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La defensa de la Revolución Cubana es mejor con un Partido Comunista fuerte y un pueblo con conciencia revolucionaria.

 

Por: Alfredo Valles

 

En la última semana se habla mucho de Cuba, a propósito de las protestas ocurridas en su geografía el domingo 11 de julio. En la isla existe una férrea unidad entre el pueblo trabajador y el gobierno, por lo que los hechos son completamente una excepción en la cotidianidad cubana. A diferencia de lo que sucede en los países capitalistas, donde los pueblos constantemente están exigiendo mejores condiciones de vida y de trabajo, y por ello enfrentando a las autoridades, las cuales les ignoran al tiempo que militarizan sus países; lesionan, desaparecen y asesinan a los manifestantes; permiten la más amplia violencia de paramilitares y narcotraficantes, para sostener a capa y espada la dictadura de los monopolios sobre la mayoría de la población.

Los recientes sucesos en Cuba tienen toda la fisonomía de un motín reaccionario y ajeno a la inmensa mayoría del pueblo cubano. Se sabe que quienes encabezaron estos actos están organizados al impulso de potencias extranjeras, financiados con miles de dólares y auxiliados con el uso profesional de las redes sociales en el marco de una operación que abarca distintos estados de la Unión Americana y países del mundo. Los llamados a la libertad y a la democracia son frases que esconden las acciones de agresión imperialista contra los pueblos, los esfuerzos sincronizados para asestar un golpe contrarrevolucionario a la revolución cubana. Esas mismas palabras se utilizan en los países capitalistas para encubrir a gobiernos contrarrevolucionarios.

Y se habla mucho sobre Cuba, por lo que hay la necesidad de descubrir a las clases sociales opuestas entre sí detrás de esas opiniones, es decir a la burguesía y al proletariado. En la más reciente Asamblea General de las Naciones Unidas 184 países votaron en contra del bloque económico que Estados Unidos impone a Cuba. Las burguesías de esos 184 países se oponen oficialmente al bloqueo, pero en los hechos aceptan que continúe por su anti-comunismo compartido, su unión con la burguesía norteamericana o su conformidad con las reglas de la democracia burguesa que predominan en el plano de las relaciones internacionales, entre las cuales destaca que los países de mayor poder económico puedan vetar aquello que afecte a sus intereses. En el mundo capitalista, si pocos o muchos países deciden los asuntos internacionales eso no cambia que siempre se decidan en contra de los pueblos de todo el globo terráqueo.

En México, la burguesía está dividida en dos grandes grupos por matices en sus intereses económicos y en su forma de apreciar la sociedad. Por un lado, el PAN es un actor activo a favor de la contrarrevolución; en la presente semana se ha sumado a la campaña mundial contra la revolución cubana y ha tomado protagonismo en las acciones contra sus embajadas; a través de esta y otras fuerzas determinados monopolios manifiestan su decisión de realizar todo tipo de crímenes hasta sus últimas consecuencias para lograr el triunfo de la contrarrevolución en Cuba; la aniquilación de sus dirigentes, del Partido Comunista y de las mejores personas de la isla. Este grupo burgués se distingue por no esconder su ferocidad, su agresividad, por su completa despreocupación de poses “humanistas” en su intención de repartirse a la isla como un botín.

El otro grupo burgués, que por décadas encabezó políticamente el PRI, es el que ahora está representado por el gobierno de Obrador. Por un lado, con su postura pretende aparentar que es un amigo leal del gobierno cubano al mismo tiempo que ese mismo discurso representa sobre todo el deseo de un grupo de capitalistas de exportar capital a Cuba sin las limitaciones impuestas por Estados Unidos. Se presenta con escrúpulos, pero el capitalismo no conoce de eso. La postura del presidente presiona al gobierno cubano a favor de más conciliación con los contrarrevolucionarios y, astutamente, lo invita a renunciar a todas las medidas necesarias para hacerles frente, incluidas la vigilancia y la violencia revolucionarias. En las posturas del gobierno estadounidense y del mexicano, las diferencias son mínimas frente a las coincidencias.

Joseph Biden ha sido un entusiasta defensor de las acciones contrarrevolucionarias en Cuba durante el pasado fin de semana. Dice que en Cuba las autoridades se han enriquecido. Y cuando se lee la opinión del trotskismo en México se manifiesta esencialmente lo mismo. El trotskismo, que aglutina a capas de la pequeña burguesía a la deriva y sectores de la aristocracia obrera, prosigue su historia anti-comunista. Quiere hacerle creer al pueblo que un motín reaccionario puede resolver las dificultades de la revolución cubana, que la práctica burguesa de la libertad individual ilimitada es sagrada y que se debe aplastar a Cuba con tal de “curarla de la burguesía cubana”. En esto coinciden los grupos maoístas en México (del PT en adelante), con sus análisis internos y con su pública falta de acción en respaldo a la revolución cubana.

La burguesía, en México y a nivel mundial, actúa contra la revolución socialista atraves de distintas fuerzas y posturas políticas que si bien parecen discrepar entre sí en lo fundamental coinciden, como coincide toda la burguesía en explotar a los trabajadores, y eslabona esos esfuerzos para derrotar la ideología revolucionaria; para ablandar la actividad revolucionaria; para hacer triunfar la contrarrevolución y el capitalismo en Cuba. Los Partidos Comunistas tienen el deber de apoyar por todos los medios a la defensa y el desarrollo del socialismo en Cuba; de contribuir fraternalmente al análisis de las peligrosas consecuencias de hacer convivir fórmulas económicas fundamentales para el capitalismo con la revolución socialista; y de combatir política e ideológicamente todos los esfuerzos para establecer un ánimo opuesto a la revolución cubana, como aquél que en el pasado el trotskismo, el maoísmo, el eurocomunismo o los partidarios del socialismo con mercado lograron imponer en parte del movimiento comunista y de los pueblos del mundo con respecto a la URSS.

La preocupación genuina y abnegada por la revolución cubana sólo puede provenir de la clase obrera con consciencia de clase, de los Partidos Comunistas que se esfuerzan por actuar en interés de la revolución socialista en todas las circunstancias sociales. Así lo demuestra la decisión del Partido Comunista de México de hacer presencia organizada en la Embajada de Cuba en México en los momentos de mayor ataque contra la revolución cubana. No hay en los trabajadores ningún egoísmo, interés material o propósito mezquino al actuar por la Revolución Cubana. Hacer todo lo debido por la revolución socialista es una muestra del fortalecimiento del Partido Comunista, del desarrollo de sus militantes como cuadros revolucionarios.

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