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Nuestra estrategia y táctica en la lucha contra el fascismo

Imagen. Edificio Karl-Liebknecht-Haus, sede del
Partido Comunista de Alemania (KPD) de 1926 a
1933.  En portada. Ernst Thälmann y Willy Leow,
Partido Comunista de Alemania (KPD), circa 1927.

 

 

El presente artículo fue publicado en el número 13-14 de El Machete, durante 2019. Con motivo del vigente facsímil dedicado a Ernst Thälmann en la Colección Vidas Consagradas -disponible en línea para su adquisición y también a distribuirse presencialmente a partir de mañana sábado 10 de abril en Jardín de San Fernando, Ciudad de México, en un horario de 14 a 15 horas -como parte del esfuerzo político-ideológico combinado del Órgano Central del Partido Comunista de México en sus últimos días bajo la denominación de El Comunista y en vísperas de retomar, a partir del 1 de mayo, las altas expectativas e importantes cualidades que implica el título de El Machete. El siguiente documento del gran Thälmann no sólo alcanza trascendencia respecto a escudriñar con firmeza y de manera concienzuda la historia del movimiento comunista, sino  también al respecto de candentes controversias y disputas contemporáneas al interior de nuestro movimiento. Como señala el gran comunista: la única alternativa al capitalismo, independientemente de la forma que bajo éste desarrolle la dominación de clase, es el socialismo-comunismo. Con vistas a celebrar este importante aporte por primera vez publicado en español, así como el desarrollo de la serie Vidas Consagradas, El Machete, como revista teórica del PCM, presenta de nuevo este importante documento, ahora en su página web, con un mayor esfuerzo desplegado en su edición y con el fin de que ello se corresponda cada vez mejor con la calidad teórica del planteamiento textual de Ernst Thälmann.

Revista El Machete

 

 

 

 

Nuestra estrategia y táctica en la lucha contra el fascismo*

 

 

 

por Ernst Thälmann

 

I. La pregunta fundamental de la bolchevización del KPD

En el pleno de febrero de 1932 del Comité Central de nuestro Partido**, el análisis de la situación estableció que la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado por la salida capitalista o revolucionaria de la crisis había entrado en una etapa más severa. Los acontecimientos actuales en Alemania, que llevan a la caída del gobierno de Brüning, a la investidura del gabinete y a la disolución del parlamento, prueban ese parecer. Los frentes de las clases se están agudizando más que nunca. Alemania camina en contra de una cadena de luchas de clases enconadas. En esas luchas, el proletariado alemán no sólo tiene que defender su existencia social contra los planes de robo de la clase capitalista, también no sólo tiene que responder con un contraataque al intento de bajar el nivel de vida del proletariado industrial alemán hacia un nivel de esclavos coloniales, de reducirles a culís chinos explotados, sino que tiene que, más allá de esto, luchar contra el terror fascista y el adrizamiento de la dictadura fascista ilimitada y evidentemente por su futuro socialista. En esa lucha la burguesía va a tener que defender, con los métodos de la violencia cruel y bárbara, su estructura de poder y su existencia como clase poderosa.

Tan seria es la situación. Y en vista de este hecho es el deber supremo del líder revolucionario de la clase obrera alemana, del Partido Comunista, dar a las masas una respuesta clara, completa y clara a las preguntas que obligan a cualquier trabajador con conciencia de clase a estar en la lucha de clases.

La primera y la más importante pregunta que tenemos que responder, cuando mostramos al proletariado alemán el camino de la victoria sobre los enemigos fascistas de muerte, cuando abrimos la puerta de un empujón a el futuro socialista: ¿Cómo fue posible que, en la carrera por el desarrollo de las fuerzas de clase de la revolución y la contrarrevolución, el ritmo del avance revolucionario se quedara atrás? Porque es un hecho que la concentración fascista de las fuerzas contrarrevolucionarias se desarrolla más rápidamente a pesar de la crisis, a pesar del impulso revolucionario en el pasado, que la formación de las fuerzas de clase del proletariado revolucionario y de sus masas obreras lideradas por él.

La burguesía ha logrado generar una ola chovinista, que nunca hemos vivido antes. Logró desviar de los millones de personas, entre las masas más amplias, el odio contra el sistema capitalista, para sólo odiar al capital financiero extranjero. Le salió bien, distraer las masas de la indignación contra el dominio de la clase burguesa y de la lucha de clases, a la indignación contra el dictado de Versalles, contra Francia, Polonia, América, Inglaterra, etc.

Pero la sola averiguación de ese hecho no es suficiente para nosotros. Tenemos que responder a la pregunta de por qué no logramos parar esa ola que llevó al nacionalsocialismo. Las condiciones especiales bajo las que se revela la lucha de clases del proletario en Alemania, el sitio de Alemania como un país reprimido y por allí las dificultades elevadas para la revolución proletaria –que choca con el frente del imperialismo mundial, cuando amenaza a la burguesía alemana– no son respuestas suficientes. Esas dificultades adicionales objetivas contienen posibilidades intensificadas para el partido revolucionario. De los millones de masas de la clase media vacilante –que están recogidas y concentradas bajo el signo de la ola chovinista del partido de Hitler, y en la que la burguesía se sostiene especialmente en su ataque fascista intensificado contra el proletariado– se podría obtener, o al menos neutralizar, partes consideradas de la misma como aliados de la clase obrera bajo similares condiciones objetivas de la crisis y la subyugación nacional. Estos cambios, que varían según la posición de su clase, están orientados predominantemente hacia donde están los batallones más fuertes. La cuestión crucial es el proletariado, su fuerza, su aparición en la lucha de clases.

* Autoría de Ernst Thälmann (1886-1944), fue publicado en 1932 y compilado póstumamente en sus Obras Completas. La presente versión fue publicada en el número 13-14 de la Revista El Machete con base en un trabajo de traducción del alemán realizado por el camarada Víctor Manuel Martínez, a propósito del centenario de la Internacional Comunista, y con una imprecisión al consignar la autoría del mismo; hoy corregimos este importante detalle con motivo de su inclusión en el sitio web de la revista de teoría del PCM.
** Partido Comunista de Alemania (KPD).

 

Ganar a las masas, en la cuestión de la represión nacional, para la revolución del proletariado –la única salida real que al mismo tiempo rompe las cadenas del imperialismo–, es la tarea más difícil para el partido comunista. El nacionalsocialismo, que embriaga y dirige las masas pequeñoburguesas y medio-pequeñoburgués a un camino equivocado con una demagogia chovinista sin escrúpulos, lo tiene relativamente fácil. El punto decisivo, sin embargo, sigue siendo la cuestión de por qué el proletariado, bajo nuestro liderazgo, aún no ejercía ese poder de atracción sobre las otras masas angustiadas y explotadas de millones a través del resurgimiento de las cuestiones de clase y el uso pleno de su poder de lucha, a través de su lucha de clases contra el sistema capitalista, que las habría liberado del enredo nacionalista-fascista y arrastrado al frente anticapitalista de la lucha proletaria de clases. La respuesta a esa pregunta tiene que ser fundamental: porque el proletariado no llevo a cabo luchas más grandes, porque no hubo acciones de masas y huelgas con extensiones y dimensiones apasionantes, por eso la clase obrera y su vanguardia revolucionaria no fueron hasta ahora aquel imán que es capaz por lo demás de fascinar o neutralizar a las clases vacilantes. Por este motivo sobre todo, junto a otras causas menos decisivas, el avance revolucionario todavía no sobrepasó a la contrarrevolución fascista.

Y aquí llegamos a la pregunta fundamental del trabajo político revolucionario de nuestro partido, a la pregunta fundamental de su bolchevización: nosotros, en el pasado, no hemos aprendido a introducir la transformación verdadera de nuestro partido, de un partido de la mera agitación y propaganda a un líder de todas las acciones y luchas del proletariado para grandes progresos y éxitos. Todavía no hemos entendido cómo dar un contenido revolucionario de la lucha, a todo nuestro trabajo político. Todavía no hemos entendido el método más importante, que desarrolló la Komintern hace más de diez años, bajo la dirección de Lenin, por la obtención de la mayoría de la clase obrera para la conquista del poder político en los países capitalistas del occidente de Europa, la táctica de aplicar el frente unido en una medida como un método de la movilización de las masas hacia la lucha.

Tenemos que pronunciarlo abiertamente. Hasta ahora el partido todavía no ha superado los últimos impedimentos y debilidades que están obstaculizando la crucial tarea de la bolchevización. Depende de eso si le ganamos al fascismo.

Todos los conflictos interiores del partido en los años pasados, la lucha contra los liquidadores de derecha del año 1921, contra el brandlerismo en 1923, contra el trotskismo en los años 1926/27, contra los de la derecha y los reconciliadores en 1928/29, fueron peldaños en la lucha de nuestro partido para ese fin: ser un partido bolchevique. Hoy, cuando la agudización de las oposiciones de clase en Alemania aumenta a una velocidad cada vez más rápida, cuando el destino de la clase obrera alemana, y tal vez mucho más, depende a largo plazo de que el KPD sea capaz de portarse victorioso como vanguardia revolucionaria –como partido bolchevique de los trabajadores alemanes–hoy en día todos los comunistas tienen el deber de ayudar a eliminar las inhibiciones, a superar ambigüedades, a eliminar debilidades y hacer que el Partido madure, basándose en la experiencia de todo su desarrollo revolucionario, para finalmente dar el paso hacia el partido de combate bolchevique.

No se trata de un “giro”, como habla la burguesía y sus agentes, sino del uso reforzado de nuestra estrategia y táctica revolucionaria, de los usos de los principios y métodos del leninismo por el KPD y de la superación de todos las resistencias e impedimentos todavía existentes.

Si nos aproximamos, desde dicho punto de vista, a la tarea concreta de la clase obrera alemana y aplicamos los principios y métodos del leninismo a las condiciones concretas de la lucha de clases en Alemania bajo las situaciones actuales, se demuestran las filas de preguntas individuales que tiene que responder el partido comunista. A continuación se intenta señalar estas preguntas y dar una respuesta a ellas.

 

II. La base económica hacia la abierta dictadura fascista

La base sobre la cual la burguesía intensificó la transición a los métodos fascistas de gobierno, tal como se expresa en la sustitución del gobierno de Brüning por el gobierno fascista de Papen-Schleicher, es la escalada de la crisis económica y la intensificación asociada de la lucha de clases.

La catástrofe inminente no permitió la continuación de la política de Brüning. El mantenimiento posterior de las finanzas estatales; los pagos de salarios, pensiones y apoyos, especialmente para los millones de desempleados; la rehabilitación de los municipios y ciudades en bancarrota; la continuación de millones de regalos a los latifundistas; la subvención de partes de la industria –todo eso se da bajo enormes dificultades. La intensificación de la crisis provoca que el descenso del desempleo casi completo no se dé en ese año, y en las próximas semanas y meses se cuenta con un nuevo ascenso del desempleo.

La catástrofe inminente es particularmente grave para la gran agricultura en bancarrota, para el señorío particularmente en el Este de Alemania; durante años fueron bombardeados cientos de millones a estas grandes empresas. Ahora vino el momento en donde la burguesía quiso abandonar a una parte de esas empresas a su suerte. Este era el significado del “plan de asentamiento” de Brüning y Schiele, sobre la base de la cual una serie de empresas a gran escala, completamente endeudadas y en proceso de colapso, debían ser compradas y liberadas para los asentamientos campesinos.

La política económica del gobierno de Brüning fue adaptada, por razones de la política interior y exterior, a la existencia de una moneda estable. El gobierno de Brüning esperó hasta el último tiempo, ante la vista del aumento de dificultades para las finanzas estatales como para todo el sistema crediticio, a un respaldo de nuevos y más grandes capitales por parte del capital financiero del extranjero. Eso fue lo que dijo el antiguo Canciller imperial del Reich con sus palabras “los últimos cien metros” hasta la conferencia de Lausanne. En las últimas semanas finalmente resultó que tales especulaciones fallarían.

Por otro lado, la miseria en masa en todas las clases obreras adquiere formas horribles. La ruina de innumerables economías campesinas; la existencia de hambre, que condena a cientos de las miles así llamadas “existencias autónomas” en la clase media urbana; el empobrecimiento de trabajadores antiguos y anchas masas de pequeñoburgueses y medio pequeñoburgueses en la ciudad y el campo, forma el fondo social para la depauperación inmensa de la clase obrera. Desde el inicio de 1929 aproximadamente 30 mil millones de marcos de los salarios y pagos del proletariado y de sus clases allegadas de empleados y funcionarios del Estado fueron robados. Esos 30 mil millones, por el cual el nivel de vida de los asalariados fue reducido, se quitaron del mercado interior y provocaron al mismo tiempo un empeoramiento extraordinario de las condiciones de existencia de la clase media urbana y de la economía campesina causado por la reducción del consumo a gran escala.

¿Qué resulta de esta situación económica? El mantenimiento del sistema capitalista solo es posible con medidas cuyo ataque a los intereses vitales de la clase trabajadora y de todos los trabajadores debe ser muchas veces más radical y brutal que la anterior ofensiva del hambre en la era de Brüning.

Con un espíritu completamente abierto, el gobierno de Papen anuncia en su declaración gubernamental que “exigen monstruosos sacrificios al pueblo”. La reacción social anterior se la describe como “socialismo estatal” y la política anterior como una “institución de bienestar”. Con tales palabras, que aparecen como una burla insolente a los millones sufriendo de hambre, se comienza la realización de un programa de la ofensiva capitalista en contra de los obreros y que documenta un grado inalcanzado de la brutalidad.

En el órgano del capital financiero “Berliner-Börsen-Zeitung”, que especialmente es muy amigo del nuevo gobierno, se dice en un artículo del 7 de junio 1932:

“Seguro la escasez es muy grande en algunos puntos…, pero considerado el pueblo alemán en su conjunto, ya tiene en 1931 un consumo para vivir, comer y vestir, etc., que, con los ingresos profundamente decrecientes de 1913, es insociable. Simultáneamente, la venidera pobreza de la vida es la única posibilidad para la reanimación de la producción y de allí para la lucha contra el desempleo… Más trabajo y una vida fácil –eso es el destino inevitable de Alemania”.

Qué se esconde ante esas frases “poéticas”, ni siquiera se tiene que pronunciar: un nuevo robo, un desmesurado decrecimiento de los salarios, el intento inaudito de eliminar radicalmente el apoyo a los desempleados, el desmantelamiento del seguro social en general; es decir: el despedazamiento de todos los derechos de la clase obrera y de los trabajadores restantes, el despedazamiento de las organizaciones obreras, la transformación de Alemania en una penitenciaría de los trabajos forzados capitalistas, del desvalijamiento y la esclavización militarizada. Los primeros decretos y leyes del gobierno de Papen ya muestran que está decidido a llevar a la práctica este programa.

 

III. El carácter clasista del gobierno Papen

El gabinete del señor Papen en su mayoría está integrado por parientes de la aristocracia feudal. Cuando fue nombrado, los deseos especiales de los hidalgos provincianos más endeudados desempeñaron un papel especial. En toda la aparición de ese gobierno y en su unida crisis se manifiesta un impacto de tendencias monárquicas. El liderazgo y la prensa socialdemócrata usan esos hechos y siempre hablan del gobierno de Papen como el “gabinete de los barones”. Lo más importante para nosotros es seleccionar con precisión la apariencia y la realidad del nuevo gobierno, aclarar completamente su carácter de clase, para encontrar la dirección correcta para la lucha de los trabajadores.

Al respecto de la agricultura existen serias diferencias en el grupo de la burguesía. No es casualidad que también pasó un conflicto con Hindenburg en la cuestión del programa de colonias de Brüning y Schiele, porque Hindenburg representa una opinión extrema de los críticos y latifundistas que luchan por el mantenimiento de sus señoríos endeudando a toda costa. En cambio, en la industria hay ciertas tendencias que se dirigen contra los deseos y las demandas costosas de los latifundistas que, por ejemplo, están en contra de las así llamadas “aspiraciones autárquicas” de los latifundistas y que bajo el gobierno Papen llevan a más diferencias.

En los hechos, con el derrocamiento de Brüning y la aplicación del gobierno Papen, se llevó a cabo un cierto cambio a escala del poder de clase pequeñoburgués. La dictadura de la burguesía en Alemania se basa en la alianza de clase entre el capital financiero y los latifundistas. Esa alianza de clase se llevó a cabo de tal forma que la burguesía de los trusts ejerció el poder con los grandes latifundistas. Ahí nada se cambió fundamentalmente. Pero el gobierno de Papen expresa perfectamente que provisionalmente el reparto de peso en esa alianza de clases se movió un poco a favor de los latifundistas –o sea también a partes del capital agrario, que están relativamente poco enmarañadas con el capital financiero. Eso fue posible con la ayuda de la cámara general del Reichswehr, que igualmente fueron unidos fuertemente con los Krautjunker y los latifundistas como Hindenburg.

En una conversación con el escritor burgués Emil Ludwig, hace poco tiempo publicada, el camarada Stalin, entre otras cosas, dijo:

“No obstante que el feudalismo como orden social en Europa está destruido hace tiempo, algunos restos considerables de ello aún siguen viviendo en usos y costumbres. Además, de los círculos feudales se deducen técnicos, especialistas, sabios y escritores que llevan las costumbres de los señores adentro de la industria, en la ciencia, en la literatura. Las tradiciones feudales no están agotadas hasta el final”.

Cuan correctos son las declaraciones de Stalin se comprueba precisamente en los sucesos recientes en Alemania. El Reichswehr, cuyos cuerpos oficiales proceden casi sin excepción de círculos feudales, está conectado íntimamente con los intereses especiales de los Krautjunker del Elba Oriental. Dado que la burguesía tenía que dar más prestigio a este importante instrumento de poder, y a sus generales de mayor rango, también se aumentó obligatoriamente la parte de latifundistas en el marco del poder de clase capitalista. La plena restauración de los antiguos privilegios de sus estratos en la Alemania wilheminista es su objetivo.

Así pues no es casualidad que la fase del desarrollo actual en Alemania desencadene una vivificación nueva de todos los viejos aspectos y tradiciones reaccionarias y feudales. Cuando en 1920 se organizó el golpe monárquico Kapp-Lüttwitz, el ultimátum fue entregado a Ebert Scheidemann por las tropas contrarrevolucionarias que marchaban en Berlín y contenían sobre todo los siguientes dos puntos:

1.- Creación de un ministerio de “especialistas” y nombramiento de un general a ministro del Reichswehr.

2.- Convocatoria inmediata de nuevas elecciones.

Hoy encontramos ese programa llevado a la práctica en el gobierno de Papen. El tercer punto del ultimátum de los golpistas monárquicos del año 1920 fue la reivindicación de una elección del presidente del Reich por el pueblo. Característico de eso es que en aquel tiempo uno de los golpistas líderes, el coronel Bauer, fijó en una entrevista con el periodista von Wiegland la demanda de que Hindenburg tenía que ser seleccionado a Presidente del Reich. Hoy Hindenburg es el presidente del Reich, gracias a la ayuda bondadosa de la socialdemocracia, y hoy lleva a cabo el programa de Kapp-Lüttwitz en aquel tiempo. Las aspiraciones monárquicas de restauración, que estaban ocultas bajo el regazo del movimiento Kapp-Lüttwitz, estaban en aquel tiempo unidas con la persona del ex príncipe heredero como aspirante al trono, así como hoy de nuevo en el grupo de la reacción, en la chusma de los junker, barones y generales, surge la idea de nombrar al mismo ex príncipe heredero al “Reichsverweser” para monarca venidero. El hecho de que esas tendencias monárquicas estén relacionadas con las aspiraciones de los Hohenzollern de la dinastía prusiana antigua y sobre todo a partir de los junkers de la Elba Oriental es una causa para el aumento actual del contraste entre el gobierno de Papen y los gobiernos de los estados de Alemania del Sur.

La apariencia descarada de los monárquicos, la franca confesión del llamado “ministro constitucional”, el ministro de interior del Reich de Gayl, la monarquía, sin duda serán aprovechados cada vez más en el futuro cercano por el liderazgo socialdemócrata como intento de desviar a la clase obrera de la lucha contra el fascismo y el poder clasista burgués, reforzando así las ilusiones parlamentarias y democráticas. Es cada vez más necesario que nosotros los comunistas iluminemos esos fenómenos delante de las masas con la perspectiva marxista. En la amenaza monárquica de guerra del grupo de la reacción se expresa justamente la existencia de esa tradición feudal de que el aparato del poder de la burguesía en Alemania, especialmente el aparato del poder original, está introducido fuertemente y que estarán alimentando siempre de nuevo la alianza clasista de la burguesía con los latifundistas. El peligro monárquico así creció extraordinariamente.

Pero lo más importante para nosotros no son las formas externas y efectos secundarios del giro abierto hacia métodos fascistas, que implementa la burguesía alemana, sino el hecho de ese giro mismo. Que los Junkers y barones ejerzan el poder otra vez, que la herencia de una clase podrida y un orden social hundido hace tiempo sea arrojada hacia arriba es de gran importancia en la lucha contra el régimen de Papen, pero no obstante esto no toca las cuestiones centrales de la lucha clasista. El proletariado no debe olvidar que su enemigo central no es el caballero medieval bandido o sus descendientes, sino que, al igual que antes, lo es la burguesía, el capital financiero, el sistema capitalista, al que están al servicio los generales del régimen de Papen, al igual como los soldados en el frente de la era de Brüning.

¿Significa eso un debilitamiento de la lucha contra la tendencia de una restauración monárquica en Alemania? No, en absoluto. Más bien es necesario crear claridad de las relaciones clasistas, de que estos planes se verán frustrados sólo en la lucha de clases contra la burguesía y sólo de esta manera se pueden vencer a sus partidarios.

Cuando los líderes del SPD* hablan frente al gobierno de Papen de un “gabinete de barones”, pero “olvidan” a los capitanes de industria y a los capitalistas, con ello quieren engañar las masas y de esa manera impedir la lucha de clases. Tanto más tenemos que mostrar a las masas que el gobierno de Papen, de capitanes industriales, escuderos y generales, son oficiales de un gobierno de la dictadura capitalista directa, que quiere preparar y crear inmediatamente la dictadura fascista en Alemania. Tanto más tenemos que poner en claro que es esa política capitalista, abiertamente fascista, de la burguesía alemana la que destaca cada vez más fuerte a los elementos feudales y monárquicos y al mismo tiempo otorga más espacio a la avaricia de los Krautjunker. No puede haber duda de que esto no es en lo más mínimo un cambio de clase en comparación con el curso de Brüning, abiertamente apoyado por el SPD.

* Siglas en alemán del Partido Socialdemócrata de Alemania.

 

Más bien, la nueva situación es marcada por un cambio decisivo en los métodos del dominio de la clase burguesa. En este cambio –no en el contenido de clase de su política– se basa la drástica diferencia del régimen de Papen frente a la era de Brüning.

Por lo tanto, es necesario luchar contra dos errores en la apreciación del gobierno de Papen: en contra de cualquier subestimación del giro extremadamente significativo que la burguesía llevó a cabo con el establecimiento del gobierno Papen, así como contra toda la comparación liberal de los gobiernos Brüning y Papen.

Cualquier confrontación liberal de los mismos facilitaría el fraude tanto de la socialdemocracia como de los fascistas de Hitler. Ambos tienen interés, unos en defensa de la política de Brüning, los otros al servicio de Papen-Schleicher, de hacer pasar los eventos actuales como un “cambio de sistema”.

IV. El curso fascista de la burguesía

El cambio que la burguesía hace en sus métodos de dominación y que –como siempre debemos subrayar de nuevo – no cambia nada en el contenido de clase de la dictadura burguesa, es la transición de aquellos métodos de gobierno en los que el fraude masivo se utilizó como el medio más importante para disfrazar la dictadura, además del uso violento inmediato, para ahora destacar la violencia como método principal.

El décimo pleno señaló que la transición de la burguesía de los métodos de la democracia a los del fascismo es un proceso orgánico. En comparación con algunos errores y exageraciones, defendimos y confirmamos estas doctrinas en el partido alemán de la mano de experiencias concretas. Incluso en la situación actual es de la mayor importancia para la lucha revolucionaria de clases, para una estrategia verdaderamente revolucionaria del Partido Comunista como líder de la clase obrera, que no tratemos superficialmente los procesos ocurridos en el campo de la burguesía sino por un análisis marxista realmente serio. La posición respectiva de este o aquel partido dentro del frente de la clase burguesa no puede ser el punto de partida para nuestra consideración, sino la política que la burguesía como clase realiza contra el proletariado y las demás clases trabajadoras.

La transición del método de gobierno que utiliza el fraude a las masas para ocultar la dictadura capitalista al método en el que el poder abierto juega el papel más importante, no es un acto aislado ni un cambio mecánico en las formas de gobierno sino uno proceso dialéctico. La burguesía no ha renunciado al uso simultáneo del método directo de violencia en nombre del gobierno democrático, ni piensa que en la transición intensificada al fascismo los medios del fraude a las masas simplemente serán arrojados por la borda. En la viva realidad de clase no hay formas y límites absolutos sino siempre transiciones e interdependencias, incluso en los grandes cambios históricos de un orden social a otro. Más aún, esto se aplica al cambio en los métodos de regla dentro de una misma regla de clase, cuyo contenido de clase permanece sin cambios.

Por lo tanto, no contradice a nuestra caracterización del gobierno fascista de Papen, cuando el gobierno de Papen, de Junkers, generales y capitanes de la industria, designado por la burguesía para dirigir el establecimiento inmediato de la dictadura fascista en Alemania, comenzó sus actividades con las elecciones del Reichstag con promesas, y no con hechos, al servicio abierto de la “lealtad constitucional”. Las medidas que se utilizan para calmar y confundir a las masas, como una “mitigación” de las regulaciones de emergencia política, son de hecho solo la realización de la exención más brutal contra los comunistas o, como las elecciones del Reichstag, un favor abierto a las organizaciones terroristas del fascismo de Hitler.

La esencia del cambio actual en los métodos de gobierno de la burguesía, que encontró su expresión en el reemplazo de Brüning y Gröner por Papen y Schleicher, es esta intensificación de los métodos de ataque contra el proletariado. El creciente fermento de las masas trabajadoras, las manifestaciones masivas y las marchas de hambre de los desempleados, el inicio de una cierta ola de huelgas crecientes en las fábricas, las simultáneas descomposición del orden de la burguesía y la radicalización entre los trabajadores, su expresión misma en la desaparición completa de las viejos partidos burgueses, el declive de la democracia social y la insuficiencia del movimiento revolucionario obligan a la burguesía a usar los métodos más brutales.

Quiere ella, ante las crecientes dificultades y el empeoramiento de la crisis, hacer prevalecer sus planes depredadores contra la radicalización de las masas, continuar su lucha por la salida capitalista de la crisis y romper la resistencia de las masas, y sí los métodos de una dictadura no son suficientes se sirve especialmente del fraude masivo y además de la violencia, pero la violencia abierta y brutal de una dictadura poco encubierta se convierte en una necesidad obligatoria. En este sentido también crece esta fase del desarrollo al fascismo a partir de la mayor descomposición del orden burgués y el creciente espíritu de lucha, de la creciente indignación y fermentación de las masas.

Pero, por otro lado, esta política de la burguesía expresa sobre todo el hecho de que la burguesía, apoyada por un movimiento del fascismo de un millón de dólares, se siente lo suficientemente fuerte como para llevar a cabo sus ataques contrarrevolucionarios contra la clase obrera. Debemos reconocer estos hechos de manera clara y sobria. El partido de Hitler fue llevado por la ola nacionalista chovinista. Y es precisamente esta ola chovinista, con su enorme crecimiento del movimiento fascista, lo que la burguesía usa como respaldo para sus ataques contra el proletariado revolucionario.

Estos ataques forman la base de su política fascista. El programa de la Internacional Comunista describe la destrucción de las organizaciones de trabajadores como la “tarea principal del fascismo”. Las tesis del ECCI* aún formulan más agudamente que la dictadura fascista se levanta “en el camino del desmantelamiento de las organizaciones de trabajadores”. Cuando acusamos por eso al gobierno de Papen, que opera el establecimiento inmediato de la dictadura fascista en Alemania, significa la clarificación total sobre los planes de este gobierno frente a las organizaciones proletarias de clase.

* Siglas del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

 

La principal tarea de este Gabinete, la principal tarea que le asigna el capital financiero, es tratar de aplastar al movimiento obrero revolucionario. El decreto de emergencia política, con sus exenciones no comprometidas contra el KPD, fue el primer paso abiertamente fascista en este camino. Además de la amenaza inmediata de la prohibición contra ciertas organizaciones revolucionarias, los luchadores contra el Fascismo, la Liga Juvenil Comunista, etc., el gobierno pretende imponer una prohibición directa al Partido Comunista y a todas las organizaciones revolucionarias.

Las elecciones al Reichstag también deberían servir al propósito de este ataque, ya que la esperada y muy favorecida “victoria electoral de los nazis” del gobierno de Papen debería proporcionar una licencia renovada para futuros ataques fascistas contra la clase obrera; si se quiere trazar un tan atrevido paralelo histórico, tenemos el asesinato que sirvió para preparar la Ley Anti-Socialista de Bismarck en 1878. En ese momento, el mendaz asesinato de la socialdemocracia después de los disparos de Hödel y Nobiling en Wilhelm I; hoy, la ola chovinista-nacionalista, la ola del hurra-patriotismo, con cuya ayuda el ánimo de masas en favor de los planes fascistas del capital financiero, el junker aliado y la organización terrorista fascista deben fortalecerse nuevamente como la base de masas más importante del gobierno de Papen.

 

V. La dictadura fascista y la política de guerra

La política de opresión brutal de la clase obrera, del ataque fascista a las organizaciones de trabajadores está estrechamente vinculada a la política intensificada de guerra de la burguesía alemana. La integración más firme y definitiva en el frente antisoviético, que resulta de la orientación francesa del gobierno de Papen, hace que los ataques planificados contra el Partido Comunista y las organizaciones revolucionarias de masas se conviertan en acciones que al mismo tiempo sirven para la preparación inmediata de la guerra. En la misma dirección se encuentran los planes para la militarización de los jóvenes mediante la introducción del servicio de trabajo obligatorio. La política exterior de Papen, de capitulación al imperialismo francés, no significa un aplazamiento de la lujuria imperialista de la burguesía alemana sino que está relacionada más cercanamente con las tendencias del rearme interior. Al mismo tiempo, como opera en el gobierno de Papen en Lausanne de nuevo el avasallamiento de los trabajadores alemanes bajo el dictado de Versalles, los militaristas alemanes dirigen un curso imperialista activo en la cuestión de las fronteras orientales que evoca el amago de aventuras bélicas contra Polonia y lo intensifica en extremo. El peligro de la guerra entre sí de varios grupos de poder imperialistas, y con el papel cada vez más activo de Alemania, se ha vuelto poderoso, por lo cual se intensifica también el peligro de la guerra de intervención contra la Unión Soviética.

La política de guerra de la burguesía alemana adquiere mayor importancia a medida que todo el desarrollo internacional se acerca a un cierto cambio en la cuestión teatral bélica de la próxima guerra de intervención contra la Unión Soviética. Si bien la amenaza a la Unión Soviética por parte del imperialismo mundial se intensificó esta primavera, especialmente desde el lejano oriente, el aviso de guerra imperialista en relación con los acontecimientos en Alemania ahora es cada vez más amenazante en la parte occidental de la Unión Soviética, sin por ello ocultar el significado de los procesos manchurianos. Precisamente porque el imperialismo depredador japonés subestima sus fuerzas y halla una mayor resistencia del pueblo trabajador chino y unas complicaciones imperialistas más fuertes, como los imperialistas japoneses habían previsto en la política de guerra de la burguesía alemana va a estar un peligro aún más significativo. La ola chovinista en Alemania, y el belicismo abierto del fascismo de Hitler contra la Unión Soviética, están ayudando a aumentar este peligro.

 

VI. La nueva patada al SPD

El apego más fuerte del capital financiero con respecto de la organización fascista de combate y del terror, del partido nacionalsocialista al sistema del gobierno, es parte de la política planificada de la violencia de la burguesía. Lo que se realiza hoy en el nombre del gobierno de Papen-Schleicher es la continuación y culminación de un cierto proceso que coincide con todo el desarrollo general de la crisis de 1929. A finales de 1929, cuando el ex presidente del Reichsbank, Schacht, emprendió sus intentos de socavar al gobierno de Hermann-Müller y al principio derribó a Hilferding; luego en la primavera de 1930, cuando la burguesía asestó la primera patada a la socialdemocracia con el derrocamiento del gobierno de Hermann-Müller, comenzó este desarrollo que luego continuó en la era de Brüning en los próximos dos años. Con derecho, el KPD caracterizó al régimen de Brüning y su política como la política de la realización de la dictadura fascista en Alemania. En esta política la burguesía utilizó mutuamente a la socialdemocracia y al partido hitleriano. La primera patada para el SPD fue cuando se eliminó de la participación del gobierno en el Reich, pero se le dejó en la posición de un partido tolerante y “silencioso” de la coalición, que al mismo tiempo fue involucrado directa y abiertamente en Prusia y en otros países en el ejercicio del poder. Con el último giro en el desarrollo de la política de la burguesía, que empezó en la primavera 1930, se cambió repentinamente en una fase superior, en una etapa del establecimiento inmediato de la dictadura fascista. La socialdemocracia es incluso eliminada de la posición de un partido de tolerancia parlamentaria, un pilar parlamentario del gobierno, y también debería ser desembarcado en Prusia.

Al mismo tiempo se implementa el acercamiento y en mayor medida la integración abierta del partido de Hitler, lo que discutiremos más detalladamente, en el sistema de gobierno de la burguesía. En el aprovechamiento mutuo de la socialdemocracia y del partido hitleriano a través de la burguesía se ha producido entonces un cierto cambio.

Este cambio tenemos que estudiarlo con gran seriedad, para evitar falsas y oportunistas conclusiones. De ninguna manera pasó el caso de que los nazis simplemente “reemplazaran” al SPD, que el SPD esté colocado como un instrumento inútil de la burguesía, que “el Mohr ha cumplido con su deber y ahora se puede ir”. Eso sería un enfoque mecánico y no dialéctico y una subestimación grave del actual papel de la socialdemocracia en Alemania.

Tales conceptos erróneos aparecen ocasionalmente en la prensa proletaria que simpatiza con nosotros, y en parte incluso en nuestra propia prensa y organización del partido. Dos días después de la elección de Prusia, el periódico “Berlin am Morgen” publicó un editorial en su edición del 26 de abril, en la que se afirmaba:

“La socialdemocracia ha cumplido su deber, se puede ir. Los nacionalsocialistas serán el pilar principal de la dictadura capitalista”

El artículo no contenía una sílaba sobre el futuro papel de la socialdemocracia. Por el contrario, por el simple hecho de que el Centro, el antiguo socio de la coalición del SPD, ahora asumió las negociaciones de la coalición con los nazis, se llegó a la conclusión de que los trabajadores socialdemócratas ya estaban “echados atrás en su frente de clase”. Es evidente que la intrusión de tales ilusiones en las filas del proletariado revolucionario sería un gran peligro. De hecho también se encuentra en un artículo del órgano central de nuestro propio partido, en la “Rote Fahne” del 8 de julio, la siguiente formulación:

“Un apoyo de la política interna esencial de este gobierno [el gobierno de Papen,  nota de E. Th.] dentro de las masas trabajadoras, su principal apoyo social, al igual que antes sigue siendo el liderazgo de la socialdemocracia”.

Aquí aflora un cierto descarrilamiento oportunista en la evaluación de la socialdemocracia, donde ni siquiera se aplica correctamente el término “principal pilar social”. No se le trata como se afirmó en la XI sesión plenaria: la socialdemocracia en su conjunto y con su política no sólo es el pilar social de la burguesía, sino también los “líderes de la socialdemocracia”. Eso termina en la construcción del fascismo social de “izquierda”, por lo que la socialdemocracia podría volver, en caso de la eliminación de los “malos líderes”, a ser un partido proletario, una organización de la clase obrera. Esta distorsión de la redacción clara e inequívoca de la XI Plenaria es asociada con una subestimación del tamaño y de las dificultades de la tarea de ganar a los trabajadores socialdemócratas para la lucha de clase revolucionaria y aislar el SPD. Por lo tanto, no es una coincidencia, cuando la “Rote Fahne” escribió en otro artículo el 2 de junio:

“En esencia, entre nosotros y los trabajadores socialdemócratas la cuestión es de cómo luchamos y eliminamos el sistema capitalista. Los trabajadores socialdemócratas siguen creyendo en la utilidad para el proletariado de las reglas democráticas del juego”.

Una vez más esta afirmación es incorrecta. Si no hubiera obstáculos mayores y más sustanciales para la conquista de la mayoría de la clase trabajadora –y ganar a los trabajadores socialdemócratas es una parte crucial de esta lucha por la mayoría proletaria– la solución a nuestra principal tarea estratégica sería relativamente simple. De tal reducción de las dificultades en la lucha contra el SPD, de tal sobreestimación de la importancia de la socialdemocracia y su papel actual para el gobierno de la clase burguesa, de tal borrosidad oportunista de derecha del papel del fascismo social en la práctica, sí cambiaría nuestra estrategia lógicamente en la dirección de debilitar nuestra lucha fundamental contra la socialdemocracia. Debemos decir con toda nuestra nitidez que el partido no piensa en tal cambio, sino que resuelve con firmeza su línea general contra todas las desviaciones. Es importante lograr una claridad total en estos temas hasta el último miembro entre las filas de nuestro partido.

Hemos visto que la burguesía en la misma medida en que pasó de los métodos “democráticos” de gobierno a los métodos de dominación fascistas, la democracia social sólo fue suplantada por el Gobierno del Reich y, más recientemente, por la “posición de tolerancia” parlamentaria. ¿Qué se expresa en este proceso? ¿Ha cambiado significativamente la socialdemocracia y se ha convertido en un instrumento inútil para la burguesía? Esa fue una argumentación completamente falsa. En realidad, se desarrolló en todo este período el proceso fascista de la socialdemocracia como partido. La política de los líderes del SPD es cada vez más reaccionaria y fascista, la dicotomía entre la masa de trabajadores socialdemócratas y sus líderes siempre se hizo más grande. La verificación del pleno XI sobre el papel de la socialdemocracia como el “factor más activo” de la fascistización en Alemania –como ha mostrado todo el transcurso del año 1931 y los otros eventos hasta la elección de Hindenburg en 1932–- resultó completamente correcta. Y está claro que la socialdemocracia no se ha vuelto “mejor” por los pelos, ni menos hostil a los trabajadores, por los nuevos pasos de la burguesía con el comienzo de la era de Papen.

Al contrario: la fascistización del SPD y de su política no sólo allanó el camino al fascismo hitleriano, sino también es una de las condiciones para el curso actual de la burguesía, que está relacionado con el acercamiento del capital financiero con la organización terrorista del Kampfbund nacionalsocialista. Precisamente porque la burguesía está completamente segura de la socialdemocracia puede tomar un curso que se abstenga de dar a los líderes del SPD una compensación apreciable por sus otros servicios. Los beneficios en el aparato estatal, que antes eran otorgados por la burguesía a cierta clase obrera aristocrática de clase alta, son apropiados cada vez más por los miembros de la clase dominante y su satélite nacionalsocialista. La burguesía es consciente de que también a patadas el liderazgo socialfascista continuará sus servicios por el sistema capitalista.

 

VII. Sobre el rol del Partido en el sistema del poder burgués

Hemos señalado en todo el período de la fascistización que el peligro de ambos pilares del poder burgués, el partido socialdemócrata y el partido de Hitler, estriba en que la burguesía no excluye la explotación de los demás sino que precisamente existe cierta reciprocidad, una interacción a pesar de la dura competencia. Sin una comprensión correcta de esta interacción dialéctica y de las relaciones entre el capital financiero y los diferentes partidos de la burguesía es imposible obtener una clara visión sobre los asuntos de la situación de la burguesía.

Muchas veces también encontramos en nuestra prensa una identificación sencilla y esquemática de determinadas clases y grupos sociales con los diversos partidos políticos. Tal visión no dialéctica conduce a subordinar una férrea relación entre los diferentes grupos de la clase dominante y los partidos individuales que en la realidad no existe. Pero si se parte de tal suposición falsa entre nosotros se comete el error de interpretar la competencia de los partidos, por ejemplo la competencia entre fascismo y socialfascismo, como una lucha de agrupaciones de clase diferentes y también se distorsiona la imagen real del frente de clase.

Por otro lado, esta relación entre la clase en el poder y los partidos burgueses tampoco anula la “vida propia” de esos partidos, que ahora mismo en su misma competencia entre ellos encuentra la más aguda expresión. Si bien es cierto que esta vida propia refleja diferencias dentro de la clase dominante, que a veces tienen también una base económica, no está unida de manera invariable a tales agrupaciones de clases. Sin embargo, teóricamente hablando, estas diferencias pueden traer consigo que degenere la competencia entre los diferentes partidos hasta llegar a formas más altas de discusiones armadas y mutuas persecuciones sangrientas.

Cuando el vicepresidente de la policía, Weiβ, permite la aplicación de la porra de su guardia urbana en el Reichstag contra los diputados socialnacionalistas, hace eso en el marco de su función, que plenamente cumple al servicio del capital financiero, del orden capitalista.

Si los nacionalsocialistas, en el caso de su total toma del poder, anunciaran que quieren subir de rango al mismo vicepresidente de la policía, en dado caso estarían al servicio del capital financiero y del orden capitalista en el marco de su ejercicio del poder.

Tanto unos como otros defienden los intereses de la burguesía. Si bien luchan mutuamente, por ejemplo los nacionalsocialistas están decididos a eliminar a las organizaciones reformistas después de hacerlo con las organizaciones proletarias revolucionarias e incluso el gobierno de Papen para eso posiblemente empiece por los librepensadores socialdemocráticos, eso no cambia en lo más mínimo el contenido de clase de sus políticas. Se debe tener en cuenta que precisamente esos conflictos armados, ese golpe o “ahorcamiento”, son aprovechados por la burguesía para engañar a las masas y atar a uno que otro apoyo a su dominio de clase.

 

VIII. El SPD sigue siendo el pilar de la burguesía

El que la burguesía alemana actualmente disponga del uso mutuo de sus diferentes apoyos, no significa que de alguna forma –como hemos visto– los nacionalsocialistas simplemente ocupen el lugar de la socialdemocracia. Tampoco sería eso teóricamente concebible si el Partido de Hitler pudiera fascinar y absorber a una parte enorme de la clase obrera y también de las organizaciones reformistas en la dictadura fascista completamente desarrollada, cuando para el proletariado el SPD se haya hundido en la insignificancia sin que los comunistas fuéramos capaces de ganarnos a sus masas. Eso casi sería el caso italiano. En Alemania, con su enorme proletariado industrial y su fuerte partido comunista, es teóricamente improbable tal perspectiva, debido a todos los previos requisitos objetivos. Por supuesto, prácticamente depende de nuestra lucha, de nuestra estrategia y métodos correctos, evitar tal peligro a través de la más grande audacia de la lucha revolucionaria de clases y del desarrollo de todas las luchas antifascistas de las masas.

Sin embargo, ¿cómo es la situación actualmente? La socialdemocracia sigue dominando de manera decisiva en aquellas secciones de la clase obrera que no son absorbidas por el movimiento revolucionario, sobre todo en una parte predominante del proletariado industrial. Sin duda el partido de Hitler ha penetrado también en el proletariado, sobre todo entre los desempleados y ciertas capas retrógradas. Pero el apéndice proletario de los nacionalsocialistas no es todavía tan significativo, desde el punto de vista de la preservación del dominio de la clase capitalista, para que a través de este se pudiera organizar un “reemplazo” de los 4 millones de trabajadores que están agrupados en el ADGB* y sean reunidos así junto con los miembros de otras organizaciones reformistas de masas a favor de la burguesía.

* Confederación General Sindical Alemana o Confederación General de Sindicatos Alemanes.

 

Si tenemos en cuenta este hecho de esto se sigue que el SPD sigue siendo aún el pilar principal de la burguesía. Uno de los líderes de la ADGB ha pronunciado el discurso de que ningún gobierno en Alemania puede soportar estar un día “contra los sindicatos”. Naturalmente esto es indirectamente correcto, pero también remarca el papel de los dirigentes del SPD y del ADGB frente al gobierno de Papen. Si todas las masas registradas en las organizaciones del ADGB participaran en una huelga política de masas dirigida por nosotros, el gobierno de Papen difícilmente podría enfrentar tal huelga o incluso una huelga general a pesar del ejército del Reich o de la policía de seguridad.

En otras palabras: el gobierno de Papen también existe con ayuda del SPD. Existe gracias al hecho de que el SPD y la ADGB todavía hoy reúnen a millones de trabajadores, incluidas capas muy importantes del proletariado, y los aleja del frente clasista revolucionario e incluso si es necesario los pone activamente contra la lucha revolucionaria de clases.

Por supuesto, no nos cabe duda de que la burocracia del ADGB y el liderazgo de SPD no se apartarán de esta política bajo ninguna circunstancia. Al contrario: ya en la actualidad el SPD comienza a trabajar con nuevas maniobras de fraude a favor del gobierno de Papen. Su descarada propaganda contra el Partido Comunista, contra nuestra supuesta “charla ridícula de una huelga general”, muestra cuánto tiemblan los traidores profesionales ante los trabajadores frente la verdadera lucha de masas del proletariado contra la burguesía fascista. Así, el SPD introduce nuevos fraudes de gran golpe: no a la lucha de masas, ni las manifestaciones,  ni las huelgas, ni la huelga política de masas, sino la “boleta” como arma para detener el establecimiento de la dictadura fascista. Este fraude es aún más perverso, ya que los trabajadores del SPD sólo han sido arrastrados tres veces por el SPD a la urna con la misma falsa promesa de que con la papeleta puede ser “golpeado el fascismo”. Al mismo tiempo, el SPD ya está tratando de presentar al gobierno de Papen como un “mal menor” contra un gobierno nazi puro y por lo tanto llevar el viejo método de fraude a la nueva situación.

La fascistización de la socialdemocracia produce una colorida gama de los más variados métodos y fenómenos. Desde los pináculos de la socialdemocracia, ciertas partes ya se están adaptando a las nuevas condiciones del gobierno fascista, tal y como en Italia D´Aragona les enseñó: se pasan al partido de Hitler, como el ex presidente de gobierno Gürtner, como el ex ministro prusiano del Interior Waentig y otros muy directamente. Hörsing, el ex líder de la bandera del Reich, está erigiendo su “propio negocio”, donde también habla un idioma fascista relativamente abierto. Así que pasa a las filiales de “izquierdas” del SPD, el SAPD** y el grupito de Brandler, que como los factores de descomposición más peligrosos del frente unido proletario ganan sus méritos para la burguesía y el fascismo. El fraude masivo social-fascista se manifiesta en tan diversas formas en la etapa de la intensificación de la lucha de clases. El hecho de que el gobierno prusiano Braun-Severing, como el llamado “gobierno administrativo”, continúe con su propia política de decretos de emergencia y aplique los decretos de emergencia del gobierno de Papen, es una prueba más de que la práctica del SPD no está de ninguna manera separada de la práctica del régimen de Papen. Mientras que los trabajadores socialdemócratas comienzan a reconocer cada vez más la lucha extraparlamentaria de masas contra el régimen de Papen y el fascismo de Hitler, como partido el SPD tiene un solo objetivo: ¡frustrar esta lucha de masas por todos los medios!

Por todo esto seguimos teniendo razón al hablar de la socialdemocracia como el pilar social de la burguesía y guiar nuestra estrategia a partir de este conocimiento.

** Siglas en alemán del Partido Obrero Socialista de Alemania.

 

IX. El papel actual del Partido de Hitler

¿Qué hay, por otra parte, del Partido de Hitler? Ya hemos señalado en el XI pleno de la ECCI que a medida que la burguesía pasa al uso inmediato de la fuerza y los métodos abiertos de la dictadura, para estos propósitos determinados de supresión violenta del proletariado el partido hitleriano es el instrumento más apropiado al servicio del capital financiero y, por lo tanto, sería utilizado más abiertamente como partido en el gobierno. De hecho, este curso fue tomado por la burguesía y el campo reaccionario de los junkers y los generales.

No obstante, el partido hitleriano, como la organización terrorista y luchadora del capital financiero, organizado y levantado por sí mismo, ya era totalmente parte del sistema de dominación de la burguesía en la época de Brüning. En ese momento reposaba absolutamente su aparente oposición al gobierno de Brüning como un requisito previo para el gran crecimiento de este partido fascista de masas en interés de la política de Brüning de la dictadura fascista. Hoy del mismo modo está la aparente oposición del SPD a los intereses de las políticas fascistas más estrictas de la burguesía alemana, porque a través de su aparente oposición y de su fraudulenta maniobra de frente unido la socialdemocracia puede dar una fuerte oposición a nuestro asalto revolucionario.

A pesar de cada aparente oposición de los nacionalsocialistas contra Brüning, el terror asesino del fascismo a través de su desviación de las masas obreras de la lucha de clases, como un método de intimidación o de provocación y del ocultamiento de las propias políticas capitalistas del Partido de Hitler, había sido en el pasado un importante apoyo a la dictadura emergente de Brüning.

Hoy en día cuando el capital financiero, junto con los Junkers y los generales, persigue directamente el establecimiento de la dictadura fascista, el terrorismo de la burguesía y la propia organización burguesa se usa directa y casi abiertamente como apoyo al gobierno. Si el partido de Hitler no cuenta inmediatamente con puestos ministeriales, ya sea en el Reich o en Prusia, esta táctica de la burguesía debería facilitar tanto el fraude a las masas del SPD, si presenta al gobierno de Papen como un “mal menor” frente a un gobierno directamente de Hitler, además de impedir que el propio partido de Hitler se descomponga, disfrazando su responsabilidad para el sistema gobernante y manteniendo así intacta esta arma de la burguesía para su curso terrorista contra el proletariado. De cualquier forma está en el marco de esa política vincular abiertamente el partido de Hitler con el sistema de gobierno.

La liberación de las SA y su introducción inicial al aparato de poder legal de la burguesía va de la mano con una nueva ola enorme de terror, de asesinato fascista, que se enfrenta a la resistencia decidida de la clase obrera como figura de la organización de Hitler, y su uso ilimitado es un requisito previo para destruir la libertad de las organizaciones trabajadoras. Pero incluso por su política de guerra imperialista más activa en el exterior, por sus planes de militarización y rearme en el interior, la burguesía necesita su organización de lucha abiertamente chovinista-nacionalista como una base de masas inmediata, sin renunciar al SPD en otra función.

Lo que está sucediendo ahora en Alemania es la realización de la política por la que Hugenberg siempre se ha esforzado como líder de los nacionalistas alemanes y el látigo del rumbo fascista. La política de Hugenberg, que impulsó con la destrucción parcial de su propio partido para crear una base de masas más amplia al aumentar la influencia del partido de Hitler en el movimiento nacionalsocialista, encontró su implementación real en el régimen de Papen.

Sin embargo, esta política, como lo recomiendan los representantes del capital financiero más conscientes de la clase, no cumple con los deseos de toda la burguesía. La aparente oposición del centro es, ante todo, una inteligente maniobra de elección; al mismo tiempo, debería disfrazarse la preparación de negociaciones abiertas de coalición entre el centro y los nazis. A su vez, sin embargo, esta declaración del Centro y su rama del sur de Alemania, el Partido Popular de Baviera, expresa la insatisfacción de una sección de la burguesía alemana con la realización del curso de Hugenberg. El avance del primer ministro del sur de Alemania en común con el hombre del centro Hirtsiefer, como representante del gobierno prusiano contra el gabinete de Papen, fue una clara demostración de que el centro anuncia sus derechos. Estas diferencias, que han existido durante años en el campo de la burguesía, y que de ninguna manera han finalizado incluso cuando el gabinete de capitanes industriales, junkers y generales asumieron el cargo, se refieren esencialmente a la cuestión del ritmo y el método fascista de la dictadura burguesa en Alemania. Mientras que la política de Hugenberg-Papen-Hitler persigue el establecimiento inmediato de la dictadura fascista, aplastando incluso a las antiguas organizaciones de masas como los reformistas y en parte también a los sindicatos cristianos, el centro defiende otros métodos, menos peligrosos, en lugar del tedioso camino: deberían ser usadas precisamente esas organizaciones como un importante medio para unir a las masas con la política fascista de la burguesía.

Con la actual oposición simulada del centro, la burguesía está reteniendo la carta que pretende jugar en caso de que, con los métodos del régimen de Hitler-Papen-Schleicher en los próximos meses, la implementación del abierto curso fascista debiera arrojar una abrumadora carga para el dominio de clase burgués. Por supuesto, esto no descarta que incluso después de las elecciones al Reichstag el centro también pueda tomar el curso con métodos fascistas disfrazados y entrar en un gobierno abierto con los nacionalsocialistas.

 

X. Nuestra estrategia revolucionaria

¿Qué conclusiones surgen del análisis anterior de la situación actual para nuestra estrategia y tácticas? El objetivo de nuestra lucha es el derrocamiento de la burguesía, la eliminación en todas sus formas de la dictadura de la burguesía. Concretamente significa que estamos dirigiendo nuestra lucha con el objetivo de golpear decisivamente el gobierno de Papen, junto con su organización de lucha y terror del partido de Hitler, y que todos estamos concentrando nuestras fuerzas por ese objetivo.

¿Qué estrategia debemos usar en la lucha contra el enemigo principal, o sea la burguesía? Debemos ganarnos a las capas decisivas de la clase obrera, que está sola como fuerza principal “hasta el final revolucionario” y por eso está llamada a luchar por ese objetivo, es decir el derrocamiento del capitalismo: ¡Esa es la clase obrera!

En otras palabras, debemos aferrarnos a nuestra principal tarea estratégica, que en el último pleno del Comité Central de febrero de 1932 formuló sus resoluciones: ganar a la mayoría de la clase obrera para la lucha por la conquista del poder político.

¿Qué emana de esta tarea? En la nueva situación debemos aplicar correctamente, bajo la línea de nuestra política de clase, la estrategia del impulso principal contra la socialdemocracia dentro de la clase obrera, sin las más mínimas concesiones a cualquier fraude de la socialdemocracia o de las tendencias oportunistas. ¿Qué significa esto? Significa que es indispensable ganarnos a millones de trabajadores del SPD y del ADGB para nuestra lucha por la eliminación de la dictadura burguesa, a través de la concentración enérgica de nuestro trabajo en las empresas para la lucha antifascista y anticapitalista.

A menos que se liberen de la influencia de los líderes socialfascistas, estos millones de trabajadores se perderán en la lucha antifascista. Por lo tanto, el aislamiento del SPD y de los líderes del ADGB en la clase obrera sigue siendo nuestra tarea estratégica más importante, pues este aislamiento de los socialfascistas es sinónimo de la tarea positiva de ganar a la mayoría de la clase obrera para la lucha por la conquista del poder político.

Nada ha cambiado en nuestra orientación principal. Debemos romper, a través de nuestra praxis revolucionaria, con todos aquellos que especulen sobre un giro oportunista, un cambio de frente o sobre una derecha del KPD.

 

XI. ¿“Fundación de bloque” o frente unido desde abajo?

Esta orientación estratégica del empuje principal contra la socialdemocracia dentro de la clase obrera en lo más mínimo significa un debilitamiento de la lucha contra el fascismo de Hitler, como mantienen los difamadores del partido comunista del golpe de León Trotsky. Por el contrario, es un componente indispensable, una condición indispensable para la lucha exitosa contra la dictadura fascista. En la actualidad, el Sr. Trotsky siempre se esfuerza por realizar maniobras de engaño una y otra vez en interés de la burguesía alemana frente a los trabajadores alemanes con conciencia de clase. Él predice el “bloque” del KPD con el SPD “contra el fascismo”. Una parte considerable de la prensa burguesa lo aplaude animadamente. Recientemente, el liderazgo oficial de la socialdemocracia comparte el discurso de Trotsky e intenta ocultar su verdadera lucha contra el frente unido del proletariado, contra la lucha antifascista de masas bajo el liderazgo revolucionario, con “maniobras fraudulentas del frente unido” y propuestas de bloqueo contra el KPD. La aparición del jefe de redacción del “Vorwärts” del comité de dirección del SPD ante los funcionarios socialdemócratas de Hamburgo, del presidente del AFA-Bund para el llamado del führer para el conocido “Frente de hierro” el 9 de julio, así como los artistas “Zwei Fragen” del 14 de julio, señalan las futuras tácticas socialfascistas en esta cuestión. En la medida en que a través de la rebelión de los trabajadores del SPD crecen rápidamente las condiciones previas para el frente unido combatiente y antifascista del proletariado, los líderes socialfascistas del SPD y el ADGB dirigen sus ataques con crueles fraudes en el arte de Stampfer, Höltermann, entre otros.  Los líderes de SAPD y brandleristas superan las medidas oficiales del SPD en este tipo de “radicalismo”, que no tiene nada que ver con un reflejo de la radicalización honesta de los trabajadores del SPD.

No pensamos contraponer la tarea de la lucha contra la socialdemocracia a la lucha contra el partido de Hitler, que con el tiempo parte uno del otro. La tonta suposición de Trotsky de que los comunistas quieren primero ganar a la socialdemocracia para “luego” atacar y destruir el fascismo de Hitler, corresponde a la visión mecánica de Trotsky, que él mismo nunca superó en sus mejores días, y que no tiene nada que ver con la realidad de la política comunista.

A la inversa: el Sr. Trotsky y otros “asesores” del proletariado quieren proponer a la clase obrera una política que separa y desafía la lucha del partido revolucionario contra el fascismo y contra el socialfascismo, contra el partido de Hitler y contra la socialdemocracia. Se supone que el KPD, bajo su receta, debería renunciar hoy a la lucha contra la socialdemocracia, construir un bloque con el partido del socialismo de Hindenburg, con “Noske y Grezesinki”, y de esta manera luchar contra Hitler.

El KPD ha superado graves experiencias históricas en la cuestión de la distorsión oportunista de la táctica del frente unido. Recientemente el V Congreso mundial de la Comintern suministró armas ideológicas al KPD en una dimensión particular, en contra la falsificación del método de la táctica del frente unido diseñado por Lenin para el proletariado en países capitalistas. Los partidarios abiertos de una táctica de frente unido sólo desde arriba, de una “política de bloque” con los líderes del SPD y el ADGB, ya no pueden estar hoy en las filas del partido comunista. Pero el hecho de que, a causa del aumento numérico de nuestro partido un gran porcentaje de los miembros del partido no ha participado activamente en los conflictos internos de los años 1923 a 1928, hace necesario evocar las experiencias y resultados de esos conflictos en nuestro trabajo propagandístico. El Sr. Trotsky se atreve a justificar sus propuestas contrarrevolucionarias con las tácticas de Lenin y los bolcheviques en 1917 con motivo del golpe de Kornilov. Una distorsión más audaz de la política de Lenin es difícil de imaginar. Si uno quisiera permitirse la comparación bastante discutible de la situación actual en Alemania y la situación en Rusia en 1917, antes del golpe de Kornilov, la táctica de Lenin en aquel tiempo justificaría plenamente la política que está realizando actualmente el Partido Comunista de Alemania.

¿Qué táctica recomendó Lenin ante los primeros rumores de un inminente golpe de los regimientos cosacos, cuando los mencheviques ofrecieron a los bolcheviques un bloque –igual que como hace hoy el Sr. Stampfer al KPD bajo la receta de Trotsky? Lenin escribió una carta al final de agosto de 1917, en la que dice:

“Es difícil creer que puedan encontrarse tales simplones y canallas entre los bolcheviques, respecto a que ahora se diera un bloque con los defensores de la Patria… Con personas que finalmente han pasado al campo del enemigo uno no negocia, con ellos uno se cierra sin bloques”.

La respuesta bolchevique a una propuesta de los mencheviques tendría que ser – así escribió Lenin– de esta forma:

“Por supuesto que nos vamos a batir. Pero no nos comprometemos con ningún voto de confianza para ustedes, tal como los socialdemócratas en febrero de 1917 lucharon con los cadetes contra el zarismo, sin hacer ningún tipo de alianza con ellos, sin dar crédito a ellos, ni siquiera por un momento. La menor confianza en los mencheviques sería hoy tanta traición de la revolución como lo habría sido la confianza en los cadetes en los años de 1907 a 1917”.

Con la misma claridad, nosotros lo comunistas alemanes tenemos que decir a la clase obrera: no se puede vencer al fascismo hitleriano sin la lucha más tenaz contra la socialdemocracia y sin lograr su aislamiento; sin la lucha por la separación de la burocracia del ADGB de la influencia de millones trabajadores de la libre empresa; sin el establecimiento del frente de batalla conjunto con ellos, mientras que los líderes del SPD luchan con todos los medios de difamación, demagogia y maniobras fraudulentas.

No es posible luchar con éxito contra el enemigo principal, la burguesía, el gobierno de Papen, sin la estrategia del impulso principal contra la socialdemocracia dentro de la clase trabajadora; sin esta estrategia de lucha por la mayoría de la clase obrera. Ninguna “política de bloque” con los líderes social-fascistas, no ahora y jamás políticas de frente unido sólo desde arriba, sino una política de frente unido desde abajo, desde las fábricas, con la movilización de masas al combate; todo esto cumple con las condiciones de la situación actual. Eso no excluye, en ciertos casos y especialmente en una etapa de un movimiento de masas más avanzado, la aplicación de las tácticas de frente unido desde abajo y arriba en un sentido revolucionario.

 

XII. ¿Cómo debemos aplicar la táctica del frente unido?

La cuestión de si nosotros ofrecemos a la vez las mejores ofertas–en interés de una producción reforzada en las masas del frente unido desde abajo para la lucha común– con respecto a las instancias del SPD y del ADGB, depende de dos condiciones decisivas: primeramente, la movilización ya debe haber alcanzado un grado tal para el establecimiento del frente de batalla común que genere de nuestra parte un eco real en los partidarios del SPD y en los militantes del ADGB; en segundo lugar, debe existir la certeza, dadas las condiciones concretas, de que en la voluntad de tomar las medidas independientes en el asentamiento del frente unido para combatir el fascismo entre la masa de los trabajadores socialdemócratas y de los “sin partido”, a nuestro acercamiento no lo debiliten las instancias superiores, es decir no transformar la actividad en una espera a que “si los de allá arriba están de acuerdo”, sino a que, por el contrario, la iniciativa de masas desde abajo ya se intensificó. Naturalmente, ambos aspectos son inseparables.

El factor decisivo es que siempre logremos crear entre las masas las bases para las acciones, para las verdaderas hostilidades y para la verdadera lucha de masas antifascista. Por lo tanto, dado el rápido ritmo de desarrollo, no puede haber un esquema para nuestras tácticas, sino solo una reacción viva del partido que debe dar el paso en cada situación, adaptarse a las condiciones particulares y desarrollar el poder de la lucha de la clase obrera tanto como sea posible.

La adhesión incondicional a nuestra línea de clase revolucionaria, la defensa inquebrantable de nuestra estrategia revolucionaria contra todas las desviaciones oportunistas, requiere al mismo tiempo la lucha más aguda contra otro tipo de errores y tergiversaciones que han surgido al llevar a cabo en la práctica esta línea. ¿También hemos aplicado correctamente nuestra línea correcta? ¿No existieron voces sectarias en las cuestiones del frente unido, que sin embargo constituyen un componente indispensable de nuestra política revolucionaria para ganar la mayoría proletaria y, por lo tanto, también en nuestra lucha contra el SPD? Sin duda la política práctica de nuestro partido tuvo debilidad en esta dirección y tenemos decididamente que liquidarla.

Es completamente inaceptable ignorar o disculparse por cualquier error o negligencia en la lucha contra el Partido de Hitler, con la orientación estratégica del impulso principal contra la socialdemocracia.

Es intolerable interpretar esta estrategia revolucionaria en el sentido de que es suficiente denunciar constantemente la traición a través de nuestra agitación y propaganda práctica, sin que a la vez convenzamos categóricamente a los trabajadores socialdemócratas, con toda nuestra práctica, de que somos el único partido antifascista, de que somos el partido de la lucha real contra el fascismo de Hitler y contra el capitalismo en general, así como el único partido del marxismo y la revolución proletaria.

La vigilancia real de cada estrategia revolucionaria en la lucha por la mayoría de la clase trabajadora requiere que nosotros podamos responder la pregunta de cómo se bate mejor a la socialdemocracia, cómo aislarla con mayor éxito de la clase obrera. Y es claro que los trabajadores socialdemócratas y sindicalistas independientes solo pueden separarse de la socialdemocracia al participar en una lucha antifascista de masas contra Papen y Hitler, en la lucha antifascista por los subsidios diarios y por los objetivos de la clase proletaria, aplicando la táctica del frente unido al frente de batalla común, involucrando a los trabajadores revolucionarios del KPD y del RGO.

¿Es esta una nueva declaración? El caso no es así. Precisamente debido a la experiencia del trabajo revolucionario de nuestro partido, ya hemos manejado estos problemas tácticos desde hace más de un año durante el XI pleno del ECCI. Incluso en ese entonces se señaló que acabábamos de aprender de la experiencia del partido alemán lo necesario que es demostrar a las masas en todas nuestras políticas, con todas nuestras acciones y con nuestra agitación y propaganda, que somos el único partido anticapitalista, la única fuerza antifascista que lidera la lucha contra la burguesía y el fascismo. En ese entonces se dijo que el socialfascismo no puede ser golpeado sin movilizar a los trabajadores socialdemócratas para que luchen contra el fascismo bajo el liderazgo del partido comunista.

Si hubiéramos aplicado satisfactoriamente este método correcto, superando todos los errores y debilidades, habríamos logrado un mayor éxito. Los grandes entorpecimientos contra la aplicación de la política del frente unido con los trabajadores del SPD; las omisiones en el trabajo sindical interno, que de hecho es un área principal de la política del frente unido; las debilidades en el trabajo en las empresas y entre los desempleados; las omisiones en el trabajo respecto al RGO; así como el trabajo entre los trabajadores sin organización y los múltiples errores en la lucha relativa contra el Partido hitlerista, criticados en la evaluación partidaria, nos han impedido hacerlo. Primero, con la superación de esas debilidades y entorpecimientos el KPD dará el paso decisivo de su desarrollo definitivo en un partido de combate bolchevique, como se describe en la primera sección de este artículo.

Sobre la base de nuestra autocrítica bolchevique trabajamos sistemática e incesantemente para superar estas grandes debilidades y erradicar las que ya existen, a la vez que creamos el requisito para documentar de manera clara y brillante nuestro papel como el único partido anticapitalista y antifascista, frente a millones de las masas más amplias del proletariado alemán, y de esta forma reunimos bajo nuestra dirección a estas masas para la lucha revolucionaria.

La aplicación correcta de la táctica del frente unido, como un método revolucionario para la movilización de las masas por la lucha, es de importante significado para lograr nuestras tareas. Donde este contenido de combate carezca de la aplicación de la táctica del frente unido, donde se use sólamente de manera agitativa, más fácilmente surgirán las debilidades oportunistas. Ahí donde la táctica del frente unido se ha llevado a cabo en calidad de movimiento de lucha han resultado menos errores oportunistas y, en cambio, inequívocos éxitos del frente de clase revolucionario.

 

XIII. Las tareas concretas del próximo periodo

¿Qué tareas concretas resultan esenciales para nuestro partido?

  1. Debemos desencadenar y desarrollar la lucha de masas contra el gobierno de Papen, contra la ofensiva fascista burguesa en general. Huelgas económicas, acciones de paro, huelgas de inquilinos, luchas de masas para la defensa de la seguridad social, contra la usura fiscal, contra las ejecuciones hipotecarias y el desalojo, además de la preparación concreta y el sorteo de huelgas políticas de masas, y finalmente huelgas generales en distritos enteros o en la escala del Reich –esa es la línea de las luchas que tenemos que lograr. Solamente por esa lucha de masas podemos detener este desarrollo fascista adicional.
  2. Tenemos que contraatacar al fascismo de Hitler, esto sólo puede pasar en la línea de dirección de la lucha de masas de la clase obrera y la gente trabajadora.

La organización más amplia de la autodefensa roja de masas es de la mayor importancia. No hay concesiones a las tendencias falsas y peligrosas del terror individual, que la mayoría de las veces el mismo enemigo de clase intenta provocar al introducirlas de contrabando en las filas de la clase obrera revolucionaria. Ciertamente existe la lucha más aguda contra todas las capitulaciones y estados de pánico ya que sólo son creados por el liderazgo socialdemócrata entre el proletariado.

En la lucha contra el partido de Hitler tenemos que ser claros en este respecto: los nacionalsocialistas pueden ser expuestos más fácilmente en el campo de las cuestiones sociales, las demandas económicas, etc., pero en vista de la gran ola chovinista es imposible repudiar el fascismo de Hitler si en la cuestión nacional y en nuestro camino revolucionario en la lucha por la libertad contra Versalles no lo denunciamos ante las masas.

Además, las condiciones son más favorables que antes. El partido de Hitler es abiertamente responsable del gobierno de Papen, de su orientación francesa y su política de bloque que mantiene contra la Unión Soviética.  Frente a la política exterior de este gabinete que gestiona, aunque con algunos restos nacionalistas, una política de capitulación ante el imperialismo francés, y frente a un satélite nacionalsocialista es necesario desarrollar más que nunca nuestra lucha ofensiva y aguda contra Versalles en la línea del programa de la liberación nacional y social de agosto 1930 y la declaración del pleno del Comité Central de febrero de 1932.

La política de guerra de la burguesía alemana, el agravamiento de su agresividad imperialista y por allí las inminentes aventuras imperialistas en la frontera oriental son una razón más para que nosotros, frente a la demagogia chovinista del partido de Hitler, por nuestra parte desenvolvamos la pancarta del internacionalismo proletario entre las masas. Tenemos que establecer claridad absoluta en que sólo el proletariado es capaz de solucionar, sin guerras imperialistas, todas las cuestiones relativas a la liberación de los trabajadores alemanes del yugo de Versailles, incluido los problemas orientales. Tenemos que establecer claridad acerca de que el proletariado revolucionario y su partido se han formado una decidida posición revolucionaria en contra de las aventuras imperialistas y las  amenazas de la burguesía alemana de Papen, Schleicher y Hitler.

En el pasado el abandono de la lucha ideológica de masas contra el fascismo de Hitler, el uso de consignas falsas como “¡Derrota a los fascistas donde los encuentres!” y la subestimación de la creciente ola nacionalsocialista en nuestras filas han obstruido al partido en su lucha contra el movimiento de Hitler. Acrecentar y reforzar la lucha ideológica de masas, que necesariamente debe estar relacionada con la creación de la autoprotección roja de las masas*; la implementación de una política seria para exhibir a los nacionalsocialistas como mercenarios del capital financiero; y la alianza de lucha con las masas obreras socialdemócratas en esta ofensiva contra el fascismo de Hitler. Esta es la línea de conjunto bajo la que podemos y debemos dirigir una exitosa lucha contra el nacionalsocialismo.

* Al respecto es de suma importancia conocer y estudiar la experiencia del Roter Frontkämpferbund.

 

  1. Debemos aplastar el engaño de la socialdemocracia, bajo el cual ésta se presenta como si también fuera una “fuerza antifascista”. El SPD intenta encubrir, con su cómoda oposición a Papen y Schleicher, que éste ha subido a Schleicher y a Papen a la silla mientras abiertamente toleró a Brüning. Tenemos que denunciar indiscriminadamente el papel de los líderes del SPD como pioneros de la reacción fascista, del régimen de los capitanes industriales, de los escuderos y generales, así como mantener la memoria del fraude electoral de Hindenburg y claramente traer la conciencia a las masas sobre el papel actual de la socialdemocracia.

Esta intensificación de nuestra lucha fundamental contra los líderes del SPD y del ADGB en la base del desarrollo más amplio de la táctica del frente unido, entre las masas obreras socialdemócratas y libres que realmente quieren combatir contra el fascismo, tiene que servir para destruir las ilusiones parlamentarias y demócratas de las masas. No debemos permitir en la lucha contra el fascismo, contra Papen-Schleicher y contra Hitler, y en la lucha contra todas las medidas del fascismo que aumentan el desempoderamiento de las masas y quieren reemplazar las leyes existentes de papel por unas más reaccionarias, que surjan ilusiones de que queremos luchar por la república de Weimar, como si nuestro objetivo fuera restaurar las condiciones constitucionales.

Golpeamos al fascismo porque es el ataque más duro contra la clase de los trabajadores. Luchamos con toda fuerza contra Papen, Schleicher y Hitler porque quieren erigir una dictadura fascista, porque aplastan al proletariado, porque suprimen sangrienta y terroristamente, en definitiva porque quieren hacer al insoportable estado anterior aún más insoportable. Nos convertimos en cada fracción única de todos los derechos de la clase obrera, de cada pequeña concesión que la burguesía otorgaba a la clase obrera, y contra la cual Papen, Schleicher y Hitler se defienden con la presión de las viejas fuerzas.

Pero tampoco damos ningún minuto de nuestra fuerza a favor de permitir el “regreso” del poder de Brüning-Groaner.

¡Es tan claro y agudo el que estemos trabajando la oposición frontal de todas las fuerzas proletarias de clase contra Hitler, Papen y Schleicher, y tan clara y agudamente nos referimos a nuestro frente contra Brüning, Braun y Severing como los pioneros del fascismo de Hitler y la dictadura fascista abierta!

Entre otras cosas, el XI Pleno del ECCI en sus afirmaciones teóricas ha refutado la teoría, a veces cuestionada, de que la dictadura fascista es la “última” etapa del dominio de la clase burguesa y según la cual tras ésta solo podría seguir el establecimiento de la dictadura proletaria. Tal teoría falsa a veces también existió en el partido alemán y llevó, por ejemplo en diciembre de 1930, a errores y exageraciones en la valoración del carácter del gobierno de Brüning. Hoy tenemos que estar claros sobre la posibilidad teórica de que la burguesía puede muy bien, bajo ciertas condiciones, una vez más cambiar de las formas de gobierno fascista a un mayor uso de los métodos de fraude de masas, a un disfraz democrático de su dictadura, para lo que el Centro quiere mantener la puerta abierta en cualquier momento. Si admitimos esta posibilidad, bajo las condiciones modificadas de las prerrogativas de la lucha de clases, al mismo tiempo significa también que tenemos que avisar al proletariado de los peligros de tal desarrollo.

Si los trabajadores alemanes logran eliminar al régimen de Papen a través de su fuerza combinada harían que el fascismo hitleriano salga a la fuga, pero si la clase trabajadora se conforma con Brüning y Stegerwald, Severing, Braun y Wels entonces éstos de nuevo tomarían sus lugares y gobernarían de nuevo con decretos de emergencia, concordatos, leyes de protección republicana, porras de goma y mosquetones de policía, y entonces el proletariado alemán habría robado los frutos de su propia victoria. Así nada habría de mejorar. Por lo tanto, el partido comunista nunca renunciará a marcar y exponer, de frente a las masas una y otra vez, las políticas del gobierno Brüning, del gobierno Braun-Severing y de todos los crímenes de los líderes socialdemócratas en el pasado y en el presente. De esta manera podemos proteger a la clase obrera alemana de las ilusiones peligrosas, al guiarnos en el camino de la lucha que conduce a la victoria real, y permitirle a la clase obtener los frutos de la victoria.

  1. Tenemos que movilizar a las masas para la defensa del partido comunista. Asegurar y proteger a nuestro partido de los ataques del enemigo de clase no solo es una cuestión del partido, de sus miembros y funcionarios, sino de toda la clase obrera. Asegurar al partido y su trabajo revolucionario significa aumentar el anclaje del partido entre las masas. Pero esto requiere concentrar nuestras fuerzas en las empresas y las industrias, liquidar todas las debilidades de nuestro trabajo revolucionario y además realizar una política que pueda crear claridad en millones de las masas más amplias sobre el papel de nuestro partido como el único partido anticapitalista y antifascista. Una política que muestre a millones de masas que sólo nosotros defendemos los intereses de los trabajadores y desempleados, que somos el único partido de la lucha real contra Versalles y el plan depredador de Young, que somos la salida revolucionaria de la crisis, que somos el único partido del socialismo. Todo esto no es sólo una cuestión de agitación y propaganda, sino sobre todo una cuestión del liderazgo en la lucha de masas. En esto se traduce la estrecha conexión de todos estos problemas y tareas con el tema central de la bolchevización del Partido Comunista de Alemania (KPD).

 

XIV. La acción antifascista como el “eslabón” correcto

El camarada Lenin dijo en 1920:

“Descubrir, señalar, determinar correctamente la manera concreta o el mejor giro de los acontecimientos que llevan a las masas a la última y revolucionaria lucha realmente decisiva: esta es la tarea principal del comunismo actual en Europa Occidental y América”

A esta cuestión sobre el eslabón correcto que tenemos que tomar para movilizar a las masas a la lucha contra la dictadura de la burguesía y sus satélites, y desarrollar esa lucha de masas a formas superiores, el KPD ha respondido con el comienzo de la acción antifascista.

La acción antifascista debe unir todas las formas de la resistencia proletaria de masas contra el fascismo, el hambre y la guerra, y convertirse en una lucha activa de masas. Ella nos debe permitir la organización firme de un movimiento del frente rojo de millones. Aparte de eso ella debe ayudar al partido a reunir a las masas en la lucha contra todas las salidas capitalistas de la crisis y prepararles en la lucha para la salida revolucionaria, para la revolución proletaria.

Así la acción antifascista es el siguiente eslabón de nuestra política revolucionaria, la forma en la que aplicamos la táctica del frente unido desde abajo en la base de las empresas, de las oficinas de recaudación, de los barrios de los trabajadores. Pero no es suficiente reconocer ese eslabón, también tenemos, sin embargo, que desarrollar en nuestra práctica los métodos que son necesarios para la realización de esta política.

En el contexto de la acción antifascista tenemos que emprender con mayor fuerza el trabajo sindical para la creación de un movimiento amplio de oposición en los sindicatos reformistas.

Tenemos que mejorar, con nuestro curso hacia las empresas, el trabajo del RGO como una las principales correas de transmisión del movimiento revolucionario a las masas, y que nos apresura el desapego de las masas trabajadoras con respecto a las influencias del enemigo de clase y de sus agentes.

Tenemos que despertar en las masas la comprensión de la importancia que se avecina en las luchas, en el contexto del desarrollo de la lucha de masas hasta la huelga política.

Tenemos que explotar la acción antifascista, reforzar la alianza entre la ciudad y el campo en nombre de la hegemonía proletaria, que precisamente es de suma importancia en la lucha contra la contrarrevolución fascista.

Ponemos toda nuestra campaña para las elecciones del Reichstag al servicio de la acción antifascista. Al mismo tiempo eso significa que exploramos esa campaña totalmente en la base de la concentración de nuestras fuerzas en las empresas y oficinas de recaudación para la movilización extraparlamentaria de masas. Cuanto más fuerte resulta el compromiso de millones por el comunismo, que queremos lograr a través de la tensión de todas nuestras fuerzas en las elecciones al Reichstag, más beligerantes y decididas serán las masas fuera del Parlamento en huelgas y en defensa de su partido revolucionario.

Ahí radica la gran importancia extraparlamentaria de esta elección del Reichstag, debemos concientizar en ello a todos los trabajadores con conciencia de clase, a cada trabajador, a cada trabajador joven, y sobre lo que debemos llamar la atención de los trabajadores de la ciudad y el país.

 

XV. El eslogan del gobierno obrero y campesino

En nuestra campaña por la acción antifascista sostuvimos el eslogan del gobierno de trabajadores y campesinos, que posee, sin duda, un gran poder incendiario frente al gabinete de capitanes de la industria, los Junkers y los generales. También en la cuestión de aplicar este eslogan, nuestro partido mira atrás, hacia ciertas experiencias, que son menos familiares al gran porcentaje de nuestros nuevos miembros. El intento de los oportunistas de derechas, bajo Brandler y Thalheimer en 1923, de convertir “el gobierno de trabajadores y campesinos” en una “forma intermedia entre la dictadura burguesa y la proletaria”, hacia una “solución de transición”, fue una falsificación de este eslogan revolucionario que la Comintern había establecido. El eslogan del gobierno obrero y campesino es para nosotros un sinónimo de la dictadura proletaria, una redacción más popular y más comprensible para las masas de millones, y con la que, sin embargo, no se expresa nada más.

Con este eslogan damos a toda nuestra campaña de masas al servicio de la Acción Antifascista la dirección que apunta, desde la etapa actual a las elecciones del Reichstag y más allá, hacia el objetivo de la salida revolucionaria. Esto es tanto más necesario como la nueva situación creada por el agravamiento de la crisis y la escalada de las contradicciones de clase, que a su vez aumentan todas las contradicciones internas y externas y agrava todas las contradicciones en general. Los prerrequisitos de la crisis revolucionaria maduran a un ritmo violentamente acelerado. Con la incesante propaganda por el gobierno obrero y campesino en lugar del régimen capitalista-fascista de hoy desplegamos entre las masas el estandarte de la revolución popular, en cuyo signo se forma el ejército proletario de la libertad en las luchas parciales y cotidianas del presente, en la defensa y en el ataque, ¡en las batallas de la lucha de clase!

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