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Tina Modotti: Arte, lucha y pasión al servicio de la causa obrera

Cristina Espitia

En las calles de Udine, Italia, un 16 de agosto de 1896 nació Assunta Adelaide Luigia Modotti Mondini, la mujer que el mundo conocería como Tina Modotti. Creció cercana a la causa obrera y la fuerza de las ideas socialistas que ya entonces florecían en Europa. A los doce años cruzó el Atlántico con rumbo a Estados Unidos, donde dio sus primeros pasos en el teatro, el cine silente de Hollywood,  como actriz y modelo.

Las tierras mexicanas la cautivaron no sólo por lo pintoresco de sus paisajes, sino por la pasión de su gente. Llegó en 1923 acompañando al fotógrafo Edward Weston, y muy pronto halló su propia voz detrás del lente.

En las páginas de publicaciones como El Maestro Rural, comenzaron a aparecer aquellas imágenes que no se parecían a ninguna otra. Tina dirigía su lente hacia los obreros que forjaban el día, los campesinos que araban la tierra, los pueblos indígenas que sostenían la memoria y las mujeres trabajadoras que resistían en silencio el yugo de la opresión. Su mirada derrumbaba el relato impuesto por una época donde el hombre dictaba los horizontes de la historia, y revelaba una fuerza que pocas veces había encontrado espacio en la fotografía.

Tina no fue sólo una profunda observadora; fue parte activa de la transformación cultural y política. Se integró rápidamente al círculo de artistas e intelectuales de la época y compartió proyectos y luchas con figuras como Lola Álvarez Bravo, Aurora Reyes y Carmen Mondragón (Nahui Ollin). Inició su militancia en el Partido Comunista Mexicano, acompañando a Frida Kahlo, Concha Michel, Benita Galeana y Cuca García, y colaboró en medios de línea revolucionaria como El Machete.

Las fotografías de Tina Modotti son ventanas a un México que trabajaba, que resistía y que soñaba con transformarse, un México vigente en pleno 2025.  Con su cámara, supo romper los estereotipos que confinaban a la mujer a la fragilidad, a la esfera privada y en su lugar retrató el poder de las manos campesinas, la mirada firme de las obreras y la lucha apasionada de las mujeres indígenas. En cada imagen, la mujer aparece como artífice histórico, protagonista de su devenir pero no de su contexto,  como columna vertebral de la vida comunitaria, en un país donde el discurso oficial seguía dominado por el género masculino.

Tina Modotti. Mujeres de Tehuantepec. (1929

Tina Modotti. Mujeres de Tehuantepec. (1929)

Su lente se volvió cómplice de los obreros que forjaban acero, de los campesinos que abrían surcos y de los pueblos originarios que sostenían las raíces de la nación. Tina no buscó la postal pintoresca ni la imagen complaciente: construyó un perfil fotográfico propio, austero, contundente y profundo donde la geometría de las herramientas de trabajo dialogaba con los surcos de la piel curtida y la ropa humilde. En su obra, la vida cotidiana  y la lucha se entrelazan; la pala, el rebozo o el telar dejaban de ser simples herramientas para convertirse en emblemas de resistencia.

Bajo una mirada militante, Modotti convirtió la fotografía en denuncia política a través de la protesta visual del reflejo social de un país roto. Retrató la marginación de las mujeres indígenas, pero también su temple. Sus encuadres rara vez eran accidentales: la sombra proyectada sobre un maíz, la mano que sostiene una bandera roja, el perfil de una mujer con rebozo mirando hacia el horizonte, todo hablaba de un México desigual pero en movimiento, un México desigual pero de lucha, donde la mujer trabajadora emergía como protagonista silenciosa de su historia.

En 1929 presentó su primera exposición fotográfica individual, un hecho pionero: una mujer exponiendo, por primera vez, fotografía en México, y además con una mirada social sin concesiones. Sus imágenes desafiaron los estereotipos de la feminidad y dieron protagonismo a las manos callosas de las obreras, a los rostros indígenas, a las herramientas del trabajo.

En 1930 fue obligada a abandonar México. Sus pasos la llevaron a buscar refugio en Cuba, Holanda y Estados Unidos, pero en todos encontró el rechazo. Terminó en Berlín, donde presenció en carne propia el avance del nazismo, y más tarde partió hacia la Unión Soviética. Desde allí emprendió camino a España, en plena Guerra Civil, donde se unió al Quinto Regimiento, colaboró con las Brigadas Internacionales y brindó auxilio a los huérfanos que huían del éxodo republicano.

Para 1939, regresó a México, durante el gobierno Cardenista. Se integró a grupos antifascistas de orientación comunista y continuó su militancia. Su vida se apagó el 5 de enero de 1942, en Ciudad de México, víctima de un infarto, aunque siempre rodeada de misterio y sospecha.

 

Su legado fotográfico, breve pero intenso, sigue más vivo que nunca: una obra que unió arte, pasión y compromiso, donde la cámara fue fusil, testimonio y esperanza. Cada imagen suya parece contener la respiración de una época que buscaba justicia, y aún hoy sus fotografías no sólo se miran: se sienten, interpelan, incomodan, despiertan y resguardan la memoria colectiva de un pueblo oprimido con sed de justicia. En ese claroscuro de lucha y belleza, Tina dejó no sólo imágenes, sino una manera de mirar el mundo: con la certeza de que el arte puede ser una forma de resistencia y que cada disparo de su lente era también un acto de fe en los de abajo.

La obra de Tina Modotti sigue siendo vital hoy en día,  porque nos recuerda que la imagen no es neutra: puede ser herramienta estética, pero también de reflexión social y de cambio. En tiempos donde las desigualdades persisten y las voces de los trabajadores, las mujeres y los pueblos originarios aún luchan por ser escuchadas, por un gobierno que les sigue invisibilizando, sus fotografías nos interpelan: ¿cómo percibimos nuestra realidad y qué decidimos mostrar del mundo que habitamos? Su mirada, cargada de compromiso social y sensibilidad artística y política demuestra que el arte puede ir más allá de la contemplación estética; puede denunciar, inspirar y movilizar.

En una era saturada de imágenes fugaces carcomidas por la banalidad de las redes sociales, Modotti nos enseña que una fotografía puede ser memoria, resistencia, pasión y esperanza, siempre que se dispare desde la empatía y la conciencia de clase.

 

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