Octubre: no olvidemos a la RDA
Jesús Ramírez

Octubre es un mes importante para los comunistas, debido principalmente a la Revolución de Octubre, la toma del poder por parte de los bolcheviques que marcó el inicio de la construcción del primer Estado obrero de la historia (pese a que en nuestro calendario ocurrió el 7 de noviembre de 1917). Sin embargo, hubo otro Estado obrero y campesino que también apareció (y después desapareció) durante el mes de octubre: la República Democrática Alemana.
La RDA nació el 7 de octubre de 1949 en la Zona de Ocupación Soviética, apenas unas semanas después de la proclamación unilateral y traidora de la República Federal de Alemania por parte de estadounidenses, británicos y franceses. Desde 1945 habían sido unos años tumultuosos, durante los cuales las autoridades soviéticas habían intentado cumplir con los acuerdos de Potsdam, mientras que los Aliados occidentales habían hecho todo lo posible por evitar que el pensamiento socialista se consolidara en su zona de ocupación. Tales fricciones culminaron en la aparición de las dos Alemanias y en la apertura del principal frente europeo de la Guerra Fría.
Desde el inicio, la Alemania democrática se enfrentó a serias desventajas materiales frente a la Alemania federal. Para empezar, la zona de ocupación soviética había sido un área poco industrializada, y los nazis había realizado políticas de tierra quemada al huir del avance del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial. La brutalidad de los combates entre el Ejército Rojo y la Wehrmacht también habían causado un nivel de destrucción sin precedentes en aquella zona de Alemania. En contraste, la zona de ocupación occidental sufrió de menores daños, además de recibir dinero del Plan Marshall, dinero con el que Estados Unidos compró la lealtad y soberanía de Europa occidental en la posguerra a cambio de su reconstrucción.
Pese a este punto inicial tan bajo, la Alemania democrática se alzó de entre las ruinas, como reza la primera frase de su himno nacional. Bajo la dirección del Partido Socialista Unificado de Alemania, de ideología marxista-leninista, la sociedad alemana oriental construyó un país basado en la cooperación, la solidaridad y la conciencia de clase. Los vecinos cuidaban sus jardines, sus calles y sus edificios, y se organizaban para que todos tuvieran algo que hacer en el vecindario. Las mujeres alcanzaron niveles de igualdad sin precedentes en su época, gracias a la socialización de la crianza por medio de la creación de una extensa red de guarderías y Kindergartens (literalmente jardines de niños) gratuitos o de costo bajísimo. Se legalizó el aborto, se eliminó la discriminación y el pago desigual por género, y se les motivó para crear carreras en la academia y en la política.
La RDA nunca dejó de construir vivienda para sus ciudadanos. También llegó a estar entre las diez primeras naciones industrializadas del mundo, pese a los embargos económicos liderados por la Alemania federal y el resto de occidente. Legalizó la homosexualidad antes que la RFA y presumía de una tasa de criminalidad bajísima, en comparación con su contraparte occidental. La población se alimentaba bastante bien, al mismo nivel o incluso mejor que la de la Alemania federal y otros países europeos de la época. En el ámbito internacional, la RDA tejió una red de internacionalismo proletario. Acogió a muchos chilenos que huían del golpe de Estado de Pinochet; forjó relaciones diplomáticas, económicas y académicas con Vietnam, Cuba, Corea del Norte, Siria, Yemen y Palestina, llegando a apoyar la resolución 3379 de las Naciones Unidas que condenaba el sionismo como una forma de racismo.
Las contrarrevoluciones que sucedieron en el Bloque del Este alcanzaron finalmente a la Alemania democrática en 1989. Mijaíl Gorbachov, impulsor de las reformas liberalizadoras en la URSS, negoció con el imperialismo la reunificación de Alemania, pues había sido la condición impuesta para lograr la “convivencia pacífica”. Por ello, Erich Honecker, entonces Secretario General del PSUA, se opuso a tales políticas, pero una enfermedad le impidió lanzar la lucha ideológica. El resultado de tales políticas fue devastador para la Alemania oriental: el 85% de las empresas estatales se privatizó, llevando la riqueza creada durante cuarenta años por el pueblo germano-oriental hacia los bolsillos de unos cuantos capitalistas occidentales. Las redes de solidaridad y cooperación tejidas por los ciudadanos se desplomaron, y las redes de guarderías y de salud pública fueron desmanteladas. El desempleo apareció y se extendió como una plaga en la sociedad. Hubo purgas de profesores universitarios procedentes de la RDA, y a sus ciudadanos se les impidió trabajar en la administración pública de la nueva Alemania. En suma, la reunificación lució más como una anexión en toda regla. Finalmente, tras unos años convulsos, la reunificación se oficializó el 3 de octubre de 1991; ese mismo día, la Alemania democrática dejó de existir.
La historia de la República Democrática Alemana es la historia de un pueblo que se alzó de entre las ruinas; de obreros, campesinos e intelectuales que, de la mano con su Partido, lucharon por construir el socialismo en suelo alemán, por una Alemania pacífica, antifascista y democrática, y por mostrarnos a los comunistas de todo el mundo una vía hacia el futuro.
