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No hay paz en las universidades

Comité Regional del Valle de México del FJC

 La estrategia del gobierno de las mesas de construcción de paz y seguridad, demuestran su fracaso en los hechos recientes en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, y en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (UNAM) en el Estado de México. La desaparición y posterior localización sin vida de las estudiantes Kimberly Ramos y Karol Toledo así como el asesinato del estudiante Joel Cristóbal en Cuautitlán Izcalli por un presunto asalto, levantaron fuertes movilizaciones en exigencia de justicia, las autoridades universitarias, municipales y estatales demostraron que su coordinación es para contener el descontento, que su paz es la que busca callar la protesta, y que sus soluciones son promesas que no cumplen y acuerdos que no respetan.

Los estudiantes han tenido que aprender en medio de su indignación, que no se puede confiar en autoridades omisas, que tienen que organizarse, movilizarse y luchar y que todo lo que puedan lograr será por sus propias fuerzas. El problema no es nuevo, la inseguridad en los campus, la violencia en este país son un tema de décadas que sigue presente en el “gobierno del cambio” en la experiencia en la FES Cuautitlán, cuando los estudiantes deciden cerrar la autopista México – Querétaro y logran una mesa de trabajo a la que acude el presidente municipal, entre otras instancias de gobierno, la insistencia fue clara: hechos no promesas, acciones, no palabras.

Acostumbrados a la foto y a la gestión del conflicto, el interés de los funcionarios que no funcionan es el de desmovilizar, el de apaciguar la indignación, el de reprimir, el de imponer la paz con la fuerza y el miedo en un país militarizado donde desaparecen y asesinan estudiantes con total impunidad.

En lugar de resolver y atender las demandas, le apuestan al desgaste, el movimientismo juega en contra del estudiantado, y más cuando hay organizaciones como la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos que cumple la tarea de confrontar a los estudiantes que comienzan a organizarse, contraste en la FES Cuautitlán, donde la permanencia de la organización estudiantil democrática, independiente, representativa y democrática permite que la fuerza que se manifiesta no sea espontánea, que las asambleas no sean improvisadas, que la lucha no sea una llamarada que se extingue al acabarse el combustible de la indignación que regresa a los estudiantes a una normalidad obligada y una sensación de derrota si no se logran las demandas.

La organización permanente obliga a un seguimiento y a que los acuerdos se concreten, la experiencia acumulada, que se sistematiza y se aprende de ella, lleva a ser audaces en las medidas a tomar, por ello, mientras se negocia se tienen las avenidas bloqueadas, no se cree ya en discursos vacíos, la movilización es sostenida, planificada, consensuada en asamblea y ejecutada en unidad, se sabe cuándo avanzar y cuando replegarse, que es realista ganar y que no es posible en este momento.

Se despliegan las demandas en su contenido político, se hace el esfuerzo por explicar que el problema no es un hecho aislado, sino producto de un sistema económico que busca la “paz” para hacer negocios, contra la paz que solo se logra cuando se garantizan las condiciones materiales para una vida digna,  se vincula con la población aledaña, víctima también de la inseguridad, se busca entablar comunicación con otras organizaciones llamando a la solidaridad, es decir, no se improvisa, y cuando no se pierde la experiencia producto de la organización permanente, ya se está preparado para la siguiente batalla.

El papel del Consejo de Representantes como herramienta de lucha en manos del estudiantado de la FES Cuautitlán, demuestra un camino a seguir para los estudiantes, una expresión concreta de la consigna de organizar, movilizar y luchar. En medio de una política demagógica que no resuelve los problemas por los que se han movilizado los estudiantes en los últimos años, se debe insistir en la organización del estudiantado como una fuerza que desenmascare el carácter antipopular de este gobierno.

 

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