Planeación capitalista, resistencia popular: el verdadero rostro del PGD
Celeste Samperio
El Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México no es un instrumento neutral ni un simple documento técnico, es una expresión concreta de cómo el capital organiza el territorio y define el rumbo de la ciudad en función de sus intereses.
Impulsado por el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva, este plan pretende proyectar el desarrollo de la ciudad hacia los próximos 20 años. Sin embargo, su proceso de consulta durante este 2026 evidenció desde el inicio sus límites: baja participación, escasa difusión y una población mayoritariamente ajena a su contenido.
La consulta pública, que originalmente debía concluir en febrero de 2026, fue extendida oficialmente hasta el 10 de abril, bajo el argumento de “ampliar la participación”, pero esta ampliación no resolvió el problema de fondo: la exclusión de amplios sectores del pueblo trabajador y de los pueblos originarios de hecho, conforme avanzó el proceso, crecieron las críticas y la movilización social, diversos colectivos denunciaron que el plan centraliza decisiones y favorece intereses inmobiliarios, impulsando dinámicas de gentrificación y turistificación en la ciudad.
Pueblos originarios y organizaciones territoriales señalaron que la consulta no fue real, ya que en muchos casos no se realizaron asambleas comunitarias ni procesos adecuados de participación, incluso se documentó que solo una parte mínima de los pueblos fue efectivamente consultada, lo que desató protestas y llamados a movilizarse. Estas inconformidades se expresaron en las calles, en abril de 2026 se convocaron marchas y concentraciones contra el plan bajo consignas como “No nos preguntaron”, denunciando su carácter impositivo. Asimismo, habitantes, Copacos y organizaciones presentaron miles de firmas para exigir la reposición del proceso y realizaron protestas frente a instancias de gobierno.
A pesar de estas manifestaciones, el gobierno capitalino dio por concluida la consulta el 10 de abril de 2026, iniciando la fase de reformulación del documento para su posterior envío al Congreso. Este proceso confirma lo que Karl Marx señalaba en el Manifiesto del Partido Comunista: el Estado no actúa como un árbitro neutral, sino como administrador de los intereses de la clase dominante, la planeación urbana, en este sentido, no escapa a esa lógica.
El modelo que se impulsa no es nuevo, la ciudad continúa configurándose como un espacio para la inversión, la especulación y la acumulación, mientras se abren paso proyectos inmobiliarios y procesos de valorización del suelo, mientras las condiciones de vida de la clase trabajadora siguen deteriorándose.
El Metro de la Ciudad de México, que sostiene la movilidad de millones, es un ejemplo claro del abandono de aquello que no responde directamente a la lógica de ganancia.
Esto no es accidental, como se plantea en El Capital, el capitalismo convierte las condiciones de vida en mercancía, la ciudad, en este proceso, deja de ser un espacio colectivo para transformarse en un terreno de valorización del capital. No es casual que, en paralelo, la presidenta Claudia Sheinbaum sostenga reuniones con gigantes del capital financiero como BlackRock, mientras al pueblo se le ofrece una consulta simulada, al capital se le abren las puertas para definir el rumbo del territorio.
Por ello, la llamada consulta no puede entenderse como un ejercicio democrático real, sin participación efectiva, sin información generalizada y sin capacidad de decisión del pueblo, lo que existe es simulación. Y una consulta real, sin duda demostraría que los intereses de los trabajadores que habitamos la ciudad son contrarios a los intereses de los empresarios y monopolios de la construcción que beneficia el gobierno.
Una ciudad para los trabajadores no es posible bajo el capitalismo, y enfrentar la falsa consulta es un primer paso para hacer a más trabajadores conscientes de que se necesita una nueva planeación de la ciudad, pero, sobre todo, una nueva planeación de la sociedad en que se contemple como central el bienestar de los trabajadores, es decir, una sociedad socialista.
