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Intervención del Frente de la Juventud Comunista en el 52 Festival de Odigitis.

Camaradas:

Reciban un saludo caluroso y combativo del Frente de la Juventud Comunista a todas las juventudes comunistas presentes, y particularmente a la Juventud Comunista de Grecia. Agradecemos a la KNE por este espacio de intercambio y felicitamos por la realización de este 52 Festival de Odigitis. Precisamente estando aquí, en Grecia, frente a la historia de la lucha de los comunistas griegos, queremos comenzar recordando que los 200 comunistas fusilados en Kesarianí están vivos y presentes. Fueron obreros, sindicalistas y cuadros del Partido Comunista que llevaron hasta las últimas consecuencias su compromiso con la lucha contra la barbarie capitalista. Ellos nos recuerdan que la condición de comunista no puede asumirse de manera temporal, ni solamente mientras las condiciones sean favorables: significa entregar la vida a la lucha de nuestra clase, dedicar cada día a la organización, al combate y a la construcción de las fuerzas capaces de transformar la sociedad. Cuando un comunista asume de esta manera su compromiso, con constancia y abnegación, su vida trasciende su propia existencia y se convierte en la vida de un inmortal de la clase obrera. Son, por eso, un ejemplo de lo que debemos entender por un comunista y de la responsabilidad que asumimos quienes hoy continuamos esta lucha.

El título de este seminario coloca directamente una cuestión vinculada con el objetivo estratégico de los comunistas: “En condiciones de preparación para la guerra, es imperativo que las organizaciones de juventud comunista señalen la única salida del bárbaro sistema capitalista”. Ante las contradicciones del capitalismo contemporáneo, las guerras, las crisis y la lucha interimperialista, surgen también elementos de confusión que buscan desorientar al movimiento obrero y al movimiento comunista. Desde el Frente de la Juventud Comunista consideramos que, precisamente en estas condiciones, los comunistas debemos partir de una comprensión científica de nuestra época, del carácter del imperialismo y de las leyes de la lucha de clases, para definir con claridad nuestra orientación política y nuestras tareas.

El capitalismo se presenta con toda su capacidad destructiva: crisis, guerras, militarización y una ofensiva contra las condiciones de vida de los trabajadores. Vivimos en un mundo en llamas, con más de cincuenta focos de conflicto que arrastran a los pueblos hacia una guerra generalizada. Los conflictos se multiplican y las tensiones entre las grandes potencias se relacionan con la competencia por mercados, recursos naturales, fuentes de energía y posiciones estratégicas. Para los comunistas, estos fenómenos deben comprenderse a partir de la concepción marxista-leninista del imperialismo, no como una política exterior particularmente agresiva de determinados Estados. Desde esta perspectiva, la guerra no puede explicarse únicamente por las decisiones particulares de un gobierno, sino que debe analizarse en relación con las contradicciones del sistema imperialista.

Un elemento central es la disputa entre dos tiburones imperialistas: Estados Unidos y China, en el cual, ninguno de estos polos está dispuesto a retroceder en esta disputa, porque ambos han fortalecido sus economías de guerra y preparado sus fuerzas para una confrontación de mayor alcance. Precisamente por eso, para los comunistas es necesario tener claridad sobre el carácter de esta confrontación y no presentarla como una lucha entre socialismo y capitalismo. La existencia de contradicciones entre ambos Estados no convierte a China en representante de los intereses de la clase obrera. El llamado “socialismo de mercado” no es socialismo; en China imperan relaciones mercantiles y, por tanto, no puede caracterizarse como socialismo.

Desde esta caracterización, el antagonismo entre Estados Unidos y China pertenece al terreno de la disputa interimperialista. Esto también permite analizar las posiciones que presentan el alineamiento con alguno de estos polos como una forma de antiimperialismo. El hecho de que una potencia tenga contradicciones con otra no transforma sus intereses en los intereses de los trabajadores. Cuando la clase obrera es llamada a tomar partido por uno de estos bloques, termina incorporándose a una disputa que no corresponde a sus intereses.

El pasado 3 de enero, en nuestra propia región, América Latina y el Caribe, los tambores de guerra se hicieron escuchar con la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela, que incluyó bombardeos sobre Caracas y otras poblaciones y el secuestro de Nicolás Maduro. Esta intervención expresa de manera concreta cómo las contradicciones interimperialistas se traducen en agresiones militares y cómo nuestra región se encuentra también dentro de la disputa por la primacía entre Estados Unidos y China. Al mismo tiempo, la amenaza lanzada contra Cuba después de la intervención en Venezuela, junto con el incremento de la presión militar estadounidense en el Caribe, muestra que estos conflictos no permanecen contenidos en un solo país, sino que pueden arrastrar a toda la región hacia una confrontación de mayores dimensiones. Frente a esto, desde México expresamos nuestra solidaridad con el pueblo cubano y con la Revolución Cubana, y los comunistas del FJC y del PCM asumimos esta solidaridad como una tarea que debe expresarse cotidianamente en nuestro trabajo político. Esta solidaridad no anula el análisis crítico: precisamente debemos estudiar las reformas económicas impulsadas en Cuba y extraer las lecciones de la experiencia de la contrarrevolución del siglo XX, particularmente sobre el problema de las relaciones mercantiles dentro de la construcción socialista y el antagonismo entre estas, así como el desarrollo de las relaciones socialistas.

Esta discusión conduce directamente al problema del oportunismo y de la socialdemocracia. Una de sus expresiones consiste en presentar diferentes formas de gestión del capitalismo como alternativas capaces de resolver sus contradicciones fundamentales. El progresismo constituye otro rostro de la clase dominante que busca dar un respiro al capitalismo sin modificar las relaciones que lo sostienen. Esto podemos verlo con claridad en Venezuela. La entrega de una parte estratégica de sus recursos naturales a Estados Unidos, mediante el acuerdo alcanzado por el gobierno socialdemócrata de la presidenta interina Delcy Rodríguez, donde se ha anunciado la participación estadounidense sobre 17 campos petrolíferos con reservas probadas de alrededor de 65 mil millones de barriles, constituye un ejemplo concreto de lo que es la socialdemocracia. En el marco de la disputa interimperialista entre Estados Unidos y China por la primacía en el sistema imperialista, la riqueza de un país termina convertida en objeto de acuerdos entre grandes capitales y Estados, mientras los gobiernos burgueses administran estas condiciones y buscan salidas dentro de los límites del propio sistema. Ahí se expresa el límite y fracaso de la gestión socialdemócrata: no la ruptura con el imperialismo y con las relaciones capitalistas, sino su administración.

Existe aquí una diferencia fundamental con la perspectiva de los comunistas. No se trata de sustituir un gobierno burgués por otro, ni de esperar que una administración diferente resuelva las contradicciones que genera el propio sistema. La cuestión es que la clase obrera actúe como fuerza propia. Cuando esto se abandona, la clase trabajadora termina siendo convocada a defender proyectos de determinadas fracciones de la burguesía, a respaldar gobiernos o a elegir entre distintos polos imperialistas.

En México, los comunistas del Frente de la Juventud Comunista y del Partido Comunista de México damos esta batalla, manteniendo nuestra independencia de clase frente a la socialdemocracia, antes con López Obrador y ahora con Sheinbaum. La clase dominante puede presentarse bajo distintos discursos y rostros, pero continúa siendo la clase dominante. Por eso los comunistas en México estamos preparados para la confrontación con ella, colocando a nuestra clase en una posición cada vez más cercana a su objetivo estratégico: el poder obrero revolucionario, el socialismo-comunismo y la ruptura con las relaciones capitalistas y con los organismos imperialistas.

Esta posición se desarrolla en la práctica cotidiana: en la intervención entre trabajadores y jóvenes, en el desarrollo de un movimiento juvenil y estudiantil independiente de la política burguesa, en la solidaridad con la Revolución Cubana y con el pueblo palestino, y en la oposición a la guerra y a la agresión imperialista. En estos terrenos también se disputa la orientación política de los jóvenes: si serán incorporados como fuerza auxiliar de proyectos burgueses o si desarrollarán una posición vinculada con los intereses de su propia clase. Para las juventudes comunistas, esto significa intervenir en las luchas concretas, organizar a los jóvenes trabajadores y estudiantes y formar militantes capaces de asumir las tareas de la lucha de clases.

Debemos precisar qué significa prepararnos. Si vivimos en una época marcada por la crisis, la guerra y la agudización de las contradicciones del capitalismo, la preparación de las organizaciones comunistas no puede consistir en preparar a los trabajadores para soportar la guerra ni para elegir qué potencia imperialista debe imponerse. Debemos prepararnos para el auge revolucionario, para el momento en que maduren las condiciones objetivas de una situación revolucionaria.

Esta preparación se realiza en la lucha cotidiana. Exige arraigo entre los trabajadores, presencia en los centros de trabajo, en las escuelas, en los barrios y en las organizaciones de masas; exige conocer las condiciones en que vive nuestra clase y ser capaces de intervenir sobre ellas. Por eso adquiere importancia la idea de Engels de que toda lucha concreta, aun limitada, puede constituir un ensayo general para luchas superiores. Una lucha por salarios, contra la precariedad, por las condiciones de estudio, contra la guerra o frente a una medida de la burguesía puede tener un objetivo inmediato y limitado, pero también puede preparar capacidades para enfrentamientos de mayor alcance.

El papel específico de las juventudes comunistas es cualificar la lucha y darle una perspectiva revolucionaria. Esto exige una presencia constante en la organización y en las luchas de los trabajadores por la defensa y conquista de sus intereses inmediatos, en los centros de trabajo, en las escuelas, en los barrios y en las organizaciones de masas, comprendiendo que cada reivindicación y cada combate concreto pueden convertirse en una experiencia de organización, conciencia y lucha para nuestra clase. Toda lucha que tiene un objetivo inmediato no puede quedar encerrada en él: debe contribuir a elevar la capacidad de combate de los trabajadores y a vincular sus luchas con la perspectiva de sepultar el modo de producción capitalista. En este trabajo, las juventudes comunistas también tenemos la responsabilidad de contribuir al fortalecimiento de los partidos comunistas, ampliando su influencia entre los trabajadores y la juventud, acercando nuevas generaciones a sus filas y haciendo de cada espacio de lucha un terreno para fortalecer su presencia y su organización.

Para cumplir esta tarea necesitamos juventudes comunistas armadas con el arsenal teórico del marxismo-leninismo, capaces de estudiar la realidad concreta, sacar conclusiones de la experiencia y desarrollar creativamente una línea clasista y revolucionaria para intervenir en ella. Se trata de utilizar el marxismo-leninismo como guía para la acción, desarrollando una política capaz de confrontar al Estado burgués, de desenmascarar sus distintos rostros y formas de dominación y de combatir la influencia de la clase dominante.Debemos utilizar el marxismo-leninismo para combatir sin concesiones la influencia de la contrarrevolución y del oportunismo, defender la independencia política de la clase obrera y fortalecer los principios de la solidaridad y del internacionalismo proletario.

Esta tarea exige dar una batalla contundente y frontal contra las corrientes oportunistas que tienen como único objetivo alejar a la clase obrera y a la juventud de las posiciones que representan sus propios intereses. Es necesario señalar la farsa que pretende presentarse como una Internacional Comunista Revolucionaria, expresión de la corriente trotskista que, bajo una apariencia revolucionaria, desvía la lucha de su objetivo histórico. Frente a estas corrientes no puede haber ambigüedad ni concesiones: debemos confrontarlas abiertamente, desenmascarar su contenido y disputar su influencia, defendiendo con firmeza la perspectiva de la revolución socialista y la lucha por el poder obrero.

La preparación para el auge revolucionario no comienza cuando las condiciones objetivas ya están maduras. Se construye en la lucha cotidiana, con organización y constancia, fortaleciendo la capacidad de los trabajadores para luchar por sus intereses y desarrollando una juventud comunista capaz de intervenir políticamente en cada uno de esos combates. Frente a un capitalismo que prepara permanentemente las condiciones de la guerra, la explotación y la barbarie, los comunistas debemos preparar las fuerzas capaces de enfrentar las causas que producen esa realidad. Esa preparación tiene una perspectiva concreta: la revolución socialista. Una revolución que pasa por el reforzamiento de la lucha de la clase obrera, por el fortalecimiento de las juventudes comunistas y por la construcción de una fuerza revolucionaria capaz de llevar las luchas inmediatas hacia el objetivo estratégico de sepultar el modo de producción capitalista, quebrar el poder de la burguesía y construir el socialismo-comunismo.

¡Vivan las Juventudes Comunistas del mundo!
¡Viva el marxismo-leninismo!
¡El comunismo es la juventud del mundo!


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