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Entre las patas de los caballos.

Autor: Iván Rodríguez.

No hay muchacho acusado de robo con quien no
vaya también y sea juzgado y condenado.
-Walt Whitman.

I.
Es deber inaplazable
Detener,
En cualquier nivel,
La desgracia que nos acecha.

Para ello
Es necesaria nuestra arma
Más elevada:
La conciencia.
Sólo con ella podemos deshacernos
De cuanto daña
A la juventud de nuestra clase…
¡La clase proletaria!

Porque mirar para otro lado,
Aunque sea desviar
Unos milímetros la mirada,
Es como declarar que uno se encuentra muerto
Desde hace tiempo.

Y no niego
Que se pueda redactar,
Que se pueda hablar,
Incluso si ustedes gustan,
Se puede hasta pensar
En mil y un cosas más,
Pero, en cambio, no se debe ignorar
Los más diversos despeñaderos
A los que son condenados
Nuestros contemporáneos…

Ellos,
Cada uno,
Todos nuestros contemporáneos,
Más que ser hoyos en el suelo,
Muestrarios de calibre de bala,
Estopas con patas,
Estaban destinados a las más altas tareas,
Pero un cínico,
Un monstruo,
Una bestia
Que suda sangre por sus poros
Se los ha arrebatado…

Y no conforme con arrebatarles
El alto destino al que estaban consagrados,
Los ha obligado a los más crueles laberintos:
Trabajar para el narco,
Combatir contra el narco falsamente
Mientras combate a sus iguales,
Hacer uso de las drogas del narco.

Pero esta bestia no tiene un fondo conocido
Y, peor aún, no se deleita sólo con lo descrito,
Se agranda el pecho,
Baila sobre las fosas,
Canta a todos los vientos sus incoherencias
Como si de milagros se trataran:
Que a los jóvenes
Les ha dado universidades que no existen,
Les ha dado dinero repartido como migajas,
Los ha enviado a trabajar sin reconocerles que trabajan,
Les da falsas esperanzas,
No achica las jornadas,
Nos avienta unas monedas
Y quiere que bailemos
Y comamos
Y bebamos
Hasta el hartazgo.

II.
Entonces, a la carga,
Hay mucho por hacer,
Sobran tareas
Y faltan manos…

En cada uno de ellos,
En cada uno de nosotros,
Hay un sinfín de proezas
No hay que cansarnos de buscarlas…
Cada uno de ellos puede ser otro Gamiz,
otro Siqueiros, otro Mella;
Cada una de ellas puede ser
una Modotti, una María Luisa, una Tania.

El organizar a las masas
Es ineludible,
Es tarea que no se puede aplazar,
No confíes ¡jamás! De quien opine lo contrario.
Porque nos es urgente
El arrancar de las fauces
De la miseria
A las juventudes explotadas,

Y porque nos es más urgente
Detener a quienes les gusta
Estar dentro de la miseria misma;
A los que les gusta estar
Hundidos en la mierda hasta el cuello;

Con ellos, los que se niegan
A integrarse a la nueva sociedad,
Que sólo dañan a nuestra clase,
¡Lo siento!,
Pero nuestro látigo será implacable.

III.
El meollo del asunto,
Aunque sorprenda,
Es insistir, Insistir, Insistir,
Y cuando nos encontremos cansados
Y no haya ganas de nada,
Volver a insistir.

¡Golpear con fuerza todas las bastillas!
¡Arrojar con ímpetu todos los adoquines!
¡Levantar hasta el cielo todas las barricadas!
¡Tomar todos los palacios de invierno!

Es necesario
Para acabar con esta bestia
Hacer que truene,
Desde el fondo,
El mundo entero

Si es preciso;
Todo para que ningún joven
Pierda otro amigo en los vicios.

IV.
Y si es aún más preciso
Pago con las únicas
Monedas que tengo de valor:
Mi sangre por la de 100 de ellos,
Mi vida entera por la de miles de ellos,
Mi alma, mi pluma, mis palabras,
Ya no por millones
Sino por todos,
Por cada uno de ellos.

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