{"id":8035,"date":"2026-02-03T11:55:34","date_gmt":"2026-02-03T17:55:34","guid":{"rendered":"https:\/\/elmachete.mx\/?p=8035"},"modified":"2026-02-03T11:55:34","modified_gmt":"2026-02-03T17:55:34","slug":"la-cuestion-del-poder-en-el-gobierno-socialista-de-yucatan-1922-1924","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/2026\/02\/03\/la-cuestion-del-poder-en-el-gobierno-socialista-de-yucatan-1922-1924\/","title":{"rendered":"La cuesti\u00f3n del Poder en el gobierno socialista de Yucat\u00e1n (1922\u20131924)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8036\" src=\"https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"647\" srcset=\"https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604.jpeg 1024w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604-300x190.jpeg 300w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604-768x485.jpeg 768w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604-640x404.jpeg 640w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604-50x32.jpeg 50w, https:\/\/elmachete.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/IMG_20260234_115355604-600x379.jpeg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p>Comit\u00e9 Regional del PCM en la Pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n<\/p>\n<p>La historia, cuando se la despoja de los velos morales y de las celebraciones p\u00f3stumas que buscan neutralizar su contenido ideol\u00f3gico, se revela como el escenario en el que las clases sociales ensayan una y otra vez su emancipaci\u00f3n, no bajo condiciones elegidas libremente, sino bajo aquellas que les son legadas por el desarrollo hist\u00f3rico. El gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto en Yucat\u00e1n fue una de esas tentativas en las que la clase trabajadora, sometida durante siglos, logr\u00f3 por un breve instante erguirse, no como un accidente ni como una anomal\u00eda regional, sino como fuerza hist\u00f3rica consciente, resultado necesario de la lucha de clases que hab\u00eda madurado en silencio bajo el peso del henequ\u00e9n, la deuda y el l\u00e1tigo.<\/p>\n<p>Es preciso se\u00f1alar que las condiciones de explotaci\u00f3n y miseria que caracterizaban los primeros a\u00f1os del siglo XX no eran exclusivas del actual estado de Yucat\u00e1n, sino que se extend\u00edan a toda la Pen\u00ednsula. Dichas condiciones fueron el resultado del recrudecimiento de la opresi\u00f3n de clase, posterior a m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os de la hist\u00f3ricamente llamada \u201cGuerra de Castas\u201d, que en esencia no fue otra cosa que una prolongada rebeli\u00f3n ind\u00edgena contra el despojo, la servidumbre y la dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este contexto, en 1921, durante el Segundo Congreso Obrero de Izamal, el Partido Socialista del Sureste, el Partido Agrario del Sureste y las Ligas de Resistencia Socialista de Campeche, Yucat\u00e1n y el entonces territorio de Quintana Roo se unificaron para constituir la Federaci\u00f3n de Ligas de Resistencia Socialista. Bajo la gu\u00eda pol\u00edtica del Partido Socialista del Sureste, esta articulaci\u00f3n se propuso conquistar fines abiertamente comunistas, entre ellos la expropiaci\u00f3n de la industria y de las tierras en manos de los hacendados, sin indemnizaci\u00f3n de ning\u00fan tipo.<\/p>\n<p>Estas medidas, que en la pr\u00e1ctica iban encaminadas a la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n, encontraba su s\u00edmil en la labor que, 4 a\u00f1os antes, los bolcheviques rusos hab\u00edan impulsado en el programa de su Partido, lo cual echa por la borda la interpretaci\u00f3n del oportunismo contempor\u00e1neo sobre que lo ocurrido en Rusia no fue producto m\u00e1s que de la casualidad o de un fen\u00f3meno que no se repetir\u00eda jam\u00e1s fuera de Europa. El programa adoptado en el Segundo Congreso Obrero de Izamal fue una demostraci\u00f3n de que la Revoluci\u00f3n Socialista, a pesar de poder ajustarse a particularidades locales o nacionales, se gu\u00eda por una serie de leyes de aplicaci\u00f3n universal y de que los socialistas yucatecos lo comprend\u00edan bien, al menos en lo tocante a la socializaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n y el choque frontal y sin concesiones contra la burgues\u00eda que desesperadamente intentar\u00e1 recuperar su Poder.<\/p>\n<p>En ese sentido, la base material del Poder socialista en Yucat\u00e1n no se encontraba en una comunidad campesina id\u00edlica ni en formas precapitalistas supervivientes, sino en la posici\u00f3n concreta de los trabajadores dentro de relaciones capitalistas de explotaci\u00f3n. Estos trabajadores no eran campesinos libres en sentido estricto, sino obreros agr\u00edcolas insertos en una industria agroexportadora de enclave, organizada en torno al henequ\u00e9n, la ca\u00f1a y otras actividades orientadas al mercado mundial.<\/p>\n<p>Produc\u00edan valor bajo relaciones capitalistas, aunque dichas relaciones estuvieran recubiertas por formas extremas de coerci\u00f3n extraecon\u00f3mica que combinaban explotaci\u00f3n de clase y servidumbre. La separaci\u00f3n forzada de los productores respecto de la tierra y su conversi\u00f3n en fuerza de trabajo cautiva constituy\u00f3 el fundamento real del dominio de un sector espec\u00edfico de la burgues\u00eda, la llamada Casta Divina, que concentraba la tierra, los medios de producci\u00f3n y el Poder pol\u00edtico.<\/p>\n<p>La restituci\u00f3n de la tierra comunal, la recuperaci\u00f3n de la milpa y la autosuficiencia alimentaria no representaron un retorno rom\u00e1ntico al pasado como algunos te\u00f3ricos posmodernos insisten hoy en d\u00eda. En Yucat\u00e1n, la liberaci\u00f3n del trabajo no pod\u00eda darse por la v\u00eda de un mercado laboral libre, inexistente en la pr\u00e1ctica, sino mediante la destrucci\u00f3n material de la relaci\u00f3n que hac\u00eda del trabajador una mercanc\u00eda atada a la hacienda. La base del Poder socialista fue, por tanto, la desarticulaci\u00f3n del r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n agrario industrial. El proceso revolucionario transform\u00f3 al obrero cautivo de la hacienda en trabajador libre organizado colectivamente.<\/p>\n<p>El Poder no se concentr\u00f3 inicialmente en el gobierno ni en el aparato estatal. Sus \u00f3rganos primarios fueron las Ligas de Resistencia Socialista. En ellas se decid\u00eda, se organizaba, se educaba y se ejerc\u00eda control social. Su capilaridad permiti\u00f3 que el Poder se desplegara en pueblos, haciendas, caser\u00edos y ciudades, penetrando all\u00ed donde el Estado liberal burgu\u00e9s no hab\u00eda sido m\u00e1s que una sombra lejana o una fuerza represiva.<\/p>\n<p>El ejercicio del Poder fue directo y permanente. La democracia dej\u00f3 de ser un ritual electoral epis\u00f3dico para convertirse en una pr\u00e1ctica cotidiana. Las decisiones fundamentales se tomaban colectivamente y el Poder se ejerc\u00eda en la vida diaria, en la organizaci\u00f3n del trabajo, en la distribuci\u00f3n de la tierra, en la educaci\u00f3n y en la cultura. No exist\u00eda una separaci\u00f3n tajante entre lo pol\u00edtico y lo social, porque ambos se fund\u00edan en la pr\u00e1ctica concreta de la organizaci\u00f3n popular.<\/p>\n<p>El Partido Socialista del Sureste actu\u00f3 como instancia de articulaci\u00f3n pol\u00edtica de este poder. Fue su gu\u00eda y su vanguardia organizada. Fiel a sus definiciones program\u00e1ticas, depur\u00f3 sus filas expulsando a quienes conceb\u00edan al partido como un instrumento para fines personales, as\u00ed como a aquellos que, bajo un discurso revolucionario, subordinaban a la clase trabajadora del campo y la ciudad a proyectos de conciliaci\u00f3n con la burgues\u00eda, tal como hab\u00eda ocurrido en la etapa reformista encabezada por Salvador Alvarado, quien fue expulsado con otros traidores en el Segundo Congreso Obrero de Izamal.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con el Estado burgu\u00e9s fue necesariamente contradictoria. Uno de los l\u00edmites estrat\u00e9gicos del Partido Socialista del Sureste fue mantener, de una u otra forma, su v\u00ednculo con el Estado burgu\u00e9s mexicano, el cual no fue destruido. Aunque en la Pen\u00ednsula dicho Estado fue desplazado como centro exclusivo del Poder y desbordado por la organizaci\u00f3n popular, continu\u00f3 ejerciendo directrices fundamentales, especialmente en el terreno militar. Se configur\u00f3 as\u00ed una situaci\u00f3n de doble poder de hecho, en la que el gobierno socialista funcion\u00f3 como expresi\u00f3n institucional de un poder construido desde la clase trabajadora, sin haber resuelto definitivamente la contradicci\u00f3n con el aparato estatal burgu\u00e9s a escala nacional.<\/p>\n<p>Y como nos demuestra la historia, todo poder conquistado engendra inevitablemente su propia reacci\u00f3n. La clase dominante yucateca respondi\u00f3 no con debate pol\u00edtico ni con el pacifismo que la burgues\u00eda suele exigirnos, sino con violencia abierta, sabotaje econ\u00f3mico y conspiraci\u00f3n armada, articul\u00e1ndose con sectores de la burgues\u00eda nacional y con intereses imperialistas afectados por la pol\u00edtica del gobierno socialista.<\/p>\n<p>Ante esta ofensiva, el carrillismo impuls\u00f3 intentos de organizaci\u00f3n de una defensa armada popular mediante los llamados Batallones Rojos, concebidos como fuerza de resguardo del Poder conquistado por las Ligas de Resistencia Socialista. No obstante, estas iniciativas carecieron de control efectivo sobre los medios militares estrat\u00e9gicos, del armamento suficiente y de una direcci\u00f3n unificada capaz de enfrentar a un aparato castrense profesional.<\/p>\n<p>La debilidad no fue exclusivamente local. El movimiento depend\u00eda, en \u00faltima instancia, de un Estado central burgu\u00e9s que nunca dej\u00f3 de ser tal y que, llegado el momento decisivo, opt\u00f3 por abandonar al gobierno socialista de Yucat\u00e1n. El golpe de Estado delahuertista de 1923 funcion\u00f3 como catalizador de esta contradicci\u00f3n no resuelta, dejando al movimiento aislado frente a fuerzas superiores.<\/p>\n<p>En este punto se manifest\u00f3 con crudeza el l\u00edmite hist\u00f3rico del proceso. El Poder popular no logr\u00f3 resolver plenamente su contradicci\u00f3n con el Estado burgu\u00e9s nacional ni construir una fuerza armada propia capaz de sostener la revoluci\u00f3n frente a la violencia organizada de clase. Tras el golpe de Estado delahuertista, ni las Ligas de Resistencia Socialista ni el Partido Socialista del Sureste estuvieron en condiciones materiales de defender el Poder de la clase trabajadora.<\/p>\n<p>Aunque ambas organizaciones continuaron existiendo, e incluso ejerciendo el gobierno en a\u00f1os posteriores, los fines comunistas planteados en el Segundo Congreso Obrero de Izamal fueron progresivamente abandonados. Cuando, en la d\u00e9cada de los treinta, se intent\u00f3 recuperarlos, el Estado burgu\u00e9s mexicano respondi\u00f3 con el asesinato pol\u00edtico de Rogelio Chal\u00e9, presidente del PSS, confirmando que la violencia es el \u00faltimo argumento del Poder de clase.<\/p>\n<p>La experiencia del gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto en Yucat\u00e1n demuestra, con una claridad que s\u00f3lo otorgan los procesos hist\u00f3ricos vividos hasta sus \u00faltimas consecuencias, que el Poder de la clase trabajadora no surge de la legalidad estatal ni se agota en la ocupaci\u00f3n de cargos de gobierno. Su fuerza reside en la transformaci\u00f3n material de las relaciones sociales, en la organizaci\u00f3n colectiva de la producci\u00f3n. En Yucat\u00e1n, este poder tom\u00f3 forma concreta en las Ligas de Resistencia Socialista, \u00f3rganos vivos de gobierno proletario que, por un breve periodo, desplazaron al Estado burgu\u00e9s como centro efectivo del Poder en amplias zonas de la Pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>Sin embargo, la misma experiencia confirma otra tesis fundamental del materialismo hist\u00f3rico: ning\u00fan poder aut\u00f3nomo puede sostenerse indefinidamente si no resuelve la contradicci\u00f3n con el Estado burgu\u00e9s en su conjunto. El gobierno socialista yucateco avanz\u00f3 en la construcci\u00f3n del socialismo, pero qued\u00f3 atrapado en una relaci\u00f3n ambigua con el Estado nacional, del cual depend\u00eda en \u00faltima instancia para la coerci\u00f3n armada. Cuando la lucha de clases alcanz\u00f3 su punto cr\u00edtico, la traici\u00f3n pol\u00edtica y la violencia abierta sellaron el destino del proceso.<\/p>\n<p>La derrota del carrillismo no fue resultado solamente de una asimetr\u00eda militar. El titubeo pol\u00edtico tambi\u00e9n influy\u00f3 de forma directa, pues, aunque se encaminaba hacia una madurez pol\u00edtica, el PSS mantuvo cuadros oportunistas, quienes desde el Segundo Congreso Obrero de Izamal ya se hab\u00edan manifestado en contra de la participaci\u00f3n directa del Partido en la Internacional Comunista.<\/p>\n<p>Hoy, cuando nuevas luchas vuelven a plantear la relaci\u00f3n entre el Estado, el pueblo y su emancipaci\u00f3n, la experiencia del bienio socialista en Yucat\u00e1n no debe ser le\u00edda como una curiosidad regional ni como un ensayo fallido, sino como una lecci\u00f3n hist\u00f3rica de primer orden. Ense\u00f1a que el Poder popular puede construirse, que puede gobernar y transformar la realidad, pero tambi\u00e9n que la revoluci\u00f3n no admite zonas grises en su relaci\u00f3n con el Estado burgu\u00e9s, y que la llamada autonom\u00eda por s\u00ed misma no conduce a la emancipaci\u00f3n de la clase trabajadora, sino que para esto es necesario derrotar por completo y en todos los frentes a la burgues\u00eda. All\u00ed donde esa contradicci\u00f3n no se resuelve, la historia, implacable, vuelve a pasar factura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Comit\u00e9 Regional del PCM en la Pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n La historia, cuando se la despoja de los velos morales y de las celebraciones p\u00f3stumas que buscan neutralizar su contenido ideol\u00f3gico, se revela como el escenario en el que las clases sociales ensayan una y<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":8036,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rop_custom_images_group":[],"rop_custom_messages_group":[],"rop_publish_now":"initial","rop_publish_now_accounts":[],"rop_publish_now_history":[],"rop_publish_now_status":"pending","_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[5,11,16],"tags":[],"class_list":["post-8035","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-elmachete","category-lucha-de-clases","category-politica-1"],"wppr_data":{"cwp_meta_box_check":"No"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8035","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8035"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8035\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8037,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8035\/revisions\/8037"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8036"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8035"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8035"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elmachete.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8035"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}