Adolfo Mexiac y su tiempo: Un docente consciente.

Por: Melina Isabel Olguin.
El domingo 8 de febrero del año en curso, el Frente de la Juventud Comunista (FJC) visitó la exposición “Adolfo Mexiac y su Tiempo” ubicada en el Museo del Estanquillo (Isabel La Católica 26, Centro Histórico de la Cdad. de México). Una muestra llena de carteles, estampas, lucha e historia nacional.
Iniciamos el recorrido visitando el número 70 de la calle de Donceles en el Centro Histórico de la capital del país para conocer una de las primeras sedes de la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LEAR) y así entender un poco del contexto del que viene Mexiac, su obra, activismo y labor docente.
La LEAR y fundación del TGP.
Recordemos que la LEAR (1934-1938) fue un grupo lleno de escritores, artistas plásticos, pedagogos y personas dedicadas a las ciencias aplicadas, entre muchas otras disciplinas. Formando así un frente sumamente amplio, principalmente por militantes del Partido Comunista de México (PCM) y simpatizantes de Vicente Lombardo Toledano –quien años después fundaría el Partido Popular Socialista (PPS)–, todos con el mismo propósito: la producción artística, difundir y compartir ideas y saberes; todo ello libre de censura política, ideas fascistas, nazis e imperialistas. Esto a través de conferencias, carteles, La Hoja Popular, obras de teatro y, el más notable de entre todos ellos, la revista Frente a Frente.
Entre los miembros más destacados podemos encontrar a María Izquierdo, Leopoldo Méndez, Lola y Manuel Álvarez Bravos, Rufino Tamayo, Isabel Villaseñor, Luis Arenal, Lola Cueto y Silvestre Revueltas.
Pero la liga no vería la luz por mucho tiempo, pues su desintegración se da entre 1938 y 1939. Algunos dicen que la principal razón fue el oportunismo y la forma indiscriminada de recepción de miembros, las diferencias políticas y otros que fueron las diferencias personales.
Para 1937, Leopoldo Méndez junto con Luis Arenal y Pablo O´Higgins ya habían fundado el Taller de Gráfica Popular (TGP) –que en un inicio llamarían ´´Taller Editorial de Gráfica Popular´´– con demás compañeros de la sección de Artes Plásticas en la LEAR; manteniendo los mismos intereses, pero esta vez con un poco más de cautela.
Ya teniendo un poco más de contexto sobre la fundación de la LEAR y el TGP, partimos a Museo del Estanquillo, donde nos recibió la primera sala con obra de Adolfo Mexiac, Leopoldo Méndez, Alberto Beltrán y Mariana Yampolsky (destacados miembros del TGP).
Adolfo Mexiac ingresa al TGP en 1950 a la edad de 23 años por invitación de Ignacio Aguirre y Pablo O´Higgins uniéndose así a la tercera generación del grupo; círculo donde terminó de formalizar la vocación de grabador y establecería una relación bastante fraternal con Leopoldo Méndez (como padre e hijo).
Adolfo Mexiac y su tiempo: Exposición.
A primer ojo encontramos una de las piezas fundamentales para entender y reconocer a Mexiac: Libertad de Expresión (1954). Pieza elaborada como manifestación hacia el despido del entonces director de Bellas Artes —el mismo que permite se ponga la bandera comunista sobre el féretro de la camarada Frida Kahlo—. Esta pieza no sólo es una de las estampas más conocidas de toda la obra de A. Mexiac, sino también una de las claves para conocer el movimiento estudiantil 1968 a través de la mirada de quienes participaron activamente en el. En ella encontramos en primer plano a un joven de sexo masculino amordazando una cadena con una expresión de angustia en sus ojos y el entrecejo ligeramente fruncido. *solicito se adjunte una foto de la estampa*
En las segunda parte encontramos carteles y portadas elaboradas para el CETEME (órgano de la Confederación de trabajadores de México (CTM), no sólo de Adolfo Mexiac sino también de José Chávez Morado –una clara muestra del compromiso que tenía el TGP con la clase obrera–; más adelante encontramos obra en relación a su trabajo con el Instituto Nacional Indigenista (INI) a la par del escritor Juan Rulfo –quien estuvo a cargo de la labor editorial del instituto hasta el último de sus días– y el camarada Alberto Beltrán; obra más personal como lo son bordados, estampas de diversas temáticas y piezas de cerámica. Para finalizar, una de las partes más memorables para quienes conocemos su labor como docente: La muestra gráfica de estampas en relación al movimiento estudiantil de 1968.
El activismo y su labor docente.
Adolfo Mexiac comienza su trabajo docente en 1958 en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) por invitación de el director saliente, Rafael Lopez Vazquez, teniendo sede en la Academia de San Carlos hasta su traslado al plantel Xochimilco –actualmente Facultad de Artes y Diseño (FAD UNAM)– en 1980, impartiendo las disciplinas de grabado en relieve y litografía; iniciando a la par de Celia Calderón y Abelardo Ávila.
Como ya he mencionado antes, Mexiac participó activamente en el movimiento de 1968 mientras cumplía con su trabajo de maestro, pero ¿cómo pudo llevar el activismo y la docencia de la mano? Mexiac no solo usó el taller de la ENAP –en conjunto con los mismos alumnos– para la elaboración de carteles y volantes, sino también prestaba el taller de su casa en San Pablo Tepetlapa, Coyoacán; lugar en el que se dedicaban a imprimir por las noches y sacar la propaganda con disimulo en bolsas de comida. Pero no era tan sencillo pues se tenía que quemar y deshacer todo rastro de evidencia después del trabajo ya que en alguna ocasión el taller fue intervenido por agentes encubiertos del gobierno autoritarista de Gustavo Díaz Ordaz (que por suerte no encontraron nada). Pero los talleres no estaban libres de peligro, al contrario: El 2 de septiembre de 1968 el taller fue tiroteado por un vehículo en movimiento y el 29 de noviembre (del mismo año) un comando ingresa a las instalaciones, destruye mayas, rodillos y vuelva tintas de los talleres de grabado y serigrafía; siendo este suceso el parteaguas para detener la producción de propaganda dentro de la academia.
¿Y el TGP? bueno… triste, pero cierto: nada, no hicieron nada. A excepción de Adolfo Mexiac y Elizabeth Catlett quien ,aunque no participó con obra gráfica, sí repartía la propaganda producida.
Ahí finalizó nuestro recorrido, donde después nos dispusimos a subir a la terraza y abordar nuestras conclusiones finales (que en realidad sólo fue una).
Conclusión(es).
Hablamos de nuestra tarea como juventud mexicana y comunista al asistir a este tipo de actividades, pues nos parece importante conocer el contexto histórico del que venimos y del cual tampoco estamos tan alejados. Necesitamos revalorar la historia, no sólo gráfica sino artística (en general) de nuestro país, pues sólo podemos ver lo mismo de siempre: la marginación de las artes. No podemos seguirnos enfocando en los mismos artistas de siempre, debemos entender que podemos ver más allá de lo que tenemos enfrente. Tenemos gráfica hasta en la sopa; en el vaso que tiene nuestra abuela con la leyenda de ´´Recuerdo de XV años de Mengana´´, en el calendario que nos regalan en la verdulería cada año, en la bolsa de carnicería que agradece nuestra preferencia y en la propaganda pegada con engrudo en las paredes después del 8M. Valoremos la riqueza plástica de nuestro país, consumamos arte local y olvidémonos del Art Week. Pensemos en el cambio y pongamos un cachito de nuestra parte pues es más que evidente la presencia de la gráfica nacional en los movimientos de izquierda.
Está en nuestro deber conocer y dar a conocer. La revalorización no es solo una cuestión de aprendizaje, sino de formación política.
