El rearme de Japón
Breves Internacionales
El rearme de Japón
Por Francisco Olivera
En medio de las crecientes tensiones internacionales provocadas por los choques imperialistas, los capitalistas japoneses avanzan en el camino del rearme.
El gobierno de Japón anunció este mes la creación de la Agencia Nacional de Inteligencia, un organismo que centralizará la información de seguridad de la policía, los servicios de inteligencia y los ministerios de Defensa y Exteriores. Esto significa la mayor reforma en décadas, se produce dentro de la política del incremento del gasto militar, crecimiento del nacionalismo y el endurecimiento de la retórica de la primera ministra, Sanae Takaichi, en el rubro militar.
La recién creada agencia tendrá como función recopilar y procesar la información dispersa entre las distintas fuerzas de seguridad y ministerios. Esta información elevará sus informes al Consejo Nacional de Inteligencia, que fijará las prioridades estratégicas. El anuncio coincide con la publicación de un artículo del New York Times que señala que docenas de espías rusos se habrían establecido en Japón. En este se señala que Japón “se convirtió en un foco clave del esfuerzo del Kremlin para comprar componentes de armas, enviarlos a Rusia y evadir las sanciones internacionales”[1]
La creación de la agencia de inteligencia es una pieza más dentro de la estrategia de fortalecimiento militar impulsada por la administración Takaichi. La primera ministra ha hecho del rearme un punto central de su agenda política, argumentando la necesidad de “proteger los intereses nacionales en el entorno de seguridad más severo y complejo desde el período de posguerra”.
Este proceso no es nuevo, es la aceleración de una tendencia iniciada hace más de una década, que busca preparar las condiciones internas para el rediseño de sus fuerzas militares y su proyección regional, en consonancia con la estrategia de Estados Unidos para el Indo-Pacífico.
Según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, el gasto militar mundial alcanzó los 2,887 mil millones de dólares en 2025, lo que supone un aumento respecto al año anterior, y confirma la tendencia iniciada hace más de dos décadas.
Japón incrementó su presupuesto de defensa un 9,7%, hasta los 62,200 millones de dólares, lo que equivale al 1,4% de su Producto Interno Bruto, su nivel más alto desde 1958. Si se compara con los 40,900 millones de dólares destinados en 2015, el incremento es de prácticamente un 30%. Este desembolso está alineado con el plan de desarrollo militar 2022-2027.
El crecimiento continuo ha sido alentado por Estados Unidos que ha pedido a sus aliados de la OTAN llegar al 5%. Aunque Japón no pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte se ha sumado a esta tendencia.
El giro militarista no solo se refleja en las cifras. El gobierno ha impulsado una serie de movimientos políticos que incluyen el despliegue de misiles de largo alcance, capaces de alcanzar territorio chino en el sur del país, así como la derogación de las prohibiciones de posguerra a la exportación de armas, una medida orientada a fortalecer la industria de defensa nacional. En el plano diplomático, Japón ha endurecido su postura en el Mar de China Meridional y ha estrechado acuerdos de cooperación militar con Filipinas.
Al mismo tiempo, se reactiva el debate sobre la reforma del artículo 9 de la Constitución japonesa, cuyo texto actual renuncia a la guerra y prohíbe el mantenimiento de fuerzas armadas. Desde el mandato de Shinzo Abe, el gobierno ha impulsado la interpretación de que una “crisis de supervivencia nacional”, como el inicio de operaciones chinas y norteamericanas en Taiwán, habilitaría el ejercicio de la legítima defensa colectiva. Esta línea interpretativa fue secundada por los sucesivos primeros ministros Yoshihide Suga, Fumio Kishida y Shigeru Ishiba, allanando el camino para una eventual reforma constitucional. La actual primera ministra, Sanae Takaichi, ha profundizado en esa dirección: en un mensaje de video dirigido a defensores de la reforma, subrayó que la ley suprema de la posguerra “debe actualizarse periódicamente de acuerdo con las exigencias de la época”.
Ante las declaraciones para reformar el artículo 9, en abril, 30 mil personas participaron en un mitin en Tokio, con pancartas que decían “No a la guerra”.
El giro en la política de seguridad japonesa ha tenido una respuesta inmediata de Pekín. A finales de junio, el Ministerio de Comercio de China incluyó a 20 empresas y organizaciones japonesas en una lista de control de exportaciones de artículos de doble uso (civil y militar), prohibiendo la venta de materiales como tierras raras. Otras 20 entidades fueron añadidas a una lista de vigilancia con controles más estrictos. Sumando las medidas anunciadas en febrero, Pekín mantiene ahora a 40 empresas japonesas en cada una de estas dos listas de restricción.
Este es un paso más en el enfrentamiento de los capitalistas en la disputa por el control de los mercados y la ganancia. En esta disputa los pueblos no tienen nada que ganar.
[1] https://www.nytimes.com/2026/07/13/world/asia/japan-intelligence-agency.html

