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El imperialismo es reacción, sobre el gobierno de Trump

Diego Torres,
2° Secretario del Comité Central del PCM

 

I

Las elecciones presidenciales en los EEUU han dado como resultado el triunfo del candidato Donald Trump, del Partido Republicano, sobre Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata. Han sido meses de un grotesco escenario político donde el argumento ideológico fundamental fue el “mal menor”.

Frente a un candidato antiobrero, antipopular, xenófobo, racista, chauvinista, machista, se quiso oponer la candidatura de Hillary Clinton, Secretaria de Estado de la Administración Obama, esposa de Bill Clinton, quien fuera Presidente; Se dice que Hillary Clinton es liberal, que frente al peligro fascista, era mejor optar por ella, y en su campaña se sumó un espectro que va desde el Partido Demócrata, pasando por sindicatos, movimientos feministas, ambientalistas, hasta organizaciones de izquierda, entre ellas el propio Partido Comunista de los EEUU.

¿Pero qué significa el mal menor? Recordamos la agresión a Yugoslavia, a Somalia, con que la Administración Clinton demostró que la naturaleza agresiva del imperialismo estaba intacta. Entonces la Señora Clinton daba discurso de apoyo a las tropas norteamericanas que asesinaban a esos pueblos de Europa y África. Durante la gestión de Obama, Hillary Clinton fue la artífice de nuevas agresiones imperialistas. A pesar de las promesas de campaña de Obama continuó la intervención militar en Iraq y Afganistan. Fue H. Clinton la principal impulsora del derrocamiento de Gadafi y de la agresión militar a Libia. Bajo su dirección fue lanzado contra los pueblos del Medio Oriente uno de los grupos terroristas más sanguinarios y reaccionarios de la historia, el Estado Islámico. Obama y Clinton han llenado de sangre al pueblo sirio, proveyendo de armas y dinero a los terroristas islamistas. Es también la señora Clinton la arquitecta de los golpes “soft” que derrocaron a los gobiernos de Honduras y Paraguay, así como de la campaña para desestabilizar a los gobiernos de Chávez y Maduro en la República Bolivariana de Venezuela. Además impulsaron acuerdos interestatales muy agresivos para aumentar las ganancias de los monopolios y desvalorizar el trabajo, como el TTP, TTIP, etc.

Durante la administración Obama la clase obrera norteamericana, y los millones de trabajadores migrantes, que conforman la fuerza de trabajo que hace funcionar la maquinaria industrial y productiva que permite a los EEUU ocupar la cúspide de la pirámide imperialista, vio disminuidos sus derechos laborales y sociales, su salario, sus casas hipotecadas. En zona de desastre se encuentran los barrios proletarios de otrora importantes ciudades industriales. Se han producido deportaciones masivas de trabajadores migrantes. La administración Obama-Clinton estuvo plagada de ataques racistas contra trabajadores negros por parte de las fuerzas policiacas. Este mismo aparato policiaco, usado una y otra vez para aplastar protestas, no solo fue defendido por Obama con discursos edulcorados, sino que se vio fortalecido objetivamente durante su administración con un aumento de 4 billones de dólares en estímulos, militarización de sus equipos durante los primeros años con un gasto 250% superior a Bush en este rubro, etc.

Como se ve el “mal menor” significa para los trabajadores una sentencia de muerte. ¿Cómo puede ser que con tanto cinismo algunos digan que es mejor el “mal menor” que las posiciones conservadoras y reaccionarias de Trump, cuando objetivamente significan la misma agresión contra los trabajadores y las capas populares? En términos de explotación, extracción de la plusvalía de la clase obrera, en términos del aumento de las superganancias de los monopolios da lo mismo el “mal menor” de Clinton que el conservadurismo reaccionario de Trump, y la cuestión es la siguiente: el sistema político norteamericano, el bipartidismo demócrata y republicano está forjado a imagen de las necesidades de los monopolios para obtener el máximo de ganancias.

El bipartidismo asegura que bajo el maquillaje de la democracia y la alternancia el establishment esté asegurado, como un péndulo cuando el capital político de uno de los dos partidos encargados de oprimir a las masas trabajadores y de librar la guerra en nombre de los monopolios se agota puede garantizarse la continuidad de los intereses defendidos con su rival. Ganen demócratas o republicanos el capitalismo de los monopolios organiza su dominación y la dictadura de la clase burguesa se mantiene intacto.

Otro lugar común de la politiquería burguesa es el mito de los cambios superficiales. El mundo sería mujer si gana una mujer, cómo ayer decían lo mismo de Obama por ser negro. La sociedad está dividida en clases, y eso es lo determinante, no el género o la raza. Hay negros que son parte de la clase dominante, y una inmensa mayoría que es parte de la clase explotada, de los oprimidos. Hay mujeres que son explotadas, oprimidas; por ellas luchamos, y lo haremos desde la defensa de sus derechos y su integridad bajo la sociedad actual hasta que alcancen su definitiva emancipación garantizada por condiciones materiales y políticas bajo el poder y economía socialista, pero hay mujeres que son de la clase dominante, criminales de guerra como Clinton, o Thatcher.

Por supuesto que con Trump empeorará la situación. En primer lugar por la continuación y profundización de la crisis de sobreproducción y sobreacumulación de la economía capitalista con las consecuencias que genera de pauperización a la clase obrera y estratos populares. No es posible ocultar el desempleo, los sin techo, el hambre en las calles.

Seguramente Trump dará continuidad a los preparativos de guerra que Obama-Clinton ya desarrollaban. Seguramente continuará la intervención contra los pueblos del Mundo, pues es un mecanismo consustancial al imperialismo,

Seguramente con Trump continuará la hostilidad contra todos los migrantes, mexicanos, centroamericanos, sudamericanos, haitianos, sirios, aunque ahora no será silenciosa, sino acompañada de discursos xenófobos, de rimbombancia racista.

Pero en términos generales continuará la misma política, matices de la misma esencia. ¿Cuál es el problema entonces? La ausencia de una política clasista a favor del proletariado multinacional en los EEUU. Grave responsabilidad de aquellos que han diluido, han disuelto o han hipotecado la independencia política de clase para colocarse a la cola del “mal menor”, de elegir el mejor rostro del imperialismo.

En esto hay graves responsabilidades y amargas lecciones que extraer.

II

 

Ninguno de las propuestas presentadas cuestionaba la base del imperialismo, ambas campañas fueron financiadas por grupos de oligarcas financieros, por Wall Street, por los barones del petróleo, del gas, del carbón y el acero, por los lobby del complejo militar industrial, etc., ambos contendientes representaban los intereses de los peores y más sanguinarios parásitos sociales de los Estados Unidos.

Sobre este hecho Lenin y los bolcheviques ya habían aportado valiosas lecciones sobre el significado del imperialismo que forma un patrimonio invaluable para los comunistas de todo el planeta mientras la lucha contra el capitalismo perdure bajo el poder de los monopolios. En Imperialismo, fase superior del capitalismo y muchos otros textos se esclarece como la burguesía inevitablemente pasa a la reacción en toda línea una vez alcanzado el grado de desarrollo en el que surgen y se fortalecen los monopolios. Solo agregaremos dos citas que alumbran la relación entre base y superestructura en el imperialismo.

 

Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es negación de la democracia en general, de toda democracia, y no solo, en modo alguno, de una de las reivindicaciones de la democracia.

V.I. Lenin, Sobre la caricatura del marxismo y el “economismo imperialista”

 

El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista. La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio. El capital financiero tiende a la dominación y no a la libertad.

V.I. Lenin, El imperialismo y la escisión del socialismo

 

Anotamos que las posiciones reaccionarias de la burguesía se vuelven posiciones dominantes entre las masas mientras no sean desmontadas con claridad. Esto anida tendencias peligrosas, surgen fenómenos terribles que han acompañado a la humanidad a lo largo de la dominación de los monopolios. Estas tendencias, el surgimiento de estos fenómenos absolutamente de ninguna manera pueden explicarse sólo por un individuo o un candidato. Fracciones de la burguesía están interesadas y han hecho uso de toda una maquinaria propagandística y de manipulación de la opinión pública durante largos años en redirigir el odio de las masas empobrecidas y arruinadas de Estados Unidos hacia los migrantes y hacia los pueblos árabes para justificar las agresiones imperialistas. Esto cumple varias funciones ya que al mismo tiempo que desvía la atención del enemigo verdadero, de los grandes capitalistas, pone trabas a la acción común de los trabajadores, seccionándolos, oponiéndolos entre sí, con la ventaja adicional de sacar a relucir el espantajo del fascismo para que aquellos interesados en combatir al capitalismo desistan e hipotequen su posición.

Este fenómeno debe ser combatido fomentando la unidad de los trabajadores con sus verdaderos aliados contra sus verdaderos enemigos. ¿Cómo pretender cínicamente formar la unidad de los trabajadores no sobre de la base de tal lucha sino a la cola de la candidata de Wall Street y Goldman Sachs, bajo la representante de los mismos que les han arruinado sus fuentes de empleo, sus viviendas y sus oportunidades, de los que han enviado a sus hijos a la guerra y la matanza? Algo tan intragable e imposible de convencer a los propios revolucionarios mucho menos iba a convencer a la clase obrera del país.

La clase obrera existe fuera de las fronteras del Partido Demócrata y su propaganda de autoconsumo. Existe en los barrios y los corredores industriales arruinados, entre los trabajadores nativos e inmigrantes, existe, vive y trabaja fuera de la lógica de los distritos claves y de las modas ideológicas de la pequeña burguesía. Es deber urgente y vital de los revolucionarios en Estados Unidos hablar con la clase obrera, fundirse con ella, y dejar de hacerlo con posiciones que vayan a la cola de una de las facciones de la burguesía. Si la izquierda no le presenta una salida radical en términos comprensibles para la clase obrera serán los ultra-reaccionarios quienes cosechen su apoyo.

 

III

 

Los datos de la elección hablan además por sí mismos, en términos netos ninguno de los dos partidos burgueses registro mayor apoyo popular que la elección anterior. Los republicanos obtuvieron casi 2 millones de votos menos con relación al 2012, y los demócratas obtuvieron 7 millones de votos menos.

¿Hubo una insurgencia fascista de la clase media opuesta al mismo tiempo a un movimiento obrero que amenaza tomar el poder y al gran capital? ¿Estamos exagerando el papel de la clase obrera desilusionada y abandonada políticamente?

En 8 de los 10 distritos electorales más ricos de los EEUU ganó Clinton por amplio margen, en los distritos de Washington DC ganó por márgenes de 93%-94%, efectivamente la retórica antiinmigrante empujó a un amplio margen de los votantes descendientes de mexicanos concentrados en California, Colorado y Nevada a votar en su favor, etc. Los votantes con ingresos mayores a los $100,000 USD votaron mayormente por los demócratas.

Por su parte Trump tuvo mejor desempeño entre los votantes con ingresos entre los $50,000-$90,000 USD, en los distritos de los estados fuertemente industriales de Wisconsin, Ohio, Indiana, Iowa, Michigan y lo mismo en los distritos agroindustriales, así como en distritos de estados con economías fuertemente basadas en la extracción de hidrocarburos como Texas, Wyoming, Idaho o Louisiana.

La clase obrera sigue embaucada y políticamente abandonada, votando en muchos casos el proletariado local en el mismo sentido que la burguesía local. El aparato político y los capitalistas que han votado a la demócrata y hablan de defender a los migrantes ilegales no lo hacen por razones humanitarias, hablan de defender cuotas más grandes de plusvalía gracias a los salarios por debajo del mínimo con que se ceban. Los capitalistas de los estados con economías fuertemente basadas en la extracción de hidrocarburos que han convencido a sus obreros de votar por Trump ya que éste traerá riqueza, con la promesa el fin de la regulación a la industria del fracking, se olvidaron de mencionarles que ésa riqueza se acumulará exclusivamente en manos de ellos.

La población pauperizada no ha sido mayormente embaucada por los demócratas ésta vez, sino mayormente embaucada por los republicanos, quienes usaron su apoyo para deshacerse de regulaciones en la industria de los hidrocarburos, reordenar la economía interna para un futuro escenario de confrontación bélica donde deberán contar con la posibilidad de usar energía y producción doméstica, sumir al mundo en una fase de guerra comercial, y montar un gobierno de los ricos.

Trump, quien ocupa el lugar 45 de los 400 norteamericanos más ricos, ha anunciado que en su gabinete incluirá a ejecutivos como Rex Tillerson de Exxon, o a Steven Mnuchin socio de Goldman Sachs. Pero Goldman Sachs era al mismo tiempo que donador de su campaña uno de los mayores donadores de la campaña de Clinton. Henry Paulson de Goldman Sachs fue Secretario de Tesoro de Bush, y Robert Rubin también de Goldman Sachs fue Secretario de Tesoro de Bill Clinton.

Si, los grupúsculos fascistas, el Ku Klux Klan que ha desfilado públicamente, la Alt Right, etc., tienen en general ahora un panorama de más permisividad para sus desplantes, anidan y son cobijados, aunque están mucho más lejos de tener el poder en sus manos que digamos el Pravy Sektor de Ucrania. Son una salida que aún no ha sido elegida como la más adecuada por los monopolios. El combatirlos como lo principal e ignorar los sufrimientos y aspiraciones de la clase obrera, los trabajadores a cuenta propia, y la población pauperizada, la especie de “frente antifascista” electoral de Hillary Clinton resultó un sonoro fracaso cuya caída estrepitosa pudo escucharse a lo largo y ancho del globo.

 

IV

 

En conclusión, la elección de Trump nos demuestra una vez más que la democracia burguesa está construida para validar al modo de producción, y que cambios verdaderos que favorezcan a los trabajadores de los EEUU solo serán posibles con el poder obrero. En general cada administración, sea Demócrata o Republicana, en tiempos de crisis significará pasos adelante, más o menos acelerados o cautos según el matiz, hacia la reacción, hacia la guerra, y tarde o temprano si no se extirpa de raíz la base económica del poder de los monopolios hacia la adopción de rasgos fascistas.

Para su combate sigue pesando el hecho de que la multitud pluriclasista puede protestar un día u otro, pero la producción industrial sigue determinando si hay balas en su contra o no, no hay software si los minerales raros y el silicio no son extraídos, refinados y adoptan forman de microprocesadores y componentes, la llamada sociedad de la información se sostiene aún por voltios, etc. E inclusive en términos números, según las estadísticas de la “Labor Force” de poco más de 144 millones de estadounidenses ocupados, 132 millones son trabajadores asalariados, en muchos casos explotados directamente por monopolios o en funciones del obrero colectivo que ya definiera Marx, de éstos alrededor de una cuarta parte son obreros industriales. Es una fuerza que si la izquierda ignora, la reacción no lo va a hacer.

El Partido Comunista de México, con una clara línea antimonopolista, anticapitalista y antiimperialista es consciente de que sus responsabilidades aumentan, para organizar a los trabajadores de México y también para contribuir a la organización de la multinacional clase obrera norteamericana. Sin dilación, sin mirar el costo en sacrificio y entrega que esto suponga, tomaremos medidas para responder, para presentar una lucha encarnizada hasta el límite de nuestras fuerzas en ambos países contra el imperialismo. Estamos hermanados los trabajadores mexicanos y norteamericanos, en la misma medida que estamos confrontados con los monopolios mexicanos, norteamericanos o de cualquier nacionalidad.

Tenemos una deuda histórica con los comunistas norteamericanos que contribuyeron a la organización de la Sección Mexicana de la Internacional Comunista, y contribuiremos en la medida de nuestra posibilidades a la reorganización de los comunistas en los EEUU, porque solo un fuerte partido comunista podrá dirigir la lucha de los obreros y sectores populares contra las embestidas reaccionarias del presente y por el socialismo-comunismo mañana.

Los trabajadores mexicanos emigrados en los EEUU, junto con el proletariado multinacional norteamericano tendrá que ponerse de pie, conquistar su independencia de clase, rearmarse del marxismo-leninismo y levantar sus banderas clasistas contra el poder de los monopolios y el bipartidismo que es su expresión política.

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