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Preparar a la clase obrera para la insurrección

Marco Vinicio Dávila Juárez,

miembro del Buró Político del PCM.

 

Planteamientos generales, desde el marxismo leninismo.

La concepción marxista leninista para la insurrección pasa por armar y enseñar a luchar con las armas en la mano a la clase obrera, pasa por organizar a la clase obrera en un ejército clasista y pasa también por enseñarle a nuestra clase que debe pelear con decisión y hasta alcanzar la victoria, aunque en ello nos vaya la vida.

No entender esta concepción de la lucha revolucionaria, no sólo no nos coloca en posibilidades de lograr nuestro objetivo histórico, sino que, incluso, nos puede llegar a colocar en una posición reaccionaria o del lado del enemigo.

Ahora bien, planteadas así las cosas, sin entender el contexto histórico, puede parecer una posición ultraizquierdista.

Sólo estamos reconociendo aquí una de las cuestiones fundamentales del marxismo leninismo para la toma de poder. Entendiendo que para llegar a esta posición política se requiere, además del análisis correcto del periodo histórico en que se actúa, de un acumulado de experiencias tanto del propio Partido, como de nuestra clase; dicho acumulado no puede darse sino a través del accionar permanente del Partido en todos los frentes que la propia lucha abra y a través de la combinación de todas las formas de lucha que se correspondan con el momento en el que las contradicciones de la lucha de clases se van agudizando como consecuencia de la propia profundización de la crisis capitalista. Pues es ahí, al calor de las escaramuzas cotidianas de la propia lucha de clases, donde van apareciendo y se van forjando los dirigentes, los cuadros políticos, los comandantes del futuro ejercito del proletariado.

Esto quiere decir que la tarea principal del Partido es elevar la conciencia y la organización política de la clase obrera para que así ésta tenga la determinación de luchar no sólo por sus demandas económicas sino contra todo el modo de producción capitalista.

 

Los planteamientos partidarios, nuestro V Congreso.

En los documentos aprobados en el V Congreso del Partido Comunista de México, tanto en el Programa, como en las Tesis, el PCM reconoce que vivimos en insertos en la fase superior del capitalismo, el imperialismo. Los rasgos principales, enunciados por Lenin en El imperialismo fase superior del capitalismo, están plenamente identificados en la actualidad, a pesar de que aun queden resabios del pasado. Si el imperialismo está más vigente que nunca, entonces también lo está la Revolución Socialista como la tarea inmediata de la clase obrera de México.

La naturaleza del capitalismo en su fase imperialista coloca como una necesidad apremiante su derrocamiento. Pero para que este enunciado pueda materializarse el PCM busca la politización de la clase obrera y de los trabajadores en general, “vinculando sus demandas inmediatas y la defensa de sus derechos y reivindicaciones con la necesidad del derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo-comunismo”. Y para ello, el PCM propone una serie de medidas que apuntan a ese objetivo, entre las que destaca “Disolver la violencia organizada del Estado burgués, es decir disolver todos los cuerpos represivos, como el Ejército y todas las policías y aparatos de espionaje, así como todos los mecanismos paraestatales con los que se siembra el terror contra nuestro pueblo. En su lugar la clase obrera y el pueblo, entre los que podremos contar a los soldados y oficiales del antiguo ejército que tomen partido por la revolución, se organizarán tanto para evitar, disuadir y aplastar las actividades contrarrevolucionarias desde el interior y el exterior del país, como para garantizar sus conquistas con órganos tales como pudieran ser un Ejército del Pueblo, Guardias obreras, Milicias revolucionarias, Policías comunitarias, etc.

Las Conferencias de Trabajo Obrero y Sindical.

Ahora bien, la cuestión de cómo podrían ser todas las estructuras arriba mencionadas, es decir ¿cómo formaremos un Ejército del pueblo, las Guardias obreras, las Milicias populares, las Policías comunitarias? Decirlo es fácil y, no faltará quien afirme que tales tareas son irrealizables y por tanto son meras pretensiones propias de dogmáticos. Pero nosotros no inventamos nada, es la propia realidad la que va diciendo cómo, son las propias masas las que se van dotando de formas de lucha e instrumentos para el combate.

Nosotros sólo debemos conocer las experiencias históricas que han permitido a nuestra clase avanzar en sus objetivos de derrocar a la burguesía y su Estado, conocer las experiencias que nuestro propio pueblo va creando, tanto las exitosas como los fracasos, para sistematizar la experiencia y generalizarla.

En ese sentido, en México, es necesario que los obreros y, en general los trabajadores recuperen la combatividad que los caracterizó desde las primeras huelgas del siglo pasado; oponer a la ideología de la clase dominante de que la violencia es por si sola mala, la convicción de que la guerra revolucionaria es la única guerra justa y, además, necesaria.

A la violencia y el terror ejercido, fomentado y tolerado por el Estado a través de sus cuerpos represivos o de las diferentes formas que adquieren los cuerpos paramilitares, en contra de los obreros y de sus intereses, hay que oponerle la violencia de nuestra clase, organizada principalmente en cada centro de trabajo.

Durante la Segunda Conferencia de Trabajo Obrero y Sindical, destacaron, entre otras, dos recomendaciones hechas al Comité Central del Partido y aprobadas por éste, una, la necesidad de hacer trabajo político, agitación y propaganda en los sindicatos reconocidos por sus direcciones charras para tratar de ganarlos para nuestra causa, ya que éstos controlan los sectores más importantes y estratégicos de la economía del país y, la otra, combinar el trabajo legal e ilegal, el trabajo abierto con el trabajo clandestino tanto en los sindicatos, como en los centros de trabajo siempre con el fin de organizar a los obreros y en general a los trabajadores para defenderse de las agresiones de la patronal e ir avanzando en nuestros objetivos políticos. Estas recomendaciones convertidas en orientaciones del CC para nuestro trabajo obrero sindical, son muy generales y correspondían a la realidad del desarrollo del Partido en ese momento, haber pretendido señalar particularidades, hubiera sido un acto de elucubración.

Es en la Tercera Conferencia de Trabajo Obrero y Sindical en donde la experiencia acumulada en el frente que es la columna vertebral del Partido, nos permite avanzar en propuestas que van dando contenido y forma a las orientaciones de la conferencia anterior.

En el periodo entre la segunda y la tercera conferencia, después de diversas escaramuzas de la clase obrera contra la patronal y sus sindicatos colaboracionistas o dirigentes charros que los representan, en las que hemos intervenido de una u otra manera, hemos reconocido la necesidad de combinar trabajo legal e ilegal, abierto y clandestino y de actuar ya de acuerdo a las circunstancias concretas.

En ese sentido la propuesta que se hace al CC es de que integre a las recomendaciones de la tercera conferencia para que sea una orientación del Partido en el trabajo obrero y sindical,  la de impulsar entre los trabajadores sea en su centro de trabajo o en su sindicato, la creación de grupos de defensa obrera, que puedan en un momento dado responder organizadamente a los golpes cruentos de la patronal y del Estado, pero que también irán introduciendo en nuestra clase la idea de pelear, la decisión de defenderse de la patronal en el terreno que le imponga, incluso en el de la violencia.

Estaremos dando así sin duda un gran paso en el sentido de nuestro objetivo estratégico, ya que hoy, el “petate del muerto” que utiliza la socialdemocracia para atemorizar a nuestra clase, y que la hace parecer no sólo diferente, sino avanzada, es justamente el hecho de que, afirman, la violencia puede desbordarse en el país y que eso no le conviene a nadie, adormeciendo así la conciencia de los obreros que se ven atraídos a sus posiciones y con ello a seguir bajo la influencia de la ideología de la clase dominante. Desde luego, no es que ya debamos salir a la calle llamando a los obreros y a los trabajadores todos a que tomen las armas, se levanten contra las fuerzas represoras del Estado y formemos el nuevo ejército del pueblo, evidentemente que no; de lo que se trata es ir avanzando en el sentido de nuestros objetivos estratégicos desde ahora, pues tampoco será en automático que nuestra clase pase de manera espontánea a una posición política más avanzada.

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