Contra la espontaneidad: organización proletaria y lucha de clases
Por: Hiram Quintero
Se sabe que el objetivo principal de los comunistas es la toma del poder por la vía de la revolución violenta; después, la destrucción del Estado burgués; y la construcción de un Estado proletario que ejerza el Poder contra la clase burguesa, un Estado que, como decía Lenin, se va extinguiendo a sí mismo hasta la desaparición completa de las condiciones que hacen necesaria su existencia.
Al ser el Estado un mecanismo de represión de clase, la necesidad de su gradual desaparición tiene que ver con la desaparición de las clases sociales para alcanzar una sociedad que pase de buscar mantener ciertos rasgos del derecho burgués a una donde cada uno reciba según sus necesidades, al desarrollarse las fuerzas productivas como nunca antes, siendo dirigidas por los propios trabajadores para satisfacer la necesidades del conjunto de su clase, a diferencia del capitalismo, donde se produce mucho más de lo necesario para satisfacer las necesidades sociales pero con el objetivo de la acumulación de capital. Ejemplo de ello es la industria alimentaria que desecha toneladas ingentes de comida, pues le es más rentable eso que alimentar a toda la población, lo cual ya es materialmente posible.
Si bien, históricamente las revoluciones proletarias han estado dirigidas por partidos comunistas, como lo fue el Partido Bolchevique, no es el partido en sí mismo el que realiza una revolución, sino el grueso de las masas obreras. Por tanto, además de contar con un Partido Comunista, éste debe organizar constante e incesantemente a la clase obrera para la toma del poder.
Actualmente, no vivimos todavía en una situación revolucionaria, en el sentido de que haya una insumisión obrera que esté planteando el derrocamiento del poder burgués. Por tanto, las y los comunistas nos encontramos en una fase de acumulación de fuerzas para ese objetivo histórico, por lo que nuestra primera labor es organizar al proletariado para sus demandas más inmediatas y, a la par con ello, ir colocando en el debate la posibilidad de la destrucción del capital por el proletariado para, posteriormente, organizar el asalto al cielo, con la base trabajadora organizada y armada para ello. Entonces, en estos momentos, nuestra tarea es la incidencia directa de persona a persona, de obrero a obrero que aún no conozca el Programa del Partido, de forma real y en los centros de trabajo, dejando atrás la pasividad que pueda traer la virtualidad o el activismo en redes.
Es verdad que en cada periódico y noticia hay un descontento de la clase trabajadora hacia la patronal, pero si ese descontento no es dirigido, organizado y planeado por el Partido Comunista y se deja a la espontaneidad, se vuelve como un tallo que deja de crecer por falta de nutrientes y no desarrolla toda su potencial revolucionario.
Las transformaciones verdaderamente revolucionarias, tal como nos han enseñado las leyes de la historia, han sido organizadas por las masas proletarias, y en el caso de las revoluciones socialistas cuando éstas están dirigidas por el Partido Comunista. En ese sentido, no debemos esperar que la conciencia brote de forma espontánea entre la clase obrera como quien espera que llueva, si no como quien siembra. Así como los seres vivos crecen en condiciones determinadas, la historia tiene que llevarse a cabo en condiciones determinadas; crecer en número y luego en cualidad, atendiendo a las leyes históricas del desarrollo.
El sistema capitalista está obsoleto y en proceso de descomposición, como las células de un cáncer que no pueden hacer apoptosis (muerte celular). Nada nuevo puede nacer dentro de este sistema de muerte; los intentos progresistas de reformar el sistema resultan infructuosos, porque vuelcan todo en la responsabilidad individual, pues se nos dice que somos libres y, por ser dueños de nuestras emociones, tiempo, logros, futuro, según la ideología burguesa, tenemos no solo el deber si no la obligación de estar bien, lo que solo genera más culpa en las personas que viven en la precariedad por no poder sobreponerse a sus condiciones de vida y mejorarlas.
No obstante, las condiciones subjetivas ahí están, estamos sobre terreno fértil para que el cambio ocurra. El tiempo de los grandes descontentos proletarios deben ser bien organizados con tácticas de clase. El capitalismo no va a mejorar porque está en su ADN degradarse más, pero lo que sí hay es un periodo de gran revuelo y de tendencia ascendente a la insumisión que cataliza el proceso de cambio.
La ideología burguesa permea en todo, y trata de sepultar la ciencia proletaria por medio de su propaganda. Sin embargo, sus mentiras y las aspiraciones a las que nos quieren hacer llegar cada vez son más insostenible: la base de la propiedad privada cada vez cae en desuso y deja de tener sentido para trabajadores que están llegando a la madurez sin la posibilidad de certidumbre respecto a su futuro, pueden trabajar toda su vida por apenas tener una casa si es que la logran conseguir; tendrán que trabajar toda su vida para tener siempre acceso a medicamentos y atención; lazos como la familia y el sentido de pertenencia comienzan a desaparecer, pero no por culpa de los comunistas, sino de la burguesía, cuya explotación no deja lugar al desarrollo de los lazos familiares entre la clase obrera, sin embargo, esto da paso a la camaradería, cuya relación social descansa en la solidaridad de clase, la conciencia de que nos debemos a la clase trabajadora, pues cada cosa que tenemos es gracias al trabajo colectivo.
El burgués con su ideología, sería capaz de dejar su inversión o cerrar su empresa si eso pudiera afectar su patrimonio que heredará a su familia aún si esto pueda afectar al obrero y su fuente de sustento, pero un trabajador con conciencia de clase desarrollada se pone en servicio de su camaradas y hermanos de clase participando en huelgas, mítines, volanteos, aun sacrificando su poco tiempo libre.

