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Sobre la lucha de los pueblos originarios en la Ciudad de México 

Comisión de Sectores Populares-Valle de México.

A raíz de los recientes conflictos en Milpa Alta, Aragón, Las Águilas,  Xochimilco, Santa Úrsula y los que se mantienen en El Capulín, La Magdalena Atlitic, El Peñón de los Baños y muchísimas zonas más de la Ciudad de México y sus alrededores, como Partido Comunista de México en la capital, deseamos expresar nuestras perspectivas sobre el momento que vive la lucha popular en esta ciudad.

Desde hace tiempo venimos observando una tendencia creciente a la insumisión, que, aunque aún no tiene suficiente fuerza como para arrancarle concesiones al aparato estatal y al capital, se da en varios frentes como pueblos originarios, colonias populares, trabajadores, maestros, estudiantes y usuarios de servicios.

En esta ocasión, queremos centrarnos en la lucha de los pueblos originarios de la Ciudad de México, pues varias organizaciones se han formado en años recientes y nos parece que hay esfuerzos que van en la dirección correcta: un gran frente contra el capital.

Lo primero que es importante tener muy claro para los pueblos originarios es a su enemigo político: el capital. Los pueblos originarios luchan contra el capital, pero en el recuento de las armas de la lucha, el capital tiene en su poder la más determinante: el Estado. El aparato estatal es el instrumento que resuelve el conflicto político en favor del capital.

Por eso, la lucha de los pueblos originarios debe articularse en dos momentos. El primer momento es la fase de resistencia y defensa del territorio (en el que ya nos encontramos) y el segundo momento es la fase de la ofensiva y la lucha por el poder político.

Las luchas por el territorio, la autonomía y autodeterminación, así como por la defensa de los derechos colectivos, se están dando en esta primera fase, como lo demuestra la resistencia y combate al registro de pueblos de SEPI y al Plan General de Desarrollo. Pero el que estás lucha estén en marcha sólo demuestra que el Estado no es imparcial en el conflicto entre los pueblos originarios y el capital, porque en la Ciudad de México, los derechos colectivos están en la Constitución y existe la Ley de Pueblos Originarios, sin embargo, las obras públicas y privadas avanzan en los territoritos de los pueblos sin las consultas previas y en asambleas a modo, convocadas por representantes ilegítimos, pero reconocidos como interlocutores válidos y representantes auténticos por el Estado.

Es el Estado el primero en atropellar todos esos derechos con la cooptación, la simulación, la división y la represión de los movimientos legítimos de los pueblos originarios. Por eso, está primera fase de resistencia requiere, necesariamente, la articulación con la segunda: la toma del poder.
El poder es el eje de la política, y la lucha de los pueblos originarios es, en esencia, una lucha por él. Esto se debe a que la autonomía y la autodeterminación sólo pueden ejercerse plenamente cuando existe la capacidad real de decidir sin imposiciones externas. Esa capacidad es la soberanía: el poder último de decisión en manos del pueblo.

Por ello, sin acceso al poder, la autonomía y la autodeterminación quedan limitadas o se vuelven ilusorias. En consecuencia, todo movimiento popular que busque concretar sus objetivos debe asumir como condición fundamental la disputa y conquista del poder.

Con base en estas perspectivas, como Partido Comunista de México en la Ciudad de México, llamamos a los pueblos originarios a mantener y reforzar la lucha contra el capital y mostrar al Estado la dignidad y disposición a luchar de nuestro pueblo. Y para aquellos pueblos a los que nuestras perspectivas políticas les hacen sentido, para aquellos que quieran caminar hacia la solución definitiva de los problemas, les invitamos, primero, a acercarse al Partido Comunista de México y sumarse a la movilización por el primero de mayo, día de los trabajadores, porque los pueblos originarios están formados por rabajadores, no por burgueses; y segundo, a trabajar en el primer paso necesario: crear un frente anticapitalista.

¡Vivan los trabajadores!
¡Vivan los pueblos originarios!
¡Proletarios de todos los países, uníos!

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