PILARES: precarización laboral como política de Estado
Entrevista por El Machete
A siete años de su implementación en la gestión de Claudia Sheinbaum, el programa Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes, PILARES, es presentado por el Gobierno de la Ciudad de México como uno de los emblemas de su política social y educativa dirigida a las comunidades populares. Sin embargo, detrás de este discurso se mantiene una realidad marcada por la precarización laboral de quienes sostienen el proyecto: docentes, talleristas y promotores que, pese a cumplir con sus labores y mantener a flote las actividades con sus propios recursos, continúan siendo contratados bajo la figura de “beneficiarios facilitadores”, sin reconocimiento pleno de derechos laborales.
Wendolyn Acosta es docente de Ciberescuela en el programa PILARES y forma parte de las y los trabajadores que, desde hace años, sostienen la educación comunitaria en barrios y colonias populares de la Ciudad de México. En esta entrevista para El Machete, Wendolyn habla desde la experiencia directa y desde la organización colectiva impulsada por la Asamblea General de Trabajadoras y Trabajadores de PILARES. Su testimonio pone sobre la mesa las contradicciones de un gobierno que se asume de izquierda, pero que reproduce esquemas de precarización laboral, negación de derechos y control institucional.

- Desde su experiencia directa en PILARES, ¿cómo describiría el papel que ha jugado el Gobierno de la Ciudad de México en la definición y sostenimiento de las condiciones laborales bajo las que opera el programa?
Yo las definiría nulas o inexistentes, porque en realidad no tenemos condiciones laborales, sin embargo, hacemos todo lo que un trabajador con obligaciones tiene: hora de entrada y salida, pago, coordinador o coordinadores que dan indicaciones o a quienes hay que avisar si llegas tarde, si vas al doctor, etcétera. Entonces, pienso que el sostenimiento de condiciones laborales dentro del programa o subsistema educativo de PILARES no dignifica ninguna condición laboral bajo el argumento de que “no somos trabajadores”, pero la mayoría de nosotras y nosotros sí nos reconocemos como tal.
- En la práctica cotidiana, ¿qué consecuencias ha tenido que el gobierno mantenga la figura de “beneficiarios facilitadores” para personas que realizan trabajo educativo y comunitario de manera permanente?
Van desde no contar con seguro médico, hasta la incertidumbre de no saber si vamos a continuar trabajando en PILARES, pues muchas veces las bajas se toman bajo criterios poco claros. Por ejemplo, no sabemos quiénes y bajo qué criterios nos evalúan para la selección que año con año se realiza; no contamos con aguinaldo, si nos dan de baja o ya no quedamos en el programa, tampoco hay un pago extra, ni siquiera referencias laborales por si deseas seguir tu camino profesional.
- A siete años de operación de PILARES, ¿puede hablarse de una transformación social cuando el propio gobierno reproduce esquemas de pauperización que históricamente han sido cuestionados por la izquierda?
Muchos que pertenecemos a la Asamblea General de PILARES estamos de acuerdo en que es un buen programa social que lleva a la comunidad el acceso a derechos que antes no podían o no eran exclusivos.
Como docente, he visto a muchos estudiantes terminar sus estudios, tomar un camino diferente, les hemos acompañado para que se formen en el aspecto académico; he visto como muchos compañeros y compañeras son entregadas a esta labor comunitaria, que, a pesar de la precarización, poco o nulo presupuesto para las actividades, poco o nulas capacitaciones, sacamos la chamba. Laboramos más horas de las que nos mencionan, pero sé que muchas veces lo hacemos por amor a la comunidad, por esa vocación de enseñar e ir aprendiendo. Pero no podemos hablar de una verdadera transformación social cuando a las y los trabajadores que estamos en PILARES no se nos dignifica en el ámbito laboral.
Nosotras no estamos en contra de PILARES, queremos que mejore, que se construya en conjunto con nuestra comunidad. Entonces, desde el aspecto de lo laboral, yo pienso que no existe esa transformación si romantizan nuestra labor y no la dignifican.
- Durante el mitin del 15 de diciembre, la Asamblea exigió continuidad y reconocimiento laboral frente a autoridades que aseguran estar abiertas al diálogo. ¿Cuál es su balance de la mesa de discusión: hubo respuestas de fondo al pliego petitorio de las y los trabajadores?
Las únicas respuestas que nos dieron fue la de la posibilidad de la credencialización, es decir, una identificación como figuras educativas y también la del acceso al sistema de transporte de la Ciudad de México de forma gratuita, pues la mayoría de nosotras y nosotros usamos esos medios para transportarnos a nuestros PILARES, o a los eventos que se realizan fuera de ellos; también mencionaron la cuestión de capacitación como algo viable el próximo año.
- Se ha denunciado temor a represalias, exclusión de la continuidad y tratos violentos por parte de coordinaciones y autoridades. ¿Qué tan extendidas están estas prácticas y qué mensaje envía el gobierno capitalino al permitir este tipo de abusos dentro de un programa social?
Las autoridades nos han repetido en diversas ocasiones que somos libres de expresarnos, pero muchas veces los coordinadores de área, región, o de los PILARES hacen uso del temor, incluso llegan a amenazar a las y los compañeros. Y aunque Javier Hidalgo (quien es el Coordinador General del Subsistema de Educación Comunitaria de PILARES) y las autoridades han dicho que no hay represalias, sabemos que en muchas sedes siguen con amedrentando bajo el discurso de “no seguir en el programa si dicen algo”. De esa forma se sigue metiendo temor a las y los compañeros; los tratos violentos también existen, entendiendo que la violencia no solo es física, sino psicológica, entonces, al no haber una capacitación o educación para los servidores públicos hacia el trato con nosotros y la comunidad, al continuar con “amiguismos” y nepotismo, seguirán existiendo esos tratos. Está en nosotras las y los trabajadores, en la lucha colectiva, no dejar que estas situaciones de hostigamiento sigan pasando. El mensaje que envía el gobierno, no solo con PILARES, sino con muchas otras instancias u otros programas sociales, es que no cuentan con una cultura en la que los servidores públicos puedan hacer eso, servir a la sociedad y dejar de abusar del poder.
- Más allá del reconocimiento laboral, ¿qué está en juego para las comunidades si este modelo de operación y contratación en PILARES se mantiene sin cambios estructurales?
Las comunidades son las que están en juego. PILARES se ha vuelto un espacio en el que se involucra a las comunidades en eventos, en lo educativo, en emprendimiento, lo deportivo. Soy de la idea de que la educación, el pensamiento crítico, la empatía y el trabajo colaborativo puede tener un impacto positivo en el país, y eso va de la mano con que el gobierno se involucre de esta forma, dignificar los derechos. Si bien el cambio puede ser desde lo colectivo, no hay que olvidar que lo estructural también influye, y en esa estructura es en donde se encuentra el gobierno de la Ciudad de México.
