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La travesía de la trabajadora migrante

Imagen tomada de internet

 

 

Por: Abdel García

 

En nuestros tiempos, para los migrantes del continente americano, México ya no es solamente un país de emigrantes, sino una de las principales rutas de tránsito hacia los EE. UU y hasta un destino, y sumado el enorme desplazamiento de migrantes internos, toma suma importancia comprender los elementos de la crisis migrante que se agudiza cada día. Es necesario entender las condiciones de la población migrante mientras atraviesa nuestro país en situaciones vulnerables, en particular las circunstancias comunes que viven las mujeres mayoritariamente obreras o provenientes de los estratos populares. Nada más entre enero y marzo del 2022 han llegado 8, 989, 647 personas (nacionales y extranjeras), es decir, un aumento del 148.7%, indica el documento “Estadísticas Migratorias Síntesis 2022” de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas (UPMRIP). Con eso se puede apreciar la tendencia migratoria observada en los últimos años y en meses recientes.

Vital discernir la composición demográfica por genero de los desplazamientos más notables en años recientes. El 22.8% de migrantes originarios de Centroamérica son mujeres; históricamente alrededor de 51 .7% de migrantes internos han sido mujeres; y aproximadamente 46% de migrantes mexicanos en los Estados Unidos son mujeres en base a datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO). Todo ello comparado con datos de la Organización Internacional de la Migración (OIM) que estiman la mitad de todos los migrantes y refugiados son mujeres.

Son el desempleo, la inseguridad, la precariedad, el despojo en el campo y las periferias urbanas que empujan a las mujeres a buscar mejores condiciones de vida para ellas y sus familias. Desafortunadamente encuentran lo mismo en sus caminos y hasta en sus destinos. En su amplia mayoría, son mujeres trabajadoras que son forzadas a cursar las travesías más peligrosas. Ellas, y en varios casos sus hijos, se exponen a condiciones naturales adversas, con 10.9% sufriendo situaciones de frío o calor extremo y 15.7% llega a tener carencia de alimentos o agua. A pesar de parecer cifras pequeñas, implican que miles sobre miles de mujeres padecen estas circunstancias. Icónicas se han hecho las imágenes de campamentos masivos a lo largo de cruces internacionales, a las orillas del Río Bravo/Grande o los albergues, todos carentes para hacer frente a las temperaturas extremas del norte. Y dependiendo de trabajos precarios o de la generosidad de las poblaciones locales para sustentarse, no hay duda de que la hambruna es una realidad para muchas. En fin, pasando hasta meses de calor, frío y hambre con la esperanza de mejores futuros en una tierra prometida.

Padecen una vulnerabilidad ante el crimen organizado y violencia por parte del Estado. Tolerando robos, asaltos, agresiones sexuales (31.4% de mujeres que transitan por México lo han sufrido), la posibilidad de ser llevadas a la explotación sexual y masacres como las acontecidas en la frontera de Tamaulipas. Por otro lado, 66.5% de las mujeres migrantes que han sufrido algún tipo de violencia dicen haber acontecido algún incidente por parte de una instancia del gobierno.  Actos persistentes aún bajo la gobernanza de MORENA y evidente por incidentes en las fronteras con la Guardia Nacional y en lugares como Cd. Juárez, con el desalojo forzado y violento de migrantes venezolanos de las orillas del Río Bravo. Ejemplos claros de cómo el gobierno socialdemócrata de AMLO ha ido contra loa derechos de los migrantes ha sido la avanzada de una política común con los EE. UU. y Canadá para violentar y controlar el flujo de una reserva masiva de mano de obra. Sin mencionar las condiciones infrahumanas en que las autoridades estadounidenses mantendrán a estas mujeres y sus hijos mientras esperan el asilo o la deportación. Es importante tomar en cuenta que estos datos pueden subestimar las proporciones en que son violentadas las mujeres por una resistencia general de revelar las experiencias que han vivido.

Miles sobre miles de mujeres cada año se arriesgan a sufrir un sinfín de sucesos para alcanzar los Estados Unidos o simplemente permanecer en México. A pesar de percibir una mejora en sus ingresos y sus condiciones materiales a comparación de sus lugares de origen, al final no pueden escapar de su condición de clase, persisten en la explotación capitalista. Aunque puedan conseguir empleo soportarán mayor discriminación, en México y Estados Unidos, tenderán a ocupar los trabajos más precarios y percibirán salarios casi a la mitad de lo que perciben mujeres nativas. En México, el 70% de las mujeres migrantes extranjeras trabajan en el sector doméstico, un sector carente de muchos derechos laborales. En EE. UU., 41.3% entran a trabajos de servicios, donde un porcentaje significativo realiza empleo doméstico; 20.2% entran en ventas y de apoyo administrativo, y 19.9% se vuelven obreras especializadas. En los EE. UU. al igual que México se enfrentarán a condiciones carentes y precarias en gran medida por estar en calidad de inmigrantes.

¿Cuál es el elemento común ntre los factores que incentivan la migración, los atropellos que se les inflige a las mujeres y la calidad de trabajo que les espera en sus lugares de destino?

En si es fundamentalmente el Capital en su forma más depredadora, el imperialismo. Es el imperialismo que condiciona el movimiento de estas grandes masas; que regula la redistribución del factor principal de la vida económica mundial, el trabajo; que crea la inmensa reserva de mano de obra emanada de las clases y estratos pauperizados; y que configura los intereses de los monopolios para crear las grandes alianzas represivas. Son las leyes y dinámicas de la cadena imperialista que rige la distribución del trabajo hacia ramas específicas. Es orgánico al sistema que las mujeres sean empujadas a la gran producción industrial de las maquilas, hacia el trabajo doméstico, la limpieza, otros servicios y forzadas al trabajo sexual, limitando su desenvolvimiento laboral, intelectual y cultural. Sea donde vayan las mujeres trabajadoras, se enfrentan a la persistente explotación y la igualación de los niveles de salarios. La emancipación se vuelve un lujo para las migrantes proletarizadas, incapaces de escapar y limitadas por la imperante opresión del Capital. La mujer migrante es violentada y vulnerada por la dominación imperialista, sea cual sea la nacionalidad de la burguesía monopolista que lo ejecute.

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