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John Womack: Sobre “El marxismo y los intelectuales en México”

Querido camarada Piña Arce,

Por fin puedo escribirle sobre su pequeño libro “El marxismo y los intelectuales en México.”

Me parece excelente, el mejor ensayo que yo haya leído sobre aquella generación, la que puso fin al PCM y se dedicó, parece eternamente, a las ilusiones burguesas de la socialdemocracia.

Por curiosidad había yo leído páginas de “Regreso a la jaula,” para ver que fuera precisamente que traía Bartra, después del fracaso total de su “coalición,” contra AMLO y Morena. Esperaba yo todo menos descubrir que Bartra ya se confesaba devoto de la democracia burguesa, pura y sencilla. Creo que tiene razón en sus criticas de AMLO, en el sentido de que este personaje es una versión rancia del priismo de hace 50 años, “arriba y adelante,” un Muñoz Ledo redivivo, pero ya peor, por sus políticas de hecho neoliberales. Sin embargo, el pensar que la respuesta será “la democracia,” la “sociedad civil,” o sea “sociedad burguesa,” o sea “de gente decente,” sin referencia alguna a la lucha de clases, es no menos rancio.

Yo conozco personalmente a algunos de aquella generación de intelectuales mexicanos, a Castaneda, a Semo, a Aguilar Camín, a Krause. Eran amigos que conocí por primera vez en los años 60 y 70. Aunque hace tiempo que no los veo, todavía personalmente los considero amigos. Pero hay amigos que son camaradas y amigos que no lo son. Hace mucho tiempo que estos abandonaron las causas de la izquierda que en aquel pasado profesaban (excepto Krause, cuya causa desde un principio era si mismo). Siempre me preguntaba entonces, ¿si Castaneda y Semo son tan izquierdistas? ¿dónde está su enlace con el movimiento obrero, su compromiso concreto con ello? Los dos habían conocido a los grandes comunistas de antaño. Pero ¿qué hacían ellos mismos que fuera comunista? Castaneda, con una preparación fantástica, era escritor brillante; Semo, muy buen historiador de la lucha de clases en México. Pero, ¿dónde iba yo a encontrar su presencia en la lucha de clases actual, quiero decir, entre obreros comunistas, a su lado? Por mucho que la buscara, jamás la encontré. Llegue a la conclusión de que no existía.

Así que no me sorprendieron sus carreras después de 1981. Parece que, como suele suceder con muchos intelectuales, buscaban más que nada su renombre público, o sea una colocación privilegiada ante el público burgués, ilusionados por la idea (falsa) de que allí tengan gran influencia sobre este público, a fin de persuadirlo que acepte unas reformas decentes. Así, en la lucha de clases, son de hecho simplemente animadores de la burguesía, invitados interesantes a la mesa burguesa, que no van a cambiar nada de las estructuras capitalistas de explotación.

Creo que el balance político y cultural que Ud. les hace en este librito es perfectamente justo. Pueden ser amigos, pero tristemente en cuestiones políticas de clase son casos perdidos, ya hace mucho tiempo absolutamente inútiles en la lucha de clases, opuestos al movimiento marxista-leninista.

Le felicito por este folleto, obra de clarificación, esencial para la lucha.

Abrazo revolucionario,

John Womack  

P.S. Siempre, desde que hace años yo adquirí la edición de las obras de Gramsci en italiano, y lei sus apuntes de los años 1920 y 30, me choca que los que lo citan con tanta frecuencia sobre “hegemonía cultural” y “sociedad civil,” no reconocen que en las luchas entonces

¡Gramsci era estalinista!

10 de febrero 2022

 

 

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