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El Manifiesto del Partido Comunista (1848); La perspectiva marxista sobre burgueses y proletario

 

Por: Pedro Ramírez

 

El Manifiesto, de Karl Marx y Friedrich Engels, es un texto extraordinario, necesario para todas y todos aquellos que están inconformes con la nociva cotidianidad y las consecuencias terribles del sistema capitalista. Este texto imperecedero tiene múltiples atributos, entre ellos: conservar su lozanía y vigencia, siendo uno en el que siempre se descubre algo valioso al leerlo.

 El propósito inicial de El Manifiesto era conformar bajo sólidos principios a una sociedad partidaria secreta para independizar y esclarecer al proletariado en su lucha permanente contra las clases sociales rivales, en particular contra la burguesía. La lucha proletaria, bajo ese punto de partida, ha sido y puede ser el único factor de progreso popular y de transformación social radical.

La noción de la lucha consciente del proletariado contra la burguesía como motor de la historia es negada permanentemente por las diversas fuentes y fuerzas políticas que retroalimentan y resguardan la dominación de la burguesía. Incluso por aquellas auto arropadas por un supuesto manto socialista y que rechazan en los hechos los elementos decisivos del marxismo revolucionario.

Tal es el caso del Partido Comunista de China (PCCh), cuyas vocerías sostienen que el principal factor contemporáneo para acceder y ampliar cuotas de bienestar social es la armonía, el compromiso y la cooperación entre opresores y oprimidos, entre burgueses y proletarios; para con ello construir una sociedad con progreso “común” y “compartido”.

Los dos grandes fundadores del socialismo científico, Marx y Engels, siempre fueron muy claros: existe un antagonismo irresoluble o irreconciliable entre la burguesía y el proletariado. Prueba de ello son las definiciones que sobre ambas clases sociales se especificaron en el Manifiesto. La burguesía es la clase de los capitalistas modernos, que son los propietarios de los medios de producción social y emplean trabajo asalariado. O bien, millonarios –jefes de verdaderos ejércitos industriales. En cuanto al proletariado, especificaron que se comprende por éste a la clase de los trabajadores asalariados modernos que, privados de [suficientes] medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir.

Ambos autores destacan a lo largo y ancho de El Manifiesto que la unidad a que se ven obligados la burguesía y el proletariado, también involucra necesariamente la lucha de contrarios entre sí para lograr por parte del proletariado alterar la vida a su favor, derrocar la dominación política y económica del capital y ensayar su propio proyecto radical, el socialismo-comunismo.

Marx y Engels sostienen que la burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Entre los motivos de tal afirmación destacan haber destruido las viejas relaciones económicas de tipo feudal, donde así correspondió; demostrar la infinita capacidad de la actividad humana para crear maravillas muy distintas a las del pasado; anidar y establecerse en todas partes, hasta conformar un sistema capitalista mundial; unir provincias aisladas e independientes bajo un solo gobierno, una sola ley y un solo interés nacional de clase, hasta conformar la nación moderna, con una población aglomerada y ciudades inmensas que surgen como tras hechizos, inconcebibles a simple vista. Todo ello, aspectos de una historia tan compleja como siniestra: la concentración de los medios de producción y de cambio, por ende de la riqueza social, en manos de unos pocos. Y la extensión de innumerables y terribles problemas sociales entre la enorme mayoría de la población.

Y no obstante todo esto, Marx y Engels nunca plantearon o ejercieron concesión alguna en favor de la burguesía. Ni en el marco de las revoluciones de que fueron testigos y protagonistas, ni respecto a la lucha contra la nobleza y las monarquías, ni ante los combates por la independencia y la soberanía nacional durante el siglo XIX, ni tampoco en la lucha permanente entre la burguesía y el proletariado. Todo lo contrario. Siempre recomendaron y ejercieron con su ejemplo la más absoluta independencia política para el proletariado y su partido revolucionario en la lucha contra la opresión y la explotación capitalistas, siempre recomendaron, ejercieron y concientizaron a favor del más resuelto y disciplinado combate contra los burgueses modernos y sus organizaciones.

La burguesía, que es como aquel mago incapaz de dominar las potencias que despierta y coloca en movimiento, desde hace décadas se ha vuelto plenamente en su reverso: una clase decisivamente reaccionaria, que destruye incesantemente a los seres humanos, la naturaleza, la vida y la riqueza en aras de perpetuar el capitalismo en interés de menos del 1% de la población.

La propia burguesía desdice día a día la antigua verdad de su papel altamente revolucionario. Lo hace, por ejemplo, preservando y ensanchando los efectos de las circunstancias perjudiciales propias de antiguos modos de producción; ha vuelto cada vez más fino y multifacético el abanico de velos que disimulan o encubren la explotación del ser humano, no sólo con el concurso de las instituciones religiosas, sino a través de universidades, ongs, museos, etc., etc.; ha creado su propio cortejo de creencias veneradas, que confunden, distraen y doman persuasiva y temporalmente al proletariado. La burguesía es sinónimo de guerra, destrucción nuclear y barbarie.

El Manifiesto, como representación y pauta científica de la organización de clase y revolucionaria del proletariado, la juventud y la mujer trabajadora, plantea que no puede haber ni aceptarse la unidad pacífica entre la clase obrera y la burguesía. La primera, para dejar de ser una mera mercancía extraordinaria, debe alcanzar consciencia de clase para dirigir el futuro a su favor.

Marx y Engels, desde el primer capítulo de El Manifiesto del Partido Comunista, siempre rechazaron todo tipo de conciliación con los capitalistas, incluso aquella que sutil se expresa en el entusiasmo y la resignación sustentados en los grandes o pequeños cambios sucedidos al amparo de la clase dominante, en el marco de su propio sistema, durante largos periodos de tiempo.

De igual forma, ambos maestros del proletariado internacional siempre alertaron al proletariado contra todo tipo de cantos de sirenas, incluidos aquellos efímeros manjares materiales, visuales o sonoros que resultan del modelo de civilización capitalista mundial y que plantean la mimetización, el aspiracionismo, la reforma y el pacto asociado a la supervivencia del burgués.

No dejemos de leer a Marx y Engels. Y procurando entenderlos cada vez más, organizados en la Juventud o el Partido Comunista, no perdamos de vista las tiernas frases del pasado lejano o reciente. Frente a los capitalistas y los monopolios, ni la más mínima ilusión, ni la más mínima confianza, pues de lo que se trata es de vencer y acabar en definitiva al sistema capitalista.

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