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Puebla y Tlaxcala se enfrentan a megaproyectos ecocidas y dirigidos en contra de la clase obrera

Cristian Jiménez Machorro y Carlos Zárraga Cabrera

Durante los últimos años, los estados de Puebla y Tlaxcala se han visto dominados por los gobiernos socialdemócratas de Morena, mismos que, a pesar de tratar de ser identificados con la bandera del progresismo, en realidad actúan con miras al sostenimiento de un sistema burgués que puede ser identificado en toda la región, pues desde la preparación de supuestos proyectos de transporte como el cablebús en Puebla o el planteamiento de destrucción del llamado “Parque de la Juventud” en Tlaxcala, en ambos casos se tiene la finalidad de crear megaproyectos que funjan como elefantes dorados, mismos que, a pesar de tener un planteamiento “a favor del pueblo”, terminan por existir en una lógica de promoción política, más allá de buscar un beneficio para la clase obrera.

En el caso de Puebla, el gobernador Alejandro Armenta —quien ha sido señalado por provenir de las filas del priismo, pero fue electo gobernador desde el morenismo— ha planteado la construcción de un medio de transporte que comunique regiones de la zona conurbada, planteando un transporte que vaya desde Angelópolis (la zona comercial de Puebla desde la primera década del siglo XXI) hasta el pueblo nahua de La Resurrección, lugar que se encuentra en las faldas del Matlalcueyetl (La Malinche).

Con el planteamiento de establecer un transporte seguro es que se ha lanzado la iniciativa del gobierno del estado para establecer un teleférico con las mismas características que los cablebuses de la Ciudad de México. Sin embargo, en la aplicación poblana falta una de las características que llevó a que el desarrollado en la capital fuese viable: no tiene que atravesar orografías complicadas, pues gran parte del proyecto se encuentra insertada en el centro del valle de Puebla.

De esta manera se puede encontrar una relación de características “turistificadoras” entre la construcción del cablebús poblano y las declaraciones de Alejandro Armenta durante su campaña a la gubernatura de Puebla, pues en sus palabras quería establecer una “Suiza poblana” en la cual aquellos que no pudiesen acceder a vuelos a Europa pudiesen venir a México con la finalidad de practicar deportes como el snowboarding o el esquí —siendo que por el propio coste de los artículos deportivos es un proyecto dirigido a la burguesía—, el cual se llevaría a cabo en la misma Malinche; para ser específicos, en la junta auxiliar de San Miguel Canoa.

Si en este momento revisamos un mapa, podremos encontrar una relación clara entre San Miguel Canoa y La Resurrección, pues la distancia entre ambas demarcaciones es menor a los 2 km, mismos que, a pesar de estar llenos de trabajadores en estado precario tanto de transporte como económico, no han sido una prioridad hasta el momento.

Sobre la crisis ecológica y la represión que este caso ha levantado, es necesario plantear la existencia de una crítica dirigida al “ecocidio” que el gobierno del estado ha generado, en la cual se ha mencionado que, a pesar de la idea de reforestar zonas de la ciudad (nuevamente dirigidas a la zona de Angelópolis), las zonas que están en sitios menos privilegiados de la ciudad (entiéndase el barrio de Xonaca, el Parque Ecológico o el mismo Cerro de Amalucan) son las que perderán el acceso a las áreas verdes y verán comprometidos los transportes que tradicionalmente les conectan con el resto de la ciudad. Desde que se implementó la idea de poner bases de cablebús en la ciudad, vecinos de las zonas afectadas han llamado a la protesta en torno a las afectaciones que habría a los parques, pero también a sus casas. Se ha llevado a cabo una denuncia al ecocidio; y a partir de la organización de marchas independientes, las personas han denunciado mensajes de amenaza por WhatsApp, presencia de trabajadores del gobierno del estado cerca de sus domicilios y cierres arbitrarios de calles aledañas. Llegado a este momento, hay que plantear que ha relucido una de las consignas que ha permanecido durante tanto tiempo en la petición de la clase obrera: transporte digno, seguro, sustentable y suficiente.

Para el Parque de la Juventud en el estado de Tlaxcala, el gobierno del estado ha planteado una modernización que incluye la destrucción de los espacios ecológicos con los cuales contaban, el cierre del mismo y el establecimiento de la denominada “Ciudad de la Juventud”. La idea de establecer una ciudad de la juventud tiene mucho que ver con erradicar uno de los pulmones que tiene la ciudad de Tlaxcala, sustituyendo un espacio natural por un elefante blanco que busca replicar el control que espacios como PILARES han expresado en la Ciudad de México: controlar todo tipo de talleres impartidos en el interior de sus instalaciones.

El control que se plantea tiene que ver con la idea de no permitir espacios de organización más allá de los controlados por el Estado, ante lo cual la organización popular denominada “Salvemos al Parque de la Juventud” ha empezado a convocar acciones comunitarias —aunque carecen de un carácter de clase— que buscan establecer una base de apoyo en torno a sectores populares, aun sin una dirección revolucionaria, pues el asunto se centra en la “protección al medio ambiente”.

El movimiento del Parque de la Juventud tiene la finalidad clara de preservar las zonas naturales que son de goce del proletariado, en contraposición con un control del área y recursos que busca establecer el gobierno sobre lugares del goce proletario y, a pesar de que las marchas se han empezado a ligar con movimientos sociales de características solidarias, como lo llega a ser la movilización en torno a Palestina o el Frente Nacional por las 40 Horas, es claro que el programa aún no alcanza los intereses de la clase trabajadora, respondiendo a tesis de caracteristicas ecologistas.

 

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