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Breve crónica sobre la miseria del trabajador del sector de servicios, en los restaurantes y hoteles

 

Anónimo

 

Una de las mentiras más grandes de cualquier gobierno alineado a la patronal es la armonía de los factores de la producción, o sea, la fuerza de trabajo (los trabajadores), las máquinas y el capital (el dinero de los empresarios y sus empresas), esto lo hemos vivido aquellos que hemos pasado por los restaurantes de comida rápida o aquellos más “tradicionales” o por hoteles.

En el ramo de los servicios esto es notable, la precariedad de los meseros, los ayudantes generales, los cajeros, etc. al grado de que en el caso de los meseros, se incluye la propina como parte del salario, lo que deja imaginar la miseria de pago dado por el patrón aun cuando los meseros en general tienen largas jornadas de trabajo y en algunos restaurantes como en Potzolcalli se les obliga a pagar los errores sin otorgárseles siquiera los platillos o inclusive en caso de sobrar algún complemento en su totalidad este se reutiliza en otra orden y si el trabajador osa consumirlo se le cobra de nuevo e incluso se les reduce aún más la propina obtenida al restarles el tronco, o sea se quita a los meseros una parte de estas (generalmente, un porcentaje basado sobre las ventas) para otorgarla a los demás miembros del negocio como ayudantes generales, cocineros y lavalozas.

Constantemente se procura exhibir a los clientes “tacaños” que dejan pequeñas cantidades de algo que legalmente es opcional, por lo que aquellos negocios que ensartan la propina como obligación y parte del salario no solo le roban al comensal sino al trabajador al menospreciar y malbaratar su fuerza de trabajo, por ende es el patrón el que empobrece al trabajador, el que enemista a los trabajadores al hacer responsables a unos por el robo que este realiza en contra de otros e inclusive esto cobra mayor gravedad cuando se piensa en el sobreprecio de todo al interior de estos negocios.

Pero lo anterior no es todo, y cada trabajador de estos negocios tendrá algo más que añadir a la lista de atropellos del gremio, lista enorme y que a las administraciones de la burguesía no importa demasiado, pues esto se encuentra establecido en la LFT[1] cosa contradictoria puesto que la ley mercantil establece la no obligatoriedad de la propina ¿Quiénes y como decidieron semejante aberración? ¿es tiempo de abrogar estas atrocidades laborales?

Ahora, al hablar de los hoteles seré más específico. El trabajo de recamarista resulta esencial dentro de estos, es el que da la imagen al servicio principal, el que limpia, recoge y asea las habitaciones. Pero podemos acotar esto al detallar que por lo general se sobrecarga a las trabajadoras, así es, la mayoría de quienes se desempeñan en el puesto son mujeres, a las cuales se les promete un salario bueno, un buen horario, en fin.

No es así, es justo la sobrecarga del trabajo la que justifica que para cumplir con aquellas habitaciones que les son asignadas se las deban ingeniar al grado de que en algún momento durante mi desempeño como recamarista una trabajadora veterana en el área me comentara “la recamarista más chingona, es la más puerca” y no la culpo, se nos asignaban (en mi caso, estando en capacitación, asignaría) 30 habitaciones por día, 15 por cabeza y no había distinción entre recamaras dobles o sencillas.

Sin embargo, yo ingrese siendo testigo de algunas acciones algo extrañas, ver a personal sin uniforme corriendo de un piso a otro, siendo llamados a otras habitaciones con sabanas o buscando lo necesario para rellenarlas, administrativos diciendo que X ya estaría sola, sin su armas y tocaba hacerse cargo de ella, o escuchar al contador decir en tono burlo que se negaba a entregar copias del contrato laboral a los trabajadores[2] cuando se lo pedían. Eso me sembró una duda que trate de indagar desde el primer día hasta el último, cuando una recamarista me confeso de una forma un tanto recelosa que las compañeras habían encabezado un intento de huelga, exigiendo una mayor paga para las habitaciones extra realizadas (resulta, que el trabajo extra se paga en ese hotel a 14 pesos la habitación) y menos habitaciones asignadas, principalmente y el gerente no solo se negó a cualquier consideración, sino que les dijo lo que todo buen patrón por mas amable es capaz de decir “si quieren quedarse, si no, hay muchos hoteles”, además, comenzaron a hostigar a las compañeras y para casi todas las que participaron aquí, resulto más fácil dejar este lugar que soportar el abandono y hostigamiento ante la nula presencia de su supuesto sindicato, parte de la CROC, pues aun cuando el día de la suspensión de actividades le llamaron, estos no respondieron ni les dieron el acompañamiento que se esperaría de un sindicato, incluso puedo confirmar que aunque se me realizo el cobro de una cuota sindical y un supuesto seguro sindical jamás conocí siquiera a mi delegado sindical o se me brindo acompañamiento alguno ante mi renuncia.

Pero bueno, prosigamos con la aventura. Hubo una fiestecilla en donde se nos brindaba información sobre la evaluación que los clientes otorgaban a su estancia en el hotel[3], como si eso nos significara algo a la luz de las habitaciones que aun había que realizar y ya fuera en este caso o en el de la capacitación extra de principios de semana, eso no significaba ni siquiera una reducción de lo asignado.

Y llego el día en que no pude completar mis habitaciones aun cuando llevaba una hora extra y en días pasados también había realizado un par de horas extra y decidí que ese trabajo no valía ni mi sacrificio ni mi esmero, cosa que me resulto algo bochornosa porque mi compañera siempre salía tarde, es decir hacia horas extra, esto cobrara más relevancia adelante; así que me fui sin terminar mis habitaciones.

Al otro día renuncie y cuando me tocaba ir a revisar que pasaría con mi paga con el contador, resultaba que en el contrato se disponía lo mínimo establecido en la ley y no se hacía mención alguna de la adhesión a ningún sindicato. Pero la situación fue más agobiante que eso, primeramente, el contador me quería hacer firmar una carta de renuncia sin siquiera yo haber conocido el contrato laboral, segundo al calcular mi paga mensual con el salario diario, resultaba un salario casi 1000 pesos menor al que se supone que ganaría, o sea, de no haber notado estas mañas no me quiero imaginar cuantas más me habría querido aplicar. Por otra parte, en lo establecido sobre el horario y horas extra se disponía algo muy “gracioso[4]”, primero que era un deber del “colaborador[5]” registrar las entradas y salidas y luego, se disponía la imposibilidad del colaborador de trabajar por mas tiempo del señalado en la jornada legal[6] y en caso de hacerlo, se tendría que recabar permiso por escrito del jefe inmediato, que en este caso seria la ama de llaves, pues de lo contrario no se cubrirían horas extras, incorporaba además la obligación de esperar relevos que se cubrirían según la LFT. Resultaba que la ama de llaves no solo no hacia lo anterior, sino que era cómplice de la arbitrariedad del contador y que las compañeras eras robadas de forma vil, no solo pagándoles una parte de su fuerza de trabajo sino robándoles mas horas aun sin serles reconocidas y exprimiéndolas al máximo con el numero de habitaciones que realizar.

Pero el episodio no termino allí. A la hora de enterarme de esto reclame las horas extra que se indicaba pues siendo obligación del jefe inmediato otorgar el permiso al trabajador, es mas que obvio que estaba enterada de su obligación de pagar horas extras, es decir, no conociendo yo el contrato era plausible exigirlas si se me negaba el pago de estas horas extra, pero el contador se negó y debí recalcar que el contrato lo disponía, para lo cual contando con mi carta de renuncia escribí la leyenda de que en ese hotel no se pagaban horas extra y el contador se negó a aceptar algo así, luego me cuestiono sobre que necesitaba para renunciar, pedí se reconocieran tales y enseguida me dijo que ni siquiera otros trabajadores la hacían tanto de pedo como yo con mi hebdómada[7] de trabajo, y respondí que no era mi problema que ellos no reclamaran sus desconocidos derechos (y que este, mañosamente se los negara).

Mi paga llego con un día “adicional” por las horas extra, pues dado que la remuneración debida era doble, esto equivalía al salario de casi un día, pero se me había robado casi la mitad de esto por el famoso sindicato charro. Mi reflexión es que resulta espantosa la cotidianidad de estos abusos, ofensiva la inexistencia de sanciones o visitas de inspección laboral establecida en los artículos 540 a 545 de la LFT y aberrante que la inutilidad de los funcionarios como la joven y “destacada” Luisa Alcalde sea la famosa transformación que morena vende, pues los abusos siguen y los “éxitos” en materia laboral han sido posibles gracias a la presión de instituciones internacionales de trabajadores, que aun con su carácter reformista logran lo que el gobierno de la transformación ni siquiera puede asegurar, inspección laboral para asegurar los derechos mínimos de los trabajadores.

Esto se lo dedico a las compañeras y compañeros que día a día sufren estas carencias, que ante tales abusos solo pueden oponer una débil resistencia, que deben aguantar tal marginación debido a la colusión o aquiescencia del estado y que han sido condenados por los profetas de las reformas eternas, que hoy prometen eliminar una ley y mañana juran quitarle solo lo “malito”.

 

 

¡¡¡ Por el poder proletario y porque no tenemos nada que perder las cadenas de nuestra miseria!!!

¡¡¡Por un proletariado unido en México y el mundo!!!

¡¡¡Todo el poder a los trabajadores y campesinos!!!

 

 

 

 

[1] Ley Federal del trabajo, artículos 344 a 350, capitulo XIV. Trabajo en hoteles, restaurantes, bares y otros establecimientos análogos.

[2] Cosa ilegal y arbitraria, pues se encuentra dispuesto en el artículo 24 de la LFT que se harán dos ejemplares de las condiciones de trabajo, para cada parte.

[3] El hotel en cuestión es uno de los City Express ubicado cerca de la avenida Zapata, vaya casualidad.

[4] Mi formación jurídica me ha dado bastante desconfianza de los contratos.

[5] Un nombre gracioso y para eliminar de la conciencia de los trabajadores, que son trabajadores, que pertenecen a una clase y que son la fuerza de trabajo de las empresas, no parte de los beneficiados de estas.

[6] Si consideramos jornada legal como lo establecido en el artículo 61 de la LFT, se trataría de la jornada diurna, 8 horas.

[7] Semana

 

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