Perspectivas del IV Congreso de la Juventud Comunista: organizar la fuerza juvenil para la revolución
Ernesto Santrich, secretario Político del FJC
El IV Congreso de la Juventud Comunista se coloca como un punto que abre un nuevo periodo de trabajo, en donde se condensan las lecciones acumuladas y se proyecta con mayor claridad la tarea que tenemos por delante en condiciones cada vez más complejas y al mismo tiempo más ricas en posibilidades, nos encontramos en un escenario internacional marcado por un mundo en llamas, por la agudización de las contradicciones interimperialistas, por la multiplicación de los focos de conflicto que nos llevan a una guerra generalizada, donde la barbarie capitalista se expresa sin mediaciones en la vida de millones de jóvenes en todo el mundo, desde Ucrania hasta Palestina, desde América Latina hasta Oriente Medio, a su vez en nuestro continente se profundiza un periodo de agresiones contra los pueblos, con la política de asfixiar a Cuba y la intervención hacia Venezuela, lo que deja claro que la agresión imperialista también puede expresarse en México en cualquier momento, esto se combina con sus efectos económicos inmediatos, como ocurrió en 2022 con la guerra en Ucrania que disparó los precios de alimentos, combustibles y servicios, y que hoy vuelve a repetirse con la escalada en Oriente Medio, golpeando directamente el costo de la vida de la clase trabajadora, por eso tenemos claridad en que todo esto responde al propio desarrollo del capital que desemboca en guerras, en una verdadera confrontación de tiburones por la primacía en el sistema, y en ese sentido la guerra, la barbarie y la destrucción son el paisaje cotidiano de nuestra clase, por eso ninguna gestión del capitalismo, ni la socialdemocracia con sus programas ni con la militarización, puede resolverlo, la única salida real pasa por el derrocamiento del capitalismo
Es en este escenario el Frente de la Juventud Comunista se enfrenta a nuevas oportunidades para la organización de las luchas juveniles, porque incluso en condiciones de una correlación de fuerzas adversa, se desarrollan procesos en el movimiento obrero, popular y juvenil que abren espacios para la intervención comunista, contradicciones que generan disposición a la lucha y cuestionamientos a la política dominante. La cuestión central entonces no es si existen o no condiciones, sino cómo intervenimos en ellas, cómo trabajamos como destacamento de vanguardia entre la juventud de las familias obreras para multiplicar estos procesos, para darles dirección, para dotarlos de contenido y perspectiva, porque solo la Juventud Comunista como juventud revolucionaria del PCM puede transformar ese cuestionamiento difuso en una fuerza organizada, con orientación subversiva que se convierta en una amenaza real para el sistema de explotación.
Es por ello que un punto central de la discusión es nuestra intervención, combinada en lo político, lo ideológico y lo organizativo, logra penetrar en amplios sectores juveniles, para disputar a la juventud, y por tanto, cómo se va configurando un criterio de pensamiento de clase, cómo se amplían y profundizan nuestros lazos con estudiantes, jóvenes trabajadores, desempleados, jóvenes del campo, mujeres jóvenes, migrantes, es decir, con las masas concretas que le corresponden a la juventud comunista. Para ello es condición indispensable la promoción de la política del PCM, como una convicción profundamente asimilada por cada cuadro y militante, que atraviese el funcionamiento interno, que oriente la práctica, que se traduzca en acción concreta en cada espacio donde intervenimos, porque solo así puede convertirse en una fuerza viva capaz de organizar y orientar la lucha.
En este último periodo hemos acumulado experiencia valiosa que confirma que cuando nuestras ideas revolucionarias se combinan con una intervención decidida en la organización de la juventud pueden dar resultados, que cuando no nos limitamos a la denuncia sino que impulsamos organización, coordinación y lucha, logramos aportar a la reorganización de un nuevo movimiento obrero y popular, y en ese proceso la Juventud Comunista ha venido dando su contribución con las masas que le corresponden, particularmente entre estudiantes y jóvenes trabajadores.
Esa experiencia también nos muestra los límites, las contradicciones propias de intervenir en condiciones de desmovilización, pero lejos de ser un freno se convierten en base para avanzar con mayor claridad, porque confirman que es posible preparar condiciones para un desarrollo superior; por eso en el próximo periodo colocamos en el centro el fortalecimiento de la Juventud Comunista, su desarrollo ideológico, político y organizativo en todos los espacios, la asimilación profunda del programa del Partido y su proyección viva en el movimiento, para que cada vez más jóvenes no solo se inconformen sino que se incorporen al conflicto abierto con el sistema capitalista.
No ignoramos que todo esto se desarrolla en medio de una ofensiva de la clase dominante, que combinan represión y mecanismos de sometimiento, que buscan canalizar la protesta hacia salidas inofensivas, que despliegan una intervención ideológica cada vez más sofisticada desde edades tempranas, donde el sistema educativo, los medios, las ideas dominantes reproducen la lógica del lucro, la competencia, la distorsión de la historia y el anticomunismo.
Precisamente por eso nuestra intervención no puede limitarse a un solo sector ni a un solo momento, tenemos que disputar a la juventud en todos los espacios donde se forma la juventud, desde las edades más tempranas, hasta niveles hasta los espacios de estudio y trabajo, enfrentando las ideas dominantes, rompiendo la normalización de la explotación, cultivando valores opuestos a los del capital, la solidaridad, la acción colectiva, la confianza en la fuerza de la clase trabajadora, el odio de clase frente a la injusticia que hoy impera.
Esto implica también elevar nuestra capacidad de demostrar en la práctica la necesidad del comunismo, como una conclusión que se desprende de la experiencia concreta de la lucha, porque no puede haber desarrollo de la conciencia si no se combate al mismo tiempo a la socialdemocracia que hoy pesa sobre el movimiento obrero y juvenil, que limita, que desvía, que adapta la inconformidad a los márgenes del sistema; Partimos de una realidad donde aún no estamos plenamente en el seno de las masas, donde en muchos espacios intervenimos desde fuera, pero con una orientación clara de penetrar, de arraigarnos, de elevar la conciencia de clase, de transformar esa intervención en organización estable, porque es así como se construye una fuerza real. En cada problema que enfrenta la juventud, en cada forma de violencia, en cada expresión de precariedad, tenemos la tarea de mostrar su carácter estructural, su raíz en la explotación, pero también de señalar la salida política, de vincular esas experiencias con la necesidad de una transformación radical de la sociedad.
Porque es así como se van modificando las condiciones subjetivas, como se prepara el terreno para que en una situación de choques de clase más profundos puedan convertirse en acción revolucionaria, y para ello es indispensable que esa conciencia se objetive, que se materialice en organización, en estructuras estudiantiles, sindicales, populares, en formas concretas de lucha y en consecuencia los contornos organizativos de la Juventud Comunista no son estáticos, se van ampliando en la medida en que avanzamos en esta tarea, abriendo paso hacia nuestros objetivos estratégicos y de que irrumpa el socialismo-comunismo. Por eso también una de las tareas centrales es elevar nuestra capacidad de proyectar el socialismo-comunismo, como el sistema capaz de responder a las necesidades de la juventud, donde la producción se organice en función de la inmensa mayoría, donde la ciencia y la tecnología estén al servicio del pueblo, donde sea posible reducir la jornada laboral, eliminar el desempleo, garantizar educación integral, salud, y la felicidad de nuestra clase.
El IV Congreso nos coloca entonces frente a una tarea clara, fortalecer a la Juventud Comunista para que sea capaz de intervenir de manera más amplia y más efectiva en la juventud, para que contribuya a cambiar la correlación de fuerzas, para que prepare a su contingente juvenil para las tareas que nos impone la lucha de clases. Porque de lo que se trata es de eso, de organizar, de unir, de luchar, de llevar a cada vez más jóvenes a cuestionar a la clase dominante, a romper con las ilusiones del sistema y a incorporarse a la lucha por una nueva sociedad, y en ese camino la Juventud Comunista asume su responsabilidad como vanguardia juvenil en la lucha por la revolución socialista.
