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Entre la hoz y el martillo

 

Por: Pável Blanco Cabrera
Primer Secretario del CC del PCM

 

López Obrador, al igual que otros propagandistas de la reacción niega la lucha de clases, aunque no lo establece de un modo general sino asegurando que en México no opera la lucha de clases. Estudiando la economía y su desarrollo en México se aprecia a flor de piel el antagonismo capital/trabajo y el impulso de todo acontecimiento político, económico y social encuentra raíz en la lucha de clases, de la que Marx y Engels con cientificidad demostraron es el motor de la historia.

Vayamos en concreto a explicar la vigencia de la tesis marxista con base en la pandemia del Covid-19 en México. Mucho se escucha que la crisis sanitaria afecta a todos por igual, que no importa a que clase social se pertenezca, pero los datos demuestran que no es así, que los muertos los pone la clase obrera, y que la clase dominante se ha salvaguardado.

Casi 230,000 personas han muerto en México, que ocupa el cuarto lugar mundial en decesos, resultado de una pésima gestión de la crisis sanitaria.

Pero veamos si es cierto que vamos todos en el mismo barco, o no es lo mismo la salud para los explotados que para los explotadores.

Un estudio de la UNAM explica que “la población urbana de bajos ingresos en municipios de alto nivel socioeconómico han sido los más propensos a contagiarse y a morir”. La traducción de este lenguaje de la sociología burguesa es muy simple: se ha contagiado y muerto el proletariado de las grandes concentraciones industriales del país. El estudio indica que el 94% de los muertos por covid-19 son parte de la clase obrera y sus familias, que solo 1 de cada 4 recibieron atención sanitaria en las instituciones públicas, y que la inmensa mayoría solo completó la educación básica. Por otro lado, se explica que solo el 2% de los fallecimientos han sido registrados en hospitales privados.

En México muere la clase obrera y la responsabilidad es del Estado, ya que no garantizó efectivamente la sana distancia, puesto que, en ningún momento, ni de manera temporal fueron destinados recursos públicos para asegurar que las familias proletarias se quedaran en sus casas, que cada día con angustia tuvieron que elegir entre morir de hambre en sus casas o salir a laborar, con altas posibilidades de contagio y muerte. A pesar de existir en la legislación protocolos sobre el quehacer en situaciones como esta, el Gobierno de Obrador privilegió en todo momento los intereses de la patronal, del capital, al que si fueron destinados recursos públicos. Además de las boberías presidenciales de promover como protección sanitaria estampitas religiosas y desestimar la utilidad del cubrebocas para atenuar el contagio.

Los comunistas y el movimiento obrero clasista siempre insistimos en que las muertes que la legislación, la patronal y el Estado denominan “accidentes de trabajo” no son otras cosas que crímenes industriales, por lo que siguiendo el hilo de nuestra argumentación no creemos exagerar que los cientos de miles de proletario muertos en situación de pandemia deben señalarse como un crimen del Estado mexicano, con alta responsabilidad de la socialdemocracia mexicana.

Además de la clase obrera, el impacto fue terrible sobre los pueblos originarios donde la letalidad fue al doble.

Otro dato es el aumento de la pobreza en más de 9 millones, por lo que el conjunto poblacional en esa situación alcanza ya más de 60 millones de mexicanos.

Durante varios años se lucró con que la socialdemocracia sería una opción distinta a la de otras fuerzas de la burguesía, y este recuento nos muestra, que son exactamente lo mismo.

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