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La Revolución Socialista de Octubre, resultado de la labor teórica y política del Partido Comunista

Pável Blanco Cabrera
Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de México

Artículo escrito para los camaradas del Partido Comunista Brasileño.

I

 

En Marx y Engels es permanente la insistencia para no contentarse con la interpretación del mundo; su obra teórica y acción política son guiadas por lo que escriben en la XI Tesis sobre Feurbach: de lo que se trata es de la transformación del mundo, de la realidad.

 

El marxismo no viene al mundo por la exclusiva genialidad del Prometeo de Treveris; existen ya en ese momento de la humanidad un acumulado de conocimientos, un grado de desarrollo de la Historia que hace posible la propuesta política para la emancipación del proletariado, clase que por no poseer más que sus cadenas, tiene como condición para liberarse el emancipar al conjunto de la humanidad.

 

Al marxismo no hay que descontextualizarlo de la lucha de clases, y de que representa en esta los intereses del proletariado.

 

Marx y Engels chocan tempranamente en el campo de la filosofía con las ideas dominantes tomando posición por los feurbachianos de izquierda, y actuando correspondientemente como demócratas radicales, pero su pensamiento no se detiene, y ya en el periodo de 1842-1846 desarrollan las nociones que los habrán de vincular por siempre al planteamiento de la revolución proletaria; son los días de trabajo en la Gaceta Renana, del contacto con la Liga de los Justicieros, de Los Anales Franco-Alemanes, de Los manuscritos económicos-filosóficos de 1844, de La Sagrada Familia, de La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, de la creación del Comité de Correspondencia Comunista, de La ideología Alemana, pero ya es claro en sus trabajos y acción con que causa se comprometen.

 

En los prolegómenos de la Revolución de 1848, cuyo acontecimientos habrán de conmocionar a Europa, reciben el encargo de redactar el Manifiesto del Partido Comunista, y en el queda clara la concepción materialista de la Historia, que en trabajos posteriores habrán de confirmar y enriquecer.

 

En primer lugar la tesis de que ningún modo de producción ha sido eterno, que cada uno ha tenido sus límites históricos, y que llegado el momento, en que se convierten en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas, sobreviene la necesidad de cambios, la época de revoluciones sociales. Pero atención, que ni Marx, ni Engels son lineales u optimistas mecanicistamente en el desenlace; una pequeña gran advertencia está ahí: si la clase nueva y progresista no triunfa sobre la clase vieja y reaccionaria lo que viene es el hundimiento. Más tarde Engels vuelve a ello y plantea la disyuntiva que Rosa Luxemburgo habrá de retomar en los apocalípticos años de la Primera Guerra Mundial en el Folleto de Junius: o Socialismo o barbarie.

 

En segundo lugar señalan que el antagonismo de clases en la época moderna se materializa en la contradicción capital/trabajo, en la lucha entre burgueses y proletarios. Más adelante se irá confirmando esta tesis en la experiencia viva de la Comuna de París, pero detalladamente en El Capital, donde se desenmascara el “sórdido secreto de la explotación capitalista”, la plusvalía. El marxismo sabe ya desde antes que la pauperización “no es naturalmente creada, sino artificialmente provocada”;  sabe que el conflicto de clase tiene su origen en la contradicción de la producción social y la apropiación privada, y como demuestran, el capitalismo no viene al mundo sino con el despojo, la explotación, el robo, “chorreando lodo y sangre por todos sus poros”.

 

Proponen en el programa histórico de los comunistas, después de polemizar con otras corrientes socialistas, de las que demuestran su carácter utópico o reaccionario, el derrocamiento violento del capitalismo y la dictadura de clase del proletariado, que socialice los medios de la producción.

 

El marxismo-leninismo considera que el papel histórico del proletariado, de la clase obrera no consiste solo en derrocar y enterrar al capitalismo, pues al romper la cadenas y tomar el poder, el Estado proletario tiene un carácter transitorio; por primera vez desde que la sociedad se dividió en clases, la nueva clase dominante no será una clase de explotadores, inclusive el nuevo Estado, el Estado-comuna se irá extinguiendo hasta dejar de existir y convertirse en una “pieza de museo”.

 

Ahora bien, Marx, Engels y Lenin, no rinden un culto irreflexivo al proletariado, a la clase obrera, sino que plantean la cuestión de “clase en sí y clase para sí”, la cuestión de la consciencia, tema al que Lenin pone gran atención en el ¿Qué hacer?.

 

En una carta a Gerson Trier en 1889 Engels escribe:

 

“A fin de que en el momento decisivo el proletariado sea suficientemente fuerte para triunfar, es necesario – y eso lo hemos defendido Marx y yo desde 1847- que forme su partido especifico, apartado de todos los demás y opuesto a ellos, un partido de clase, consciente de sí mismo.”

 

Marx, Engels y Lenin postulan, y actúan consecuentemente, que el proletariado debe constituirse en clase y para ello reivindican el papel del partido comunista. En el texto que citábamos de Lenin, debatiendo con otras corrientes, critica al espontaneísmo y con base en la experiencia anota que en sus luchas diarias el proletariado desarrolla una conciencia economicista, pero que para la adquisición de la conciencia de clase, la conciencia socialista se requiere de un agente exterior: el partido.

 

Una de las tares imprescindibles de los comunistas, pero no la única es la de forjar entre la clase obrera la consciencia de su lugar en la historia y de su misión revolucionaria, determinada por su rol en la producción. La adquisición de la consciencia de clase es una labor ideológica y política necesaria, indispensable, ineludible para que la clase obrera efectúe su acción política con objetivos revolucionarios.

Desde la formación de la Liga de los Justicieros, la Liga de los Comunistas, la Asociación Internacional de los Trabajadores, a las formas más extendidas de la II Internacional y los partidos obreros socialdemócratas de masas, se va forjando una experiencia sobre el Partido, su acción y su rol. El partido de la clase obrera es el elemento fundamental en las luchas inmediatas y concretas, así como en la meta histórica de la toma del poder y construcción de la sociedad futura. El papel concreto e histórico del partido de la clase obrera va demostrando su relevancia en las experiencias revolucionarias de 1848, en el periodo contrarrevolucionario ulterior, en el asalto al cielo en París, en las jornadas proletarias por la conquista internacional de la jornada laboral de 8 horas, en las luchas económicas y políticas, en los ascensos y en los reflujos. Y esa experiencia proporciona lecciones a la clase obrera, algunas de ellas amargas, pues el reformismo y oportunismo en el movimiento obrero condujeron a la II Internacional a la descomposición.

 

II

 

La Gran Revolución Socialista de Octubre, triunfante con la insurrección proletaria de Petrogrado que entregó el poder a los soviets el 7 de Noviembre de 1917, significó un viraje en la historia de la humanidad: el transito del capitalismo al socialismo-comunismo, es decir de un modo de producción caduco a un modo de producción superior; y con el triunfo de la Revolución proletaria la toma del poder por el proletariado. Reiteramos que todas las revoluciones previas significaron el derrocamiento de una clase dominante para ser desplazada en la dirección estatal por otra clase dominante.

La Revolución Socialista establece como ley general el papel consciente y activo de la clase obrera, determinado por el rol de su partido de vanguardia. No es bajo ninguna circunstancia una casualidad, un acto espontaneo. La Historia de la Revolución Socialista de Octubre es asociada indisolublemente de la Historia y actividad del Partido Comunista, del partido de nuevo tipo, del partido revolucionario de la clase obrera.

En sus primeros pasos para organizarse los marxistas rusos conceden una importancia fundamental al asunto de la organización del Partido, a las cuestiones teóricas y prácticas correspondientes. El contexto en que actúan, en el que predomina el reformismo y el oportunismo, les lleva a recuperar al marxismo de la tergiversación que imponen Bernstein, y también Kautsky. Pero no basta recuperar al marxismo de la adocenación a la que se encuentra sometido, sino en llevarlo a un nuevo escalón, a su consecuente desarrollo en función de nuevos fenómenos que requieren respuesta en la lucha de clases.

Vladimir Ilich Lenin con su trabajo teórico y práctico asume esa colosal tarea. De manera sucinta señalamos en la crítica de la economía la teoría del imperialismo, como capitalismo de los monopolios, la teoría del Estado y la dictadura del proletariado; la cuestión del partidismo en filosofía combatiendo los eclecticismos, el asunto de las nacionalidades, la política de alianzas de la clase obrera, y la teoría del partido.

La formación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en 1898, su definición como partido bolchevique en 1903, y el camino recorrido hasta que en 1917 el Partido Comunista (Bolchevique) tomó el poder, estuvo cimentado en una teoría, la del partido de nuevo tipo, que se abrió paso en dura lucha con corrientes exteriores e internas que la cuestionaban.

Subrayemos que Lenin y los marxistas en primer lugar, de la mano de los primeros pasos para la formación y consolidación del Partido, lucharon ideológicamente contra el populismo, contra el reformismo y el revisionismo como manifestaciones del oportunismo, y sus formas especificas del menchevismo y sus variantes como el trotskismo. Sólo así el Partido logró estar al frente de la clase obrera y de los pueblos de Rusia en tres revoluciones: la de 1905, la democrático-burguesa de Febrero de 1917, y la Revolución Socialista de Octubre.

La fusión del socialismo científico con el movimiento obrero en un partido revolucionario, desde el embrión de la Unión de Lucha para la Emancipación de la Clase Obrera, hasta el POSDR y el surgimiento del bolchevismo como Partido Comunista, fue el desenvolvimiento de lo simple a lo complejo, iniciando por un plan que superara el espíritu de circulo que predominaba en los militantes marxistas, hasta unificarlos en un solo Partido. En ese plan, la existencia y labor del periódico, primero con el nombre de Iskra, y luego con otros, fue vital, pues fue el organizador colectivo de un poderoso partido de profesionales revolucionarios que superaron las dificultades de la represión y la clandestinidad a la que se encontraban sometidos, hasta convertirse en la vanguardia del proletariado, del campesinado y de la intelectualidad

 

La teoría leninista del Partido

En ¿Por dónde empezar?, ¿Qué hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, entre otras, Lenin desarrolla concepciones fundamentales sobre la necesidad del Partido comunista. Siendo la consciencia de clase el elemento determinante, Lenin da respuesta a los niveles que puede adquirir la clase obrera en sus diversas luchas, sobre todo las que libra como resultado del antagonismo capital/trabajo con el desenvolvimiento de las relaciones de producción.

La lucha económica en los centros de trabajo lleva a los obreros a organizarse y a luchar, pero el nivel de consciencia que ahí se adquiere no rebasa los límites del economicismo, del tradeunionismo. Sólo a través de un agente exterior, el proletariado puede adquirir consciencia de sus tareas históricas, de la lucha por el socialismo-comunismo: éste agente exterior es el Partido Comunista.

El Partido Comunista es la vanguardia organizada de la clase obrera, es el partido de la clase obrera y del conjunto de los trabajadores. Es un partido clasista e internacionalista, y no se trata tan sólo de los objetivos que persigue, sino de su propia composición. Cuando la composición de clase del partido no se atiene a la regla de oro, es decir a ser mayoritariamente obrera la experiencia histórica nos demuestra que se prohíjan desviaciones que inclusive pueden derivar en su liquidación.

Tal Partido, como el propio Partido Bolchevique lo demostró, y el movimiento comunista internacional atesora una rica experiencia, no surge para la reforma de la sociedad, sino para el cambio radical, para la transformación revolucionaria de la sociedad. Es verdad que no se puede abandonar en lo táctico la lucha por determinadas reformas, pero conectada siempre a fortalecer el objetivo estratégico de la lucha por el derrocamiento del capitalismo y el poder obrero.

Tal partido tiene principios de organización y funcionamiento de nuevo tipo. En primer lugar el centralismo democrático, resultado de la unidad ideológica, unidad programática y unidad orgánica, consistente en que el Partido es férreo en su intervención política, por su disciplina y métodos de lucha, que son el resultado de una voluntad única que emerge de la democracia interna, en la que los militantes discuten, pueden discrepar, a condición de aceptar la decisión de la mayoría. Lenin defendió en varios textos que uno de los elementos que determinan la fortaleza del Partido es el principio de igualdad entre los comunistas, que otorga mismos derechos y obligaciones para todos los militantes, sin importar su antigüedad o responsabilidades. La disciplina es consciente, y es la fuente de esa gran fuerza que es una voluntad unificada, del papel activo de la subjetividad revolucionaria en la lucha de clases.

A diferencia de partidos burgueses u oportunistas, pertenecer al Partido no es asunto de afiliación o simple adhesión formal, requiere de una militancia, misma que se sustenta en identificarse con los objetivos programáticos de la Revolución socialista, pero además, participar activamente en una de las organizaciones del Partido y aportar financieramente para su sostenimiento. Es un asunto fundamental, la política del Partido Comunista no es un asunto contemplativo, requiere de un compromiso muy elevado.

El Partido tiene el papel de vanguardia, pero también el papel de ser el Estado Mayor del proletariado en la lucha política, el centro dirigente que establece la estrategia y táctica, ñas maniobras, las consignas, las formas de lucha, la ofensiva, la defensiva, el repliegue, las alianzas. Y además de ser la vanguardia, el Estado Mayor, es antes el cerebro, porqué sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario, y el análisis concreto de la realidad concreta es precedido por el estudio científico de la realidad, de las fuerzas productivas, de las clases sociales, de los fenómenos. Simplemente sin el Partido es inconcebible la política revolucionaria de la clase obrera.

Pero si el Partido fue esencial en la toma del poder, su labor recién empieza ahí, pues es la fuerza dirigente de la revolución una vez que la clase obrera se encuentra en el poder, la experiencia victoriosa de la construcción socialista así lo demuestra.

 

III

 

Hace justamente 25 años, entre 1989 y 1991 vivimos una contrarrevolución que derrocó temporalmente los procesos de construcción socialista en la URSS y otros países de Europa, Asia y África; ello dio paso a la imposición del llamado “fin de la historia”, a la llamada “desideologización” e impulso la restructuración capitalista. La ausencia de un contrapeso espoleo la barbarie imperialista, con la primera y segunda guerra del Golfo, los ataques de los EEUU y la OTAN a Panamá, Somalia, Yugoslavia, Afganistán e Iraq. Intervenciones en Haití, en África, nuevas bases militares alrededor del mundo. Tal situación trágica, así como el malestar social generó una ola de contestación anticapitalista que tuvo sobre todo auge en las contra cumbres de Davos, Seattle y marcadamente en las protestas para impedir la guerra a Iraq por petróleo, y en el movimiento de los Foros Sociales Mundiales. Ello fue positivo, pero tuvo sus límites. Destacamos ahora uno, que no es nuevo ya que tiene la doble raíz del anarquismo y del reformismo: el combate a los partidos comunistas, el nuevo culto a la espontaneidad, ahora con ropajes posmodernos. No es casual que muchos que teorizaron esas posiciones también se inscriban políticamente en el embellecimiento del capitalismo, la defensa de la unión interimperialista conocida como Unión Europea, así como las nebulosas tesis de “imperio” y de “cambiar el mundo sin tomar el poder”; así como que sean la coartada ideológica que llevo al poder político en la UE a equiparar fascismo y comunismo y emprender una campaña de criminalización e ilegalización a los partidos comunistas en República Checa, Polonia, Eslovaquia, Georgia, entre otros países, a la prohibición de la hoz y el martillo, de la bandera roja, a condenar la elegía de los luchadores antifascistas y de todo aquello que contribuyó a derrotar al fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

 

Con Marx, Engels y Lenin entendemos que los ciclos del capitalismo prohíjan las crisis. Con Marx, Engels y Lenin refutamos la idea de que el problema es solo de la esfera de las finanzas, y que otra forma de regulación capitalista (neokeynesianismo en lugar de neoliberalismo, por ejemplo) podría sacar al mundo de la crisis.

 

La crisis contemporánea de sobreacumulación y sobreproducción tiene su base en la contradicción del carácter social de la producción y la apropiación capitalista de sus resultados. Además en esta crisis económica se manifiesta también la decadencia de todos los valores que soportan la sociedad burguesa. La crisis es ambiental, es cultural, es como fundamentan muchos intelectuales, civilizacional. En el debate también de muchos intelectuales progresistas está planteado el poscapitalismo, y se esbozan ya los contornos de la sociedad futura. Más a los marxistas-leninistas nos preocupa el inter, que es nada más y nada menos que la Revolución, paso previo y necesario de la sociedad futura. No habrá derrumbe automático, pero la barbarie si puede maximizarse. La revolución tiene actualidad pues solo la intervención consciente y decidida de las masas en la Historia, en primer lugar y a la vanguardia el proletariado, puede alterar a favor de la humanidad la dramática situación del mundo que vivimos. Y según nuestro punto de vista ese es el papel, la tarea del Partido Comunista.

IV

 

El marxismo se desarrolla, es ajeno al dogmatismo y también al revisionismo. Más los partidos de la clase obrera tienen características irrenunciables, de identidad comunista. Vamos a enunciar algunas apoyándonos en las reflexiones de Aleka Papariga, quien fuera secretaria general del Partido Comunista de Grecia, así como también de la modesta experiencia de construcción del PCM.

 

A) El Partido Comunista, partido de la Revolución.

El Partido Comunista no está interesado en prolongar la agonía del moribundo sistema. No busca maquillarlo o embellecerlo, busca su derrocamiento, su fin. No es el partido del gradualismo, ni de la reforma, es el partido de la ruptura.

 

Su propuesta es el socialismo-comunismo que asimila críticamente la experiencia de la construcción del socialismo en el siglo XX, reivindicándola. Para nosotros eso significa que la propuesta es la socialización de los medios de la producción concentrados, el poder obrero y la planificación central. Para nosotros socialismo y relaciones mercantiles son incompatibles, y nos parece que su imposible combinación da como resultado el predomino de las relaciones capitalistas. Un sin sentido.

 

Siendo el Partido Comunista el partido de la revolución es también el partido de la combinación de todas las formas de lucha. Consideramos que la clase obrera y el pueblo, tienen el derecho inalienable de ejercer cualquier acción, en función de una estrategia y una táctica, para poner fin al capitalismo. En consecuencia no aceptamos, ni nos sometemos a la lógica burguesa que pretende reducir los espacios de la política a los límites de la democracia electoral –en verdad una fachada de la dictadura de clase de los monopolios. Significa que vamos a confrontar toda esa palabrería sobre el “mal menor” y el posibilismo, el “realismo” impotente.

 

Todo esto parecería una redundancia si tomamos en cuenta el debate de Lenin y Rosa Luxemburgo, de los bolcheviques, los espartaquistas y toda la izquierda de Zimmerwald contra el viraje al oportunismo de la II Internacional conducido por Bernstein y Kautsky; sin embargo hoy algunos partidos “comunistas” tienen más parecido con los viejos partidos socialdemócratas reformistas, y se hace necesario fijar el deber de los partidos comunistas y obreros.

 

B) El Partido Comunista, partido clasista.

El Partido Comunista no busca ser el partido de todo el pueblo, de todas las clases de la sociedad; no tiene afán populista. Es el partido del proletariado y en primer lugar del destacamento de los obreros industriales. La lucha por “constituir al proletariado en clase” tiene un momento fundamental, una precondición en la autonomía, en la independencia de clase. Desconfiamos y combatimos los malabares que desde supuestas posiciones “marxistas” buscan que la clase obrera y los trabajadores integren frentes bajo la conducción de la burguesía, por muy “progresista” que sea, ya que será siempre adversaria de los intereses de clase del proletariado. Tampoco compartimos la idea de las formaciones políticas pluriclasistas, tanto en lo ideológico como en lo social.

 

La clase obrera constituida en partido comunista lucha y debe luchar por sus objetivos históricos, promoviendo alianzas donde la hegemonía tenga un carácter antimonopolista, anticapitalista y antiimperialista, una confluencia de las clases y capas subalternas por la Revolución socialista.

 

Ya vivimos el predominio de la “unidad nacional” y sus consecuencias socavaron en México a la política independiente de la clase obrera.

 

“La diferencia de un Partido Comunista –nos dice Aleka Papariga- de otros partidos radicales que han existido, o existen, o existirán, consiste en que nosotros tenemos consciencia de los limites históricos del capitalismo, de la necesidad del socialismo, del papel de la clase obrera en la revolución”.

 

C) El Partido Comunista, partido internacionalista.

“La lucha es nacional por su forma e internacional por su contenido” señalan Marx y Engels. En este siglo XXI alcanzada ya la existencia del mercado mundial, con alto grado de interdependencia entre las naciones, en la época del capitalismo de los monopolios, el internacionalismo proletario, la solidaridad internacional poseen más actualidad y vigencia. La promoción y materialización de la unidad internacional de la clase obrera da mayor efectividad a la acción cotidiana por la emancipación.

 

Paralizando los centros de trabajo, movilizada en las calles, en las montañas y selvas, en las grandes metrópolis o en los campos, para el género humano la consigna como en 1848 sigue siendo: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

V

Es necesario apuntar que la identidad comunista es un asunto que no está dado y conquistado, que siempre habrá presiones y puede ser corroída, disuelta. Enunciemos tan sólo el eurocomunismo, y otras variantes reformistas que han llevado a la liquidación a los partidos comunistas históricos en México, España, Francia, Italia y los EEUU, y dando severos golpes en Brasil y otros países; afortunadamente la misma lucha de clases reorganizó partidos marxistas-leninistas, que en medio de dificultades se reabren el paso, tal es el caso del Partido Comunista Brasileño, por citar un ejemplo, que hoy se empieza a visibilizar nuevamente como alternativa ante el fracaso del progresismo y la socialdemocracia.

 

¿Por qué el partido es la alternativa que el marxismo-leninismo plantea? Porque la voluntad consciente, la fuerza indomesticable habrá de cambiar al mundo de base, esa es nuestra confianza, nuestro optimismo histórico.

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