{"id":7866,"date":"2025-11-07T23:29:23","date_gmt":"2025-11-08T05:29:23","guid":{"rendered":"https:\/\/elmachete.mx\/?p=7866"},"modified":"2025-11-07T23:29:23","modified_gmt":"2025-11-08T05:29:23","slug":"kollontai-vivir-la-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/2025\/11\/07\/kollontai-vivir-la-revolucion\/","title":{"rendered":"Kollontai: vivir la revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Kollontai: vivir la revoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Cristina Espitia <\/strong><\/p>\n<p>En 1917, el pueblo ruso se levant\u00f3 contra siglos de miseria y dominaci\u00f3n. Obreros, campesinos y soldados tomaron su destino en las manos, y entre ellos, las mujeres fueron el coraz\u00f3n de la revuelta. Fueron ellas quienes salieron primero a las calles, cansadas del hambre, la guerra y el silencio impuesto. Con su coraje, encendieron la chispa del Gran Octubre, demostrando que la revoluci\u00f3n tambi\u00e9n ten\u00eda rostro femenino y que el socialismo no solo deb\u00eda liberar al obrero, sino tambi\u00e9n a la obrera a la mujer.<\/p>\n<p>Entre aquellas que rompieron el silencio, una figura se alz\u00f3 con voz firme: Aleksandra Kollont\u00e1i. Naci\u00f3 en 1872 en San Petersburgo, hija de un general zarista y de una familia acomodada, desde muy joven comprendi\u00f3 que la desigualdad no era un destino, sino una injusticia que deb\u00eda romperse. Mientras muchos de su clase se aferraban a los privilegios del poder, ella eligi\u00f3 el camino opuesto: el de la rebeld\u00eda y la conciencia.<\/p>\n<p>Educada dentro de un ambiente cosmopolita, hablaba varios idiomas y conoc\u00eda de cerca las contradicciones de Europa; esa formaci\u00f3n la llev\u00f3 a abrazar el marxismo.<\/p>\n<p>Kollont\u00e1i desafi\u00f3 las normas, los prejuicios y los l\u00edmites impuestos a las mujeres de su tiempo. Fue bolchevique, revolucionaria y una de las primeras mujeres en ocupar un cargo en el gobierno sovi\u00e9tico tras la Revoluci\u00f3n de Octubre.<\/p>\n<p>Exigi\u00f3 que la revoluci\u00f3n tambi\u00e9n liberara a las mujeres del trabajo dom\u00e9stico y de la dependencia econ\u00f3mica. Fund\u00f3 el <em>Zhenotdel<\/em>, una organizaci\u00f3n pionera que abri\u00f3 guarder\u00edas, impuls\u00f3 el derecho al divorcio y promovi\u00f3 la igualdad dentro y fuera de las f\u00e1bricas, fue un faro para miles de mujeres que por primera vez vieron en el socialismo una promesa de libertad.<\/p>\n<p>Su rebeld\u00eda empez\u00f3 en casa. Rechaz\u00f3 los matrimonios por conveniencia, defendi\u00f3 su derecho a elegir el amor y la maternidad, y cuando el ambiente aristocr\u00e1tico se volvi\u00f3 asfixiante, se fue. En los barrios obreros encontr\u00f3 su causa. De ellas aprendi\u00f3 la fuerza de la organizaci\u00f3n y el valor de la solidaridad. Desde entonces, su lucha fue una sola: la emancipaci\u00f3n del ser humano y de la mujer para llegar a la Revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1917, cuando el pueblo ruso decidi\u00f3 romper las cadenas del zarismo, Kollont\u00e1i estuvo ah\u00ed, hombro a hombro con obreros y campesinos. Fue una de las pocas mujeres que ocuparon un lugar en el nuevo gobierno bolchevique y la primera en el mundo en asumir un cargo ministerial.<\/p>\n<p>Kollont\u00e1i sab\u00eda que la revoluci\u00f3n no pod\u00eda limitarse a tomar el poder; deb\u00eda transformar tambi\u00e9n los sentimientos, los cuerpos y las relaciones humanas. Defendi\u00f3 el amor libre y la autonom\u00eda femenina con la misma pasi\u00f3n con la que criticaba al capitalismo. Para ella, la verdadera revoluci\u00f3n era aquella que liberara a las mujeres del yugo de la dependencia y del peso del sacrificio silencioso. Esa postura le trajo conflictos dentro del propio partido, pero jam\u00e1s se rindi\u00f3.<\/p>\n<p>Durante su exilio, Aleksandra Kollontai vivi\u00f3 en varios pa\u00edses de Europa y en Estados Unidos, siempre comprometida con la causa obrera. En Alemania se uni\u00f3 al Partido Socialdem\u00f3crata junto a Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, con quien ya hab\u00eda coincidido en 1907, cuando represent\u00f3 a Rusia en la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas.<\/p>\n<p>Cuando Alexandra Kollontai lleg\u00f3 a M\u00e9xico en 1926, tra\u00eda en la mirada el fuego de la Revoluci\u00f3n rusa. Fue la primera mujer en ocupar una embajada en nuestro pa\u00eds, algo impensable para su tiempo.\u00a0 Desde su cargo, busc\u00f3 acercar a dos pueblos que conoc\u00edan bien el sabor de la lucha: el ruso y el mexicano.<\/p>\n<p>Impuls\u00f3 el di\u00e1logo, promovi\u00f3 el intercambio cultural y defendi\u00f3 la justicia social. A pesar de la desconfianza de la prensa y la sombra del espionaje extranjero, Kollontai se mantuvo firme, convencida de que su papel era tender puentes y demostrar que la diplomacia tambi\u00e9n pod\u00eda ser un acto revolucionario.<\/p>\n<p>Pero lo que m\u00e1s la marc\u00f3 fue el pueblo mexicano. En sus cartas y apuntes escribi\u00f3 sobre la calidez de la gente, la fuerza de las mujeres y el esp\u00edritu rebelde que encontraba en cada rinc\u00f3n.<em> \u201cDec\u00eda que en M\u00e9xico ve\u00eda los mismos sue\u00f1os que hab\u00edan encendido a Rusia: hambre de igualdad, esperanza y coraje\u201d.<\/em> Su paso por nuestro pa\u00eds fue corto, pero dej\u00f3 huella. Y aunque los a\u00f1os la llevaron lejos, su nombre qued\u00f3 grabado como el de una mujer que rompi\u00f3 muros.<\/p>\n<p>Su vida fue larga y compleja. Pas\u00f3 por el exilio, las rupturas, la soledad y la incomprensi\u00f3n, pero nunca perdi\u00f3 la fe en el poder transformador del pueblo. Muri\u00f3 en 1952, viendo c\u00f3mo el mundo se debat\u00eda entre guerras y esperanzas, pero su legado sigue latiendo.<\/p>\n<p>Hoy, Aleksandra Kollont\u00e1i no es solo un nombre en los libros de historia. Es s\u00edmbolo de una lucha que a\u00fan no termina. Representa la voz de las mujeres que no se resignan, la certeza de que ninguna revoluci\u00f3n es verdadera si deja atr\u00e1s a la mitad del pueblo. Su vida nos recuerda que la libertad no se hereda: se conquista.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1657\" src=\"https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"732\" srcset=\"https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1.jpeg 1024w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1-300x214.jpeg 300w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1-768x549.jpeg 768w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1-640x458.jpeg 640w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1-50x36.jpeg 50w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Kollontai4-1024x732-1-600x429.jpeg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy, Aleksandra Kollont\u00e1i no es solo un nombre en los libros de historia. 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