fue para El Hato. Fui con Juana, mujer fuerte, risue\u00f1a y maliciosa. Cuando mam\u00e1 no estaba presente, le contaba picantes cuentos de \u201cmar\u00edo y mujer\u201d a mis hermanas.<br \/>\nPor el camino hab\u00eda lefarias, semerucos y semillas de laguadries. Las ca\u00f1adas y quiricias ten\u00edan agua bastante limpia, aunque siempre con guasarapos.<br \/>\nSe ve\u00edan reba\u00f1os y Juana las identificaba:<br \/>\n\u2014Esa, zarcillo, horqueta y bocao por dentro, es de tu papa&#8230;<br \/>\nCuando llegamos a El Hato ped\u00ed la bendici\u00f3n y un papel\u00f3n. Al verme, mis viejos amigos rieron y me dijeron que ya era un hombre.<\/p>\n<p><strong>MUERTOS Y ESPANTOS<\/strong><\/p>\n<p>Los cuentos de muertos y espantos hac\u00edan estragos en nuestras mentes. La verdad es que con una carga de superstici\u00f3n tan pesada, no era mucho lo que se pod\u00eda esperar de nosotros.<br \/>\nSin embargo, Valmore no conoci\u00f3 el miedo. Hab\u00eda hombres que se aterraban de ver lo que Valmore hac\u00eda: Se burlaba de los espantos, desafiaba al diablo y hac\u00eda todo aquello que seg\u00fan la leyenda, no se deber\u00eda hacer. Esta conducta valerosa del joven minero le cre\u00f3 una extendida fama y le abr\u00eda el coraz\u00f3n \u2014y no s\u00f3lo el coraz\u00f3n\u2014 de las damas.<br \/>\nEn cambio yo era miedoso y, con todo eso, ten\u00eda que hacer lo que fuera menester. Si hacer tantas tareas es siempre ingrato, hacerlas con tanto miedo lo es m\u00e1s todav\u00eda.<br \/>\nUna madrugada tuve que pasar por el \u201cllanito\u201d, en cuyo centro estaba un \u00e1rbol donde, seg\u00fan la conseja, se hab\u00eda ahorcado un \u201cPadre\u201d.<br \/>\nSer\u00edan las tres de la ma\u00f1ana cuando pas\u00e9 por debajo del prestigioso \u00e1rbol. En aquel momento y lugar o\u00ed un quejido que me hel\u00f3 la sangre, pero no me paraliz\u00f3 las piernas.<br \/>\nMenos mal, corr\u00ed despavorido.<br \/>\nDe regreso, ya a pleno sol, me detuve en el lugar del espanto y observ\u00e9. Cada vez que los ramos se mec\u00edan con el empuje de la brisa, se o\u00eda el t\u00e9trico ruido.<br \/>\nResult\u00f3 que dos brazos del \u00e1rbol, de tanto rozarse, se hab\u00edan producido muescas mutuamente. Y era de aqu\u00ed, de donde part\u00edan los f\u00fanebres \u201cquejidos.\u201d<br \/>\nOtra noche oscura o\u00ed muy cerca de la vereda un ruido fuerte y \u201cextra\u00f1o\u201d. Esta vez no corr\u00ed sino que busqu\u00e9. Se trataba de un pollino.<br \/>\nA partir de estas experiencias segu\u00eda con miedo, pero ahora no corr\u00eda sino que me cercioraba primero.<br \/>\nUna tarde ocurri\u00f3 algo que nos meti\u00f3 a todos \u201clas cabras en el corral\u201d. O\u00edamos un ruido, cada vez m\u00e1s cercano.<br \/>\nLa abuela dec\u00eda que era \u201cSan Jer\u00f3nimo con su trompeta\u201d que ven\u00eda a recoger sus criaturas en v\u00edspera del \u201cacabo e\u2019mundo\u201d. Yo imploraba que me rezaran, pero la abuela no estaba para rezos en aquel momento.<br \/>\nEl origen de ese terror tan escalofriante result\u00f3 ser el primer tractor que pasaba por el camino real a unos cuantos kil\u00f3metros de Las Huertas. No lo vimos, pero escucharlo fue suficiente para llenarnos de terror.<br \/>\nSupongo que debido a la actividad guerrillera \u2014Venezuela vivi\u00f3 un siglo enguerrillada\u2014, quienes las ten\u00edan, enterraban sus monedas de oro y plata, as\u00ed como otros objetos met\u00e1licos de valor.<br \/>\nCuando al morir alguien dejaba tesoros enterrados, su alma en pena retornaba a este mundo a implorar que los sacaran para poder entrar al cielo, nos dec\u00edan.<br \/>\nGente cuentera dec\u00eda haber hablado con \u00e1nimas en pena. Se dec\u00eda que los muertos pon\u00edan condiciones para entregar sus morocotas. La verdad es que alguna plata y algo de oro se recuperaba en esos entierros.<br \/>\nSe dec\u00eda que donde hab\u00eda \u201centierros\u201d se ve\u00eda una \u201cluz\u201d por la noche. O, al rev\u00e9s, que donde se ve\u00eda una \u201cluz\u201d era porque hab\u00eda plata enterrada. Sin embargo, en las noches tropicales uno suele ver \u201cluces\u201d que no son tales. Los hombres de pelo en pecho, como mi hermano mayor, ve\u00edan algo que les parec\u00eda una luz y se les iban encima. Sin embargo, cuando se acercaban al objeto luminoso, \u00e9ste desaparec\u00eda.<\/p>\n<p><strong>VIAJE A LA MONTA\u00d1A<\/strong><\/p>\n<p>Cuando ya ten\u00eda unos once a\u00f1os, se me ofreci\u00f3 la oportunidad de hacer un viaje a Socopo, un lugar detr\u00e1s de aquel cerro azul con un c\u00famulo de nubes en la testa.<br \/>\nPartimos con tres burros \u201cvac\u00edos\u201d. La primera noche dormimos en El Bozugo y la segunda en Las Baito\u00edtas. Al tercer d\u00eda por la tarde llegamos a nuestro destino. Socopo era la hacienda que administraba nuestro vecino y yo iba con el hijo de \u00e9ste, quien ya conoc\u00eda el camino.<br \/>\nUn viaje fascinante. Uno ve c\u00f3mo cambia el paisaje a medida que pone tierra de por medio. Aparecen cambios paulatinos, pero sostenidos. La brisa pierde fuerza y por fin se queda enredada en la vegetaci\u00f3n, cada vez m\u00e1s fuerte y variada. Los cardones se tornan m\u00e1s jugosos y las espinas de \u00e9stos menos secas. Hay m\u00e1s nubes. Empiezan las suaves colinas, cuestecitas, \u201cpe\u00f1as\u201d, \u201cpiedras\u201d y cerros. Ahora no hay bisures raqu\u00edticos y menudos, sino lagartos que parecen iguanas. Los p\u00e1jaros son otros, m\u00e1s robustos. Se encuentran menos culebras y son distintas. Llueve a menudo. El clima ahora es menos caliente y llega a ser fresco.<br \/>\nEn Socopo mol\u00edan ca\u00f1a y \u201csacaban\u201d papel\u00f3n; cosechaban cambures, yuca, ma\u00edz, frijoles y otros frutos de la tierra. Hab\u00eda abundante agua corriente, clara, dulce y fresca.<br \/>\n\u00a1Aquello s\u00ed que era vivir bien!<br \/>\nEntre los arrieros, los hab\u00eda de gran fama por su forma de amarrar y guaralear las cargas. Un tal Aregue era famoso porque nunca se le ladeaba una carga.<br \/>\nEn nuestro camino hab\u00eda pasos malos, adem\u00e1s de los r\u00edos y quebradas: la cuesta de Bariro, la cuesta del Ma\u00edz, La Piedra; esta \u00faltima era un paso por donde s\u00f3lo pod\u00eda pasar un burro. Era un trecho corto, pero peligroso.<br \/>\nSe ped\u00eda posada y \u00e9sta era concedida. Consist\u00eda en permitir que uno colgara su chinchorro entre dos \u00e1rboles, cerca de la casa. Cada uno com\u00eda seg\u00fan fuera el bastimento que le hab\u00edan preparado.<br \/>\nEn las posadas de los arrieros sol\u00edan encontrarse los que sub\u00edan vac\u00edos y los que bajaban cargados. A veces jugaban peque\u00f1as sumas a los dados.<br \/>\nPor la noche cada arriero ten\u00eda bajo el chinchorro un tiz\u00f3n para encender el tabaco o el cachimbo que a menudo se le apagaba. Alguno romp\u00eda el silencio con un comentario fugaz. Si ten\u00eda \u00e9xito, segu\u00edan los cuentos de mujeres y hombres, temas preferidos en todas las edades, \u00e9pocas y lugares.<br \/>\nOtros temas eran los \u201cmuertos\u201d, la cacer\u00eda, los gallos y las peleas entre los hombres. En los lances personales siempre la exageraci\u00f3n sub\u00eda las acciones del cuentero.<br \/>\nPor el camino de Socopo me llam\u00f3 la atenci\u00f3n la cantidad de tumbas que lo jalonaban. Cuando un arriero mor\u00eda \u2014y mor\u00edan a menudo, al parecer\u2014, nadie se ocupaba de enterrarlo, sino que se cubr\u00eda el cad\u00e1ver con piedras y madera a un lado del camino.<br \/>\nAlgunos de estos muertos \u201chac\u00edan milagros\u201d y ten\u00edan clientela. Les pon\u00edan velas y hasta les dejaban lochas en efectivo, pero como nunca falta gente confianzuda, el primero que ve\u00eda dinero por all\u00ed lo tomaba en calidad de pr\u00e9stamo que nunca pagaba.<br \/>\nLos peones de la hacienda, por su parte, hablaban mal del \u201camo\u201d. Me asombr\u00e9 cuando o\u00ed decir a uno:<br \/>\n\u2014Un machetazo en la nuca es lo que le hace falta a ese hijo de la comesebo&#8230;<br \/>\nLos peones estaban endeudados y no pod\u00edan abandonar el trabajo hasta que no pagaran la deuda, pero nunca la pagar\u00edan, ten\u00edan que huir. Sin embargo, eran largos los brazos del patr\u00f3n.<br \/>\n\u2014A don fulano se le \u201cjuy\u00f3\u201d un pe\u00f3n y lo encontraron trabajando en otra hacienda \u2014contaban\u2014.\u00a0 All\u00ed lo amarr\u00f3 el comisario y se lo entreg\u00f3 a su amo. Este lo arrebiat\u00f3 a la cola del caballo y pic\u00f3 espuelas. El pe\u00f3n trot\u00f3 hasta que le alcanzaron las fuerzas, luego fue arrastrado. Cuando el amo vio que no resollaba, cort\u00f3 la soga y sigui\u00f3 camino.<br \/>\nEran muy contadas las personas que sab\u00edan leer por estos \u201cretires\u201d. En general, la gente se re\u00eda de los pocos que conoc\u00edan las letras.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 opina usted, que sabe leel..? \u2014dec\u00edan en tono zumb\u00f3n, a otro que no conoc\u00eda ni la o por lo redonda.<\/p>\n<p><strong>VENDEDOR DE PATILLAS<\/strong><\/p>\n<p>Valmore hizo un contrato para vender patillas de \u201cPoz\u00f3n Salado\u201d en Dabajuro. Eran unas siete leguas de ida y vuelta. A veces vend\u00edamos al por mayor, pero otras veces baj\u00e1bamos nuestra dulce carga a la sombra de unos matapalos y luego sal\u00eda yo por esas calles gritando:<br \/>\n\u2014\u00a1Patillas!<br \/>\nEra un trabajo duro. Las llevaba en una mochila, con el precio escrito sobre la corteza: Cada rayita, una locha.<br \/>\nEran un fruto exquisito de la alta orilla del r\u00edo. Rojas y dulces. Pero eran s\u00f3lo para vender. Se me hac\u00eda la boca agua cuando mis clientes las part\u00edan delante de m\u00ed.<br \/>\nNo s\u00f3lo era un pe\u00f3n sin salario, sino que mi hermano, siguiendo la costumbre local, me azotaba cuando hab\u00eda motivo y cuando no lo hab\u00eda tambi\u00e9n. Una vez me lanz\u00f3 sobre un tunero. Tuve fiebre y tuyido por unos d\u00edas.<br \/>\nMam\u00e1 tuvo un altercado serio con mi hermano por esta agresi\u00f3n. Sin embargo, nuestro hermano mayor fue buen hijo cuando m\u00e1s lo necesit\u00f3 mam\u00e1.<br \/>\nEra un joven amistoso con la gente de otras familias. Con sus hermanos fue duro. Era muy fuerte, en contraste conmigo que era d\u00e9bil. Esa raz\u00f3n bastaba para que, al contar mis fracasos, concluyera que no servir\u00eda para nada.<br \/>\nEra evidente que como pe\u00f3n no le daba a mi hermano ni por los tobillos. Adem\u00e1s, yo era enfermizo y raqu\u00edtico.<br \/>\nLa abuela muri\u00f3 y mis dos hermanas mayores y Valmore ya eran independientes. Con mam\u00e1 qued\u00e1bamos V\u00edctor, Goyita y yo.<br \/>\nEra necesario acelerar mi desarrollo.<\/p>\n<p><em><strong>*Cap\u00edtulo II en nuestra siguiente publicacion.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo nac\u00ed cuando el cometa, junio de 1910. Sin embargo, las noches blancas del cometa Halley no penetraron las tinieblas que envolv\u00edan a quienes nos mov\u00edamos donde yo me mov\u00eda.<br \/>\nQuienes nac\u00edan en la Venezuela de 1910 se met\u00edan en una peligrosa aventura al \u201cpisar\u201d tierra. De inmediato eran cercados por implacables enemigos: hambre, paludismo, ignorancia&#8230;<br \/>\nEstuve a punto de nacer en el monte. S\u00f3lo apretando el paso pudo la parturienta llegar hasta la choza, cuando ya el heredero tocaba la puerta. A los reci\u00e9n nacidos le \u201ccuraban\u201d el ombligo con sebo de chivo y los fajaban con una tira cualquiera.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":358,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":[],"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[49,89,101,131,132,146,147,167,169,171,176],"class_list":["post-357","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-pcv","tag-comunismo","tag-historia","tag-jesus-faria","tag-obrero","tag-obrero-sindical","tag-pcv","tag-petroleros","tag-rural","tag-sindicalismo","tag-sindicatos","tag-socialismo"],"wppr_data":{"cwp_meta_box_check":"No","cwp_rev_product_name":"","cwp_rev_product_image":"","cwp_image_link":"image","cwp_rev_price":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=357"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/357\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/358"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=357"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=357"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=357"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}