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Luchar contra el capitalismo es luchar por la emancipación de la mujer trabajadora

 

Por: Emiliano Zepeda.

La lucha por la emancipación de la mujer es una lucha que, a pesar de que en recientes años ha tomado popularidad y titulares principales en los medios de comunicación masivos, ha estado vigente a lo largo de varias décadas, incluso desde el siglo pasado.

Sin embargo, la burguesía, apoyándose en el poder del Estado y los medios masivos de comunicación de que se sirve para difundir su ideología, han apartado la lucha por la emancipación de la mujer de su base clasista, de su origen anti-capitalista, transformando el rojo revolucionario de la lucha por un morado que sirve al sistema actual.

El 8 de Marzo de 1857, miles de mujeres trabajadoras textiles de Nueva York salieron a las calles a protestar contra las míseras condiciones de trabajo, las extensas jornadas y por la abolición del trabajo infantil, sumado a demás luchas obreras en donde las mujeres trabajadoras se vieron envueltas y reivindicaban unas mejores condiciones laborales, fue en 1910 en la 2° Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que se proclamó el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” en el mes de marzo.

No fue sino hasta el año 1975 que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hizo oficial dicha conmemoración el 8 de marzo, sin embargo, amputándole el verdadero carácter de clase y su ligazón a la lucha de la mujer trabajadora, denominándolo como “Día Internacional de la Mujer” en lugar de “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” como era inicialmente.

Aunque parezca un cambio de forma sin ninguna repercusión grave en el fondo, en realidad se trata de una amputación del verdadero significado que tiene el movimiento obrero en el que participa la mujer trabajadora en el 8 de marzo, al hacer esto se hace pasar este día como una conmemoración de todas las mujeres en general, sin distinción de clase.

La clase burguesa, aprovechando esto y su poder tanto en el Estado como en los medios masivos de comunicación, transmite su ideología en el movimiento de la mujer trabajadora transformándolo en un movimiento de todas las mujeres, sin distinción de clase. Sin embargo, en la sociedad capitalista actual, la distinción de clases no es un capricho de los comunistas, sino un aspecto esencial a tener en cuenta para analizar la realidad y mejorarla.

Algo que es de suma importancia comprender antes de entrar de lleno al análisis de la opresión que sufre la mujer trabajadora es que: “La situación de la mujer en la sociedad, se encuentra indisolublemente ligada a la estructura y organización del modo de producción dado, en todas y en cada una de las fases del desarrollo social. La situación de privación de derechos, la dependencia y la falta de igualdad de la mujer, no se explican por ninguna característica natural o congénita específica, sino por el carácter del trabajo que a ella se le asigna en un modo de producción determinado”.[1]

En el comunismo primitivo por ejemplo, la mujer, al realizar ciertos descubrimientos útiles para la humanidad (por ejemplo, la construcción de viviendas, domesticación del fuego, siembra y recolección de frutos, tejido, alfarería, etc.), fue considerada como la primera productora, su trabajo de ella era más productivo que el del hombre y por lo tanto era considerada superior al hombre, sin embargo, tal y como lo explica el materialismo histórico, con el tiempo, el desarrollo de las condiciones materiales, el clima y las fuerzas productivas, diversas colectividades pasaron a ser pastoriles, y fue en este caso precisamente que las mujeres tenían como labor cuidar el ganado mientras que los hombres no sólo iban a cazar sino que también atrapaban animales para así incrementar el ganado, ante los ojos de la colectividad en este sentido, el trabajo de la mujer, comparado al del hombre, era inferior, por lo que se fue formando una idea de que la mujer era inferior al hombre por naturaleza.

Avanzando a pasos agigantados con la finalidad de resumir este breve análisis, hoy en día en el modo de producción capitalista, si bien es cierto que la mujer ocupa un papel más grande en el proceso productivo si lo comparamos a estadios anteriores de la sociedad, las labores a las que se ven relegadas la gran mayoría de mujeres trabajadoras suelen ser tareas secundarias: servicios de limpieza, maquila, etc… sumado a otras circunstancias que acentúan la explotación y que trataremos a continuación.

El modo de producción capitalista actual, se basa en la propiedad privada de los medios de producción, éstos son propiedad de una clase (burguesía) que vive a costa de otra (clase trabajadora). Hombres y mujeres, mientras pertenezcan a la clase trabajadora, padecen de bajos salarios, extensas jornadas laborales, falta de prestaciones y derechos laborales, informalidad laboral, etc… sin embargo, es cierto que muchas veces, un trabajador hombre cobra más que una trabajadora mujer por el mismo trabajo, y esto no es más que esa falsa ilusión de que “la mujer vale menos”, ilusión que como ya se dijo con anterioridad, es producto del carácter del trabajo al que está ligada la mujer, donde a pesar de estar más involucrada en el proceso productivo actual, es considerada como de menos valor.

Aparte, la mujer trabajadora es explotada por cuestiones en las cuales un hombre nunca podrá ser explotado, por ejemplo, biológicamente solo la mujer es capaz de embarazarse, sin embargo, un embarazo implica dejar de trabajar un tiempo para cuidar de la salud de la madre y del bebé, tener asistencia médica para un embarazo sano, tener una licencia de maternidad para cuidar del bebé cuando nazca, etc… en general son cosas que, ante los ojos del capitalista suponen gastos, a un capitalista, sobre todo en sectores estratégicos, no le conviene tener contratadas a mujeres que en cualquier momento gusten embarazarse para formar una familia ya que esto significaría gastos, por tanto, una de dos, o solo contrata hombres o también contrata mujeres pero en rangos de edad en los cuales es poco probable que una mujer se embarace (generalmente arriba de los 30 o 35 años) y en sectores o procesos secundarios de la producción.

Pero aún hay más, las labores domésticas (cocinar, lavar, barrer, trapear, etc…) son trabajos que ante los ojos de la sociedad son sumamente improductivos, pero esta clase de trabajos caen en las mujeres, lo que ocasiona que con mayor peso aún la mujer trabajadora sea considerada inferior al hombre por el carácter improductivo del trabajo doméstico en específico que cae sobre sus hombros.

Visto desde una mirada superficial, a simple vista parecería que los culpables son los hombres, que ellos son los enemigos a vencer, pero en realidad el enemigo es el capitalismo. Las condiciones materiales de existencia indican que la raíz de la principal contradicción de la sociedad capitalista se encuentra en la forma en que se produce. En el capitalismo, el proletariado, independientemente de si es hombre o mujer, sufre la mayor de las explotaciones a manos de la burguesía; y la burguesía es igual de explotadora independientemente si es hombre o mujer de la misma manera. Sin embargo, aprovechándose de su concepción ideológica, en donde erróneamente se plantea que el trabajo productivo femenino es inferior al masculino, la burguesía busca enfrentar al proletariado en razón de su sexo biológico.

A un capitalista, sea hombre o mujer, siempre le va a interesar explotar a las y los trabajadores para aumentar sus ganancias, y si para aumentarlas aún más debe explotar el doble a la mujer trabajadora aprovechando esa falsa ilusión de que tiene menor valor que un hombre, lo hará. Si tiene que evitar contratar mujeres o por lo menos evitar contratarlas en determinado rango de edad para ahorrarse los gastos de un posible embarazo lo hará, tal es el famoso caso de la empresaria española Mónica de Oriol, que en una conferencia dijo que prefiere a mujeres de más de 45 o menos de 25 años para evitar que sus trabajadoras se embaracen (https://www.youtube.com/watch?v=375hoERUWio), eso es una forma de opresión contra la mujer de clase trabajadora realizada por una mujer de clase burguesa.

Por tanto, en el capitalismo, la opresión de la mujer trabajadora está determinada por la clase a la que se pertenece, hombres y mujeres de la clase trabajadora son explotados por hombres y mujeres de la clase burguesa. La emancipación de la mujer trabajadora solo puede darse con el derrocamiento del capitalismo, eliminando aquellas condiciones materiales que perpetúan su explotación.

En concreto:

Al eliminar la propiedad privada de los medios de producción se elimina la posibilidad de que un capitalista (sea hombre o mujer) explote a las y los trabajadores, por lo que no habría motivo alguno para que una mujer, aún si está pensando en formar una familia, no pueda ingresar a una rama sumamente productiva de la sociedad (ya que no habría ningún capitalista que lo impida con la finalidad de ahorrar en gastos), las labores domésticas, al ser socializadas dejarían de ser trabajos improductivos, en conjunto con infraestructura realizada por el Estado Obrero tales como guarderías, comedores, lavanderías y demás establecimientos públicos y gratuitos, la maternidad no solo dejaría de ser un obstáculo para el libre desarrollo de la mujer trabajadora, sino que el mismo trabajo que realizaría la mujer en la sociedad sería igual de productivo que el del hombre y esto, significaría emancipar a la mujer para que, tras siglos de opresión, por fin sea considerada y con razón, igual al hombre.

Esto no es una utopía, países socialistas como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o la República Democrática Alemana (RDA) fueron algunos de los ejemplos en los que la mujer fue emancipada, así lo prueba el porcentaje de mujeres en ramas productivas de la economía, la calidad de vida, las licencias por maternidad, acceso al libre desarrollo laboral, cultural e intelectual, derechos políticos, etc… que hubo en dichos países socialistas mientras en los países capitalistas se incitaba a las mujeres a ser sumisas a su marido.

 

Figura 1.- Publicidad de la mujer estadounidense donde se incita a la mujer a ser sumisa al marido, mientras que en contrapartida, la propaganda de la URSS donde se incitaba a la mujer a participar activamente en el trabajo y la ciencia.

La emancipación de la mujer es imposible si no se erradica el capitalismo. Sólo será posible con su destrucción y el inicio de la construcción del socialismo. La mujer trabajadora sufre la explotación del capitalista independientemente de su género, por lo que:
“A la mujer obrera le da igual si el patrón es hombre o mujer” [2]
– Alexandra Kollontai
 
¡Luchar contra el capitalismo es luchar por la emancipación de la mujer trabajadora!

 

 

 

[1] Informes y Tesis del VI Congreso del Partido Comunista de México.

[2] Kollontai, A. (). El Día de la Mujer.

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