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Merit Medical en Tijuana: la jaula de oro se oxida

Merit Medical en Tijuana: la jaula de oro se oxida

Explotación, recortes y la urgencia de organizarnos.

Por un trabajador de la manufactura médica

 

Tijuana, Otay. Merit Medical se vende como la joya de la corona de la industria maquiladora local. Al entrar, todo parece diseñado para seducir al trabajador: instalaciones impecables; baños sin cestos de basura, “estilo americano”; oficinas alfombradas; wifi; estaciones de café y pan, hasta un avocado toast decente en el comedor. Nos prometieron un trabajo diferente, uno que por fin equilibraría nuestra vida laboral y personal. Prometieron eventos familiares, posadas, premios. La belleza y las promesas atrapan al instante.

Pero detrás de esa fachada reluciente se esconden las mismas cadenas invisibles de siempre, forjadas para llenar los bolsillos y las cuentas de los inversionistas.

 

La trampa del “crecimiento”

La empresa tiene dos naves grandes y modernas. Poco a poco se han ido llenando de más trabajadores y más líneas de producción, transferidas desde Estados Unidos. ¿La razón? Aquí la mano de obra es muchísimo más barata. No nos traen por caridad, nos traen porque somos plusvalía pura para sus bolsillos.

Las metas de producción son brutales. Para alcanzar los volúmenes de demanda se nos exige quedarnos tiempo extra constantemente. Esto aplica también al personal administrativo, esos profesionistas que llegan primero y se van al final, sacrificando a sus familias. Cuando se les pregunta, responden con frases ensayadas: “es que amo mi trabajo”, “es que me espero a que no haya tráfico”, “es que tenemos que lograr ese bono”.

Ese bono anual, que calma el hambre por unas semanas, es una miseria comparada con los millones de dólares que generamos con nuestra fuerza de trabajo para los burgueses inversionistas. Y aún mayor cinismo: en la semana previa al depósito del bono hay recortes de personal a diestra y siniestra. Lo hacen para “amortiguar” el gasto del bono que reparten. No lo dicen abiertamente, pero todos lo sabemos y lo callamos. Normalizamos que por unos “cuantos pesos” nos arrebaten la seguridad o estabilidad laboral. Nos lavan el cerebro con cursos de pertenencia para sentirnos “familia”, pero la empresa siempre decide sobre nosotros por conveniencia, nunca para nuestro beneficio.

Metas que atentan contra la calidad de vida y bloqueo a las 40 horas

El año pasado, la meta era clara: entregar más millones de dólares a los capitalistas. En las juntas los gerentes celebran con aplausos y sonrisas. La ambición de la empresa se traduce en “crecimiento”, pero en la realidad significa mayor explotación y más recortes. Ellos mismos son chivos expiatorios: o explotan a su personal o son sus cabezas.

Primero quitaron las opciones saludables del comedor. Después el enjuague bucal de los baños. Luego los dispensadores de agua de las oficinas. A mí nunca me tocó ver una posada, un paseo de verano o un evento familiar. Todo eso ya lo eliminaron para no gastar.

En la última junta, al tocar el tema de la reforma de las 40 horas, la respuesta fue reveladora: “¿Cómo vamos a compensar ese tiempo? Ustedes quieren menos tiempo en la oficina, pero no estamos listos para este cambio. Tenemos que trabajar con los inversionistas para llegar a un acuerdo y que NO AFECTE SUS INTERESES.”

Ahí está la verdad sin maquillaje. Ellos no nos quieren en casa con nuestra familia. Nos quieren como esclavos de oficina o de piso, 12 horas al día, por un salario que apenas alcanza para pagar un café por delivery. Ellos facturan millones al año, nosotros llegamos con deudas y préstamos a fin de mes. Si enfermamos o tenemos una emergencia, nos desechan y nos reemplazan porque afectamos sus métricas.

La solución es organizarnos.

Una empresa bonita no es suficiente para tener una vida digna. La solución no está en agradecer las migajas ni en esperar la buena voluntad del patrón. Está en organizarnos donde estamos.

Habla con el compañero de al lado. Comenta cuando algo parezca injusto. Romper el “status quo” de la oficina, donde todos fingen que esto es normal. Deja de repetir que el comunismo es para “holgazanes mantenidos” o que este es “el trabajo soñado” mientras tu salud se desmorona por la presión de los directivos.

Pregúntate: ¿Es necesario sacrificar mi tiempo de familia, mis fines de semana, mi descanso, mi salud mental, para enriquecer más a los que ya lo tienen todo? ¿Necesito pagar terapias para aprender a decir “no” y salir a las 5:00 pm? Varios de mis colegas asistieron o asisten a terapia, ¿La razón? El trabajo les ha consumido su salud mental y su bienestar más allá de lo que podían dar.

Ningún patrón nos regala nada. Todo lo poco que tenemos son beneficios arrancados gracias la lucha de las y los trabajadores. La reforma de las 40 horas no caerá del cielo, por ejemplo. Se conquistará en las calles, en las asambleas y en la organización obrera.

 

¡Por la reducción de la jornada laboral!

¡Por un salario digno y condiciones de trabajo justas!

¡Organicémonos en Merit Medical y en toda la industria maquiladora!

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