A 50 años de Valentín Campa: construir poder popular más allá de las urnas

“La política no se reduce a los ciclos electorales; se construye desde lo cotidiano, en la disputa territorial y organizativa del poder”
Por: Alejandro del Toral
La candidatura presidencial no registrada de Valentín Campa en 1976 representa una de las experiencias organizativas más importantes del Partido Comunista Mexicano y una demostración de lucha contra el régimen. En un sistema político caracterizado por el dominio hegemónico del Partido Revolucionario Institucional y la ausencia de competencia electoral para José López Portillo, la postulación de Campa no debe entenderse únicamente como una candidatura simbólica, sino como una forma de agitación política organizada por y para la clase trabajadora.
La experiencia de 1976 permitió abrir un debate estratégico dentro del movimiento obrero mexicano respecto al papel del electoralismo. A diferencia de posiciones que concebían la participación electoral como un fin en sí mismo, la experiencia posterior del proceso de liquidación del PCM por el oportunismo nos permite concluir que la estrategia electoral es una herramienta táctica, subordinada a la construcción del poder popular desde abajo.
En este sentido, en 2024, el Partido Comunista de México impulsó la candidatura no registrada encabezada por Marco Vinicio Dávila Juárez —que habría obtenido cerca de cien mil votos—, retomando la denuncia de la falta de derechos político-electorales para los representantes de la clase trabajadora, así como la crítica a las reformas que limitan el registro de partidos políticos ante el Instituto Nacional Electoral.
A 50 años de la experiencia de Valentín Campa y a 2 años de la experiencia de Marco Vinicio, la enseñanza de ambos procesos no reside únicamente en la participación electoral, sino en la necesidad de articular una estrategia política desde múltiples niveles de organización. Esto incluye la intervención de cuadros revolucionarios en estructuras como los COPACIS, comités vecinales, sindicatos, movimientos estudiantiles, así como la aspiración de contender por cargos de elección popular desde abajo, como presidencias municipales, sindicaturas, regidurías y diputaciones locales.
La política, desde esta perspectiva, no se reduce a los ciclos electorales, sino que se construye desde lo cotidiano, en la disputa territorial y organizativa del poder. La presencia de cuadros políticos vinculados al movimiento obrero en gobiernos locales y espacios institucionales permitiría no solo disputar recursos, sino también contrapesar la hegemonía ideológica de bloques políticos dominantes como Morena, PRI, PAN y Movimiento Ciudadano.
Las lecciones de la campaña de Campa no son únicamente históricas, sino estratégicas: la necesidad de construir poder desde abajo, sin abandonar la disputa electoral, pero sin reducir la política al terreno institucional, en un momento en donde nada ha cambiado y, al mismo tiempo, todo debe cambiar.
