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“No podemos apoyar un gobierno de conciliación de clases”

“No podemos apoyar un gobierno de conciliación de clases. Cuando Lula es elegido y toma posesión, no es un gobierno de izquierda, es un gobierno burgués, aunque socialdemócrata”

 

Entrevista de El Machete a Iván Pinheiro, ex secretario general del Partido Comunista Brasileño, entre 2005 y 2016, que asistió al VII congreso del PCM para recibir el reconocimiento David Alfaro Siqueiros.

 

El Machete (EM): Agradecemos que puedas concedernos la entrevista, camarada Iván Pinheiro. Nuestro Partido tiene un gran reconocimiento por el proceso de la Reconstrucción revolucionaria del Partido Comunista Brasileño (PCB), de hecho fue importante ejemplo para que nosotros emprendiéramos el Nuevo Paso en nuestro IV Congreso en 2010. Por favor, háblanos del contexto en que se dio la Reconstrucción Revolucionaria del PCB y en qué consistió.

Iván Pinheiro (IP): Yo estuve en el Comité Central del Partido Comunista Brasileño desde 1982. Aquel fue un Congreso clandestino, el Partido estaba en la ilegalidad. Yo había sido miembro de una organización de lucha armada, el Movimiento Revolucionario 8 de Octubre, y entré al Partido en 1974, aún en la ilegalidad.

Comencé a tener diferencias con la línea del Comité Central a finales de la década 1970, por la cuestión del Frente Democrático.

Hasta entonces, yo consideraba que aquella política era apenas táctica. En la fase más dura de la dictadura me parecía correcta, porque el movimiento sindical y de masas era muy débil, había sido muy reprimido y el PCB, también, había sido duramente golpeado, con la prisión y el asesinato de muchos miembros del Comité Central que no se habían ido para el exilio.

Pero, en el segundo semestre de 1979, la coyuntura tuvo cambios importantes, al iniciarse un proceso que la dictadura llamaba de “apertura política, lenta, segura y gradual”, con la suavización de algunas leyes de excepción y el advenimiento de la amnistía política a los perseguidos por el régimen. En este periodo, estalló un importante movimiento sindical y obrero en Brasil, varios sectores de trabajadores se fueron a huelgas. Ahí, los que divergíamos de la posición del Partido, comenzamos a defender la necesidad de una inflexión de la política de Frente Democrático por una de Frente de Izquierda con las fuerzas clasistas que estaban surgiendo, como era el caso del PT de aquella época, que no era el partido reformista de hoy, sino un PT combativo, donde había algunas corrientes que se consideraban socialistas.

Sin embargo, el PCB permaneció en alianza con sectores del llamado “centro-democrático” de la burguesía durante toda la década de los 80. Algunos camaradas, principalmente entre los que actuábamos en el movimiento sindical, comenzamos a conversar sobre esas cuestiones, y pasamos a enfrentar el reformismo en algunos episodios. El Comité Central nos imponía orientación para que nos opusiésemos a las huelgas, bajo el argumento que eran inoportunas, pues “dificultaban” a la tal transición democrática. Nosotros considerábamos lo contrario: huelgas y luchas de masas abreviaban el fin de la dictadura de carácter militar, puesto que las clases dominantes ya daban indicios de que era la hora para cambiar su forma de dictadura, esta vez como una democracia burguesa.

Entre 1982/83, los reformistas, hegemónicos en el Comité Central del PCB, impusieron nuestra ruptura con la Central Única de Trabajadores que construíamos con el PT, porque les parecía “izquierdista”. El hecho es que la alianza prioritaria era con el partido Movimiento Democrático Brasileño – MDB, el partido burgués que encabezaba el Frente Democrático. No participamos de la fundación de la CUT y ayudamos a crear otra central, conciliadora y moderada, bajo el liderazgo de sindicalistas burócratas.

Fue toda una década de lucha interna que se fue profundizando. Yo siempre concorde con las críticas que Prestes presentó cuando salió del Partido en 1980, con la “Carta a los Comunistas”. Pero, no concorde con su decisión de salir del Partido, por considerar que aún había condiciones para trabar la lucha interna.

Prestes en la década de 1980

A pesar de nuestras luchas internas contra el reformismo en varios episodios, al final de la década de 1980, los eurocomunistas y burócratas seguían siendo mayoría en el Comité Central. En Julio de 1991, cuando ya había caído el muro de Berlín y avanzaba la Perestroika, ellos intentaron liquidar el Partido, en nuestro IX Congreso. Habiendo previsto eso, nosotros creamos una tendencia interna, que asumimos públicamente. Sacamos un documento llamado Fuimos, somos y seremos comunistas, creamos el Movimiento Nacional en Defensa del PCB y fuimos al Congreso organizados ya nacionalmente y, por un pequeño margen de votos, conseguimos mantener al Partido y en él avanzamos, de ser una minoría, menor al 10% pasamos a ser cerca de un tercio en el Comité Central.

A pesar de ello, pocos días después a la caída de la Unión Soviética, la Comisión Política decide realizar una reunión del Comité Central para quince días después, en que la mayoría aprueba convocar un Congreso Extraordinario para el 25 Y 26 de enero, en São Paulo, con un punto único, que era crear una “nueva formación política”, es decir, liquidar el PCB y crear un partido socialdemócrata.

Cuando se convocó este congreso, inmediatamente empezamos un esfuerzo nacional para intentar elegir una mayoría de delegados. Era una disputa agresiva en cada conferencia de célula o del Comité Regional. Pero, no contábamos con la artimaña de la que se valieron los liquidacionistas, que transformaron los debates sobre las tesis con personas no-miembros del Partido en instancias de elección de delegados.

Calculamos que en ese “congreso” cerca de un tercio de los delegados eran de fuera del Partido. Así, de esta forma, llamamos a una Plenaria Nacional del Movimiento en Defensa del PCB para diciembre de 1991, en la ciudad de Rio de Janeiro, donde participaron camaradas de distintos Estados y ahí decidimos no reconocer el congreso fraudulento y realizar, en los mismos días, una Conferencia Política Nacional para mantener y reorganizar el Partido.

En la mañana del 25 de enero de 1992, en la ciudad de São Paulo, reunimos cerca de 400 camaradas en nuestra primera plenaria, entonces decidimos ir marchando hasta el lugar del encuentro de los liquidacionistas, donde exigimos poder hablar para exponer las razones por las cuales no reconocíamos aquel “congreso” e informar que volveríamos al lugar de nuestra reunión para realizar la Conferencia Nacional  de Organización del PCB, donde sacamos una declaración política, elegimos a un nuevo Comité Central y convocamos el X Congreso, que realizamos un año después.

Comenzamos ahí la reconstrucción revolucionaria del Partido, que fue errática en la década del 90, pues, más allá del impacto de la contrarrevolución en la URSS, había entre nosotros camaradas que quería mantener el Partido, pero no concordaban con su reconstrucción revolucionaria, objetivo que solo se desarrolló efectivamente a partir de 2005, en el XIII Congreso, cuando salieron del Partido los que querían que continuásemos apoyando el primer gobierno de Lula, que inició en enero de 2003.

Nuestro Congreso de 2005 rompió con el etapismo, definió la estrategia socialista de la revolución y el carácter marxista-leninista del Partido. Nos colocamos en oposición al gobierno de Lula y avanzamos en la reconstrucción revolucionaria, no como un proceso que tuviera una fecha de finalización, sino como un camino largo, que tenía mucho que avanzar. En seguida, realizamos la Conferencia Nacional de Organización, en marzo de 2008, y el XIV Congreso del Partido, en Octubre de 2009, al cual el PCM y el KKE asistieron, cuando  promovimos un importante Seminario Internacional y nos colocamos al lado de los partidos que para esa época ya construían la Revista Comunista Internacional, cuyos primeros números tradujimos y publicamos.

EM: ¿Qué opinaban las organizaciones de “izquierda” ante esa política del carácter socialista de la revolución y el rompimiento con el gobierno de Lula? Me refiero a lo que ocurría alrededor, al entorno político de Brasil, a Latinoamérica. ¿Qué opinaban de su partido los otros partidos comunistas y otras organizaciones? Su actuación fue clara y valiente, pues se dio en un momento donde estaba ascendiendo el progresismo.

IP: Como el PCB rompió con el gobierno de Lula, aún en la mitad de su primer gobierno, en medio a la primera “ola progresista” en América Latina, y fue uno de los pocos partidos que se solidarizó abiertamente con las FARC-EP, la “izquierda”, incluyendo algunas organizaciones comunistas, nos consideraron sectarios y ultraizquierdistas.  No tenemos autocrítica para hacer de nuestro XIII Congreso. Por el contrario, tuvimos la osadía de denunciar que el progresismo sirve para adormecer la lucha de clases, para una armonía entre el capital y el trabajo, como quedó más evidente en la segunda  y actual “ola progresista”.

Nuestra relación con otras organizaciones comunistas eran muy débiles hasta los primeros años de este siglo. Las dificultades políticas y materiales fueron grandes. Por ello, no habíamos conseguido expandir nuestras relaciones internacionales. La prioridad nuestra era sobrevivir. La Unión Soviética había caído sobre nuestra cabeza. Ninguna otra organización estaba tan comprometida con toda la historia de la Revolución Rusa. El PCdoB, por ejemplo, había sido pro-chino, pro-albanés. Las personas decían que no podíamos sobrevivir más allá de unos meses. En el movimiento comunista internacional, el PCdoB ya era fuerte, ya tenía parlamentarios, estaba en alianza con Lula, y aparecía en los foros internacionales diciendo que el PCB no existía más. Entonces solo comenzamos a aparecer y a relacionarnos con el movimiento comunista internacional a partir del inicio de la década de 2000, sobre todo después de 2005, y correctamente escogimos, desde ese momento, a América Latina como el primer entorno de contactos, más armoniosos con los PCs de México, Paraguay y Venezuela.

EM: Para nosotros fue importante ver que ustedes levantaron posiciones críticas al apoyo a Lula y al progresismo (la llamada primera ola del progresismo) cuando este fenómeno estaba emergiendo y era mirado con buenos ojos por otras organizaciones. Su temprana crítica al progresismo y la afirmación de lucha por el socialismo son un ejemplo para pensar la situación política actual. ¿Los militantes de su Partido conocen toda esta historia? ¿Hay algún documento o libro en específico que resuma todos estos elementos?

IP: Nuestros militantes y amigos conocen bien esa historia, de la cual podemos sacar muchas lecciones. Hay muchos vídeos, textos, debates y documentos en torno de este asunto. Particularmente, escribí algunos artículos al respecto, inclusive una (“La Reconstrucción Revolucionaria del PCB”), que presenté en el Seminario Internacional que el PCM realizó en 2019.

EM: ¿En qué momento nuevamente surge en el Partido la idea de concebir que podría ayudar en algo a los comunistas el progresismo, Lula otra vez, etc.? Si la trayectoria fue de rompimiento con ellos, ¿en qué momento nuevamente empieza este acercamiento? ¿Qué influyó en ese acercamiento?

IP – En las elecciones de 2002, apoyamos a Lula, desde la primera vuelta, a pesar del Comité Central estar dividido casi en el medio en relación a eso. Estaban los que ya defendíamos candidatura propia a las elecciones presidenciales, tesis que se inviabilizo para evitar el riesgo de una división en un momento inapropiado. En 2006, ya no apoyamos a Lula, sino que buscamos construir un Frente con el partido Socialismo y Libertad – PSOL, que surgió de una ruptura con el PT, con discurso hacia la izquierda. En la segunda vuelta, en vez de un apoyo explícito y formal a Lula, recomendamos votar contra su adversario, que, por ironía del destino y como prueba del giro oportunista del PT era Geraldo Alckmin, el mismo que es hoy vicepresidente de Lula en su tercer gobierno.

Sin cualquier diálogo con el PT y ya declarándonos previamente en oposición a su gobierno, en el caso de la victoria, apoyamos críticamente a Lula contra Alckmin con un documento llamado: “Derrotar a Alckmin en las urnas y a Lula en las calles”. Era un voto mucho más contra Alckmin, de que a favor de Lula, es decir, una clara opción por el “mal menor”.

En las elecciones de 2010 y 2014 no participamos más de frentes de izquierda y presentamos candidatos propios para la presidencia de la República y los demás cargos en disputa, con el objetivo de presentar nuestra línea política, sin cualquier conciliación o ilusión electoral, denunciando el capitalismo y la democracia burguesa.

En 2018, el Comité Central del Partido, a mi juicio de forma equivocada, retorno a la política del frente de izquierda y volvió a apoyar a los candidatos a presidente y gobernadores del PSOL que, 12 años después de su fundación, ya había profundizado significativamente su vocación de partido socialdemócrata, volviéndose para la lucha parlamentaria, con un discurso centrado en la humanización y democratización del capitalismo y en la construcción gradual y pacífica del llamado “socialismo democrático”. En 2020, en las elecciones municipales, el PCB repitió esa política de alianza con el PSOL.

Ahora en 2022, el PSOL, radicalizando su giro oportunista, opto por apoyar a Lula y a los candidatos a gobernadores estaduales indicados por el PT y sus aliados, desde la primera vuelta, cuando estaba evidente que Alckmin sería el candidato a vicepresidente y que el PT costuraba una alianza con sectores de la burguesía, apuntando para un gobierno con más conciliación de clase que los anteriores.

Esta decisión del PSOL sin duda tuvo importante peso para que el PCB optase por una política electoral más adecuada, al presentar en la primera vuelta una nueva candidatura propia a la presidencia de la República, para señalar a independencia del Partido y presentar sus objetivos y propuestas.

Ya en la segunda vuelta, el PCB apoyo formalmente a Lula contra Bolsonaro, denunciando correctamente la tendencia ultraderechista de ese gobierno, sus políticas antipopulares y intenciones golpistas. A mi ver, los problemas se dieron en la forma de apoyar a Lula en la segunda vuelta, cuando faltó dejar claro para los trabajadores que no tuviesen cualquier ilusión con el tercer gobierno de Lula, pues estará fundamentalmente al servicio de los intereses del capital, de la conciliación de clases, con la cooptación y moderación del movimiento sindical y popular, aunque venga de forma correcta a revocar políticas y leyes reaccionarias, inhumanas y incluso genocidas de Bolsonaro.

Es cierto también que Lula adoptará medidas compensatorias para mitigar el hambre y la pobreza extrema, mientras no alterará en nada la perversa distribución de renta en Brasil. Y no esperemos del nuevo gobierno la revocación de las contrarreformas que redujeron derechos de los trabajadores y de las privatizaciones ya llevadas a cabo y ni de los fundamentos de la política económica liberal, a menos que un estallido social levante a las masas populares y encuentre una vanguardia a la altura de sus responsabilidades.

Es necesario entender que el nuevo gobierno es resultado de un pacto con sectores burgueses para superar este ambiente de euforia, apoyo irrestricto y de conciliación total con Lula, reinante en las llamadas izquierdas, incluso en partidos con estrategias revolucionarias, agravado con la reciente tentativa golpista, y que tiene como causa una super estimación del riesgo de la implantación del fascismo en Brasil, que llevó a priorizar la bandera “fuera Bolsonaro” durante los 4 años de su gobierno, que fue utilizada por la burguesía brasileña para aprobar en el parlamento todas las contrarreformas de que necesitaba para mantener y expandir la reproducción del capital en plena crisis del sistema.

EM: Exacto, que Bolsonaro tenga alguna idea fascista no significa que la burguesía decida el fascismo como forma de gestionar el capital en Brasil.

IP: Dije eso claramente cuando tuve la honra que me dio el PCM para presentar una ponencia en su reciente VII Congreso.

Si hubiese dependido solo de la voluntad de Bolsonaro, en su mandato él habría cerrado el Congreso, callado a la rama judicial, avanzado en algunas medidas fascistizantes en Brasil. Solo que en la actual coyuntura brasileña a la burguesía eso no interesa. El fascismo es un arma que ella utiliza solo cuando lo necesita.

Los acontecimientos del último 8 de enero en Brasil nos permiten sacar conclusiones importantes.

Hasta el momento en que escribo estas líneas, el cuadro es altamente favorable  a Lula y desfavorable a la ultraderecha. Prácticamente casi todas las instituciones y líderes burgueses repudiaron de forma vehemente la tentativa de golpe y exigen la punición de los golpistas, inclusive, sus financiadores y organizadores, lo que podrá alcanzar a Bolsonaro y su entorno.

Pero, es necesario reflexionar que ese apoyo decisivo de las clases dominantes, incluyendo sectores que se apartaron de Bolsonaro, tendrá su precio cobrado a Lula en forma de más conciliación en la gestión de la economía, sobre todo para que el nuevo gobierno no toque en las contrarreformas y privatizaciones de los últimos años, en la llamada “responsabilidad fiscal” y en la autonomía del banco Central.

La primera conclusión es que la tentativa frustrada de golpe que se hizo en Brasilia por el sector bolsonarista más radical revela que a la burguesía brasileña no le interesa el fascismo en esta coyuntura, sobre todo para que Brasil no se torne un país paria y eso venga a perjudicar las inversiones extranjeras que el capitalismo aquí necesita para superar su crisis. Eso no significa decir que no existen riesgos de nuevas tentativas golpistas, que la ultraderecha desaparecerá, ni que la burguesía trate a su democracia como valor universal y descarte golpes, dictadura y hasta el fascismo.

La segunda es que, en el presente momento – después de implementadas las principales contrarreformas a favor del capital y con el hambre y la miseria llegando al fondo de pozo – la democracia burguesa con un gobierno de conciliación de clases es la mejor fórmula para inversiones, retomar el crecimiento de la economía y las tazas de lucro del capital.

La tercera es que, no solo en Brasil, los golpes y las dictaduras de derecha no son decididas por los militares, sino por las clases dominantes para las cuales estés en general están a servicio. La dictadura surgida con el golpe de 1964 en Brasil fue militar apenas en la forma, pero, decidida y mantenida por la burguesía y duró hasta el momento en que a esta no le convenía más.  ¡La burguesía no tiene ideología, tiene intereses!

La cuarta conclusión es la que la historia nos enseña: las burguesías solo recurren al fascismo cuando la correlación de fuerzas les es desfavorable y delante del riesgo de insurgencias y revoluciones proletarias. Esta no es, ni de lejos, la situación en Brasil, donde la hegemonía burguesa es indiscutible delante de un movimiento sindical degenerado y una izquierda hegemónicamente reformista, institucional y cada vez más identitaria.

El problema es que la tentativa frustrada del golpe de la ultraderecha aumenta la tendencia entre las llamadas izquierdas, inclusive entre algunos comunistas, de posponer la cuestión del socialismo para garantizar la gobernabilidad de Lula y de la democracia burguesa. Mi preocupación es que no caigamos en el error de considerar que el gobierno de Lula estará las 24 horas de cada día amenazado por un golpe fascista y, por tanto, debemos cerrar filas con él. Es correcto y muy importante luchar contra tentativas de golpes y dictaduras de ultraderecha, marchando en calles diferentes de la burguesía “democrática”. Pero no podemos apoyar un gobierno de conciliación de clases. Cuando Lula es elegido y toma posesión, no es un gobierno de izquierda, es un gobierno burgués, aunque socialdemócrata.

Otro error, en el campo que llamamos de “izquierda”, es exigir con vehemencia por la punición de los golpistas evocando a la vigente ley antiterrorismo – sea dicho de paso, ¡en vigor gracias a la iniciativa del gobierno petista de Dilma Rousseff – y valorizar como heroicas y audaces a personalidades e instituciones que conciliaron con las tentativas golpistas durante 4 años y que serán mucho más rápidas, eficientes y duras si osamos ejercer el derecho de la rebelión de los pueblos!

Me parece también un gran error que un Partido Comunista declare que concentrará sus energías en la lucha contra el fascismo y el neoliberalismo. Es como decir que va a continuar defendiendo el “estado democrático de derecho” y luchando por un capitalismo más humano. La principal tarea de los comunistas brasileños hoy es la movilización, concientización y organización, en especial de la clase operaria y del proletariado en general, en las luchas por la revocación de las contrarreformas, por más derechos sociales, económicos y políticos y en la perspectiva de su emancipación por la única vía posible, la revolución socialista!

EM. Agradecemos la entrevista que nos concedió camarada Iván Pinheiro, y lo felicitamos por el reconocimiento al mérito militante que el PCM le entregó en el marco del VII Congreso.

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