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¿Hermanos al rescate o piratas del caribe?

¿Hermanos al rescate o piratas del caribe?

Sobre las falsas acusaciones contra el General Raúl Castro

 

Juan Armando Ramírez García

 

En la primavera de 1953, Nikolai Leonov, un agente de la KGB, fue enviado a México para estudiar en la UNAM y perfeccionar su español. En el barco Andrea Gritti que lo trasladaría a nuestro país, se encontró con tres jóvenes latinoamericanos muy joviales que regresaban a sus países después de participar en el Festival Mundial de la Juventud celebrado en Bucarest. Le llamó la atención que uno de ellos estaba leyendo el Poema pedagógico de Makarenko. Al interactuar con ellos, supo que dos eran guatemaltecos: Ricardo Ramírez León y Bernardo Lemus Mendoza.

El primero formaría años después el Ejército Guerrillero de los Pobres, la principal organización de las que conformaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca; el segundo llegaría a ser un reconocido abogado, defensor de causas sociales y que sería asesinado por la organización paramilitar la Mano Blanca. El que estaba leyendo el libro de Makarenko, respondía al nombre de Raúl Modesto Castro Ruz y ya estando en México, Leonov se enteró por la prensa que, junto a su hermano Fidel Castro, había participado en el asalto al cuartel Moncada para derrocar a la tiranía de Fulgencio Batista. Este es el hombre al que la administración del ridículo pedófilo Donald Trump pretende intimidar tratando de procesarlo penalmente.

¿Y de qué acusan a Raúl Castro? De haber ordenado el derribo de avionetas piratas de la organización terrorista fachada: Hermanos al Rescate. Esta organización supuestamente ayudaba a gusanos que naufragaban en su intento de llegar a Estados Unidos, regresó a la que siempre había sido su ocupación: el terrorismo. Pero veamos la verdad sobre esta organización y el hecho que el gobierno de Estados Unidos hoy tergiversa para hacer acusaciones falsas contra el General Raúl Castro.

Hermanos al Rescate fue fundada en 1991 por un mercenario y terrorista llamado José Basulto, nacido en Santiago de Cuba el 4 de agosto de 1940, hijo de un administrador de una empresa norteamericana. Seguramente de ahí ya le venía la vocación de servil cipayo. Basulto formó parte de la Operación 40 y de la Brigada 2506 que invadió Bahía de Cochinos. En agosto de 1962 navegó en una embarcación hasta La Habana, llevando un cañón de 20 mm con el cual disparó contra el hotel Hornedo de Rosita, en el barrio de Miramar.

El tipejo se enorgullecía de sus acciones y no negaba la cruz de su parroquia: “Fui entrenado como terrorista por Estados Unidos para utilizar la violencia para alcanzar sus objetivos”. Entre los delirios del mercenario estaban, según confesó, sentirse John Wayne y Luke Skywalker… pues bien, “caminando en el cielo” de la isla, las autoridades cubanas pondrían fin a sus provocaciones. Igualmente, Basulto debería haber sabido que el actor que interpretó a Obi-Wan Kenobi el maestro de Luke Skywalker, Alec Guinness, fue amigo de Fidel Castro, a quien conoció con motivo de la filmación de la película Nuestro hombre en La Habana, basada en el libro homónimo de Graham Greene.

 

El 10 de noviembre de 1994, Basulto violó el espacio aéreo cubano y tiró propaganda contrarrevolucionaria en la isla. Durante 8 meses tal fue su modus operandi. La provocación más famosa fue el 13 de julio de 1995, cuando desde su avioneta Cessna Skymaster voló a baja altura sobre el malecón habanero dejando caer medallones religiosos con la frase: “Hermanos, no camaradas”. De regreso en Miami le confesó a un camarógrafo de la NBC que quería un enfrentamiento con Cuba.

 

Cuba presentó alrededor de 25 protestas diplomáticas ante el gobierno de William Clinton. Todas infructuosas. Igualmente utilizó todos los canales a su alcance para expresar su molestia y solicitar que cesaran tales vuelos provocadores, pues Basulto se jactaba de que podía incursionar en Cuba las veces que quería sin que los cubanos hicieran nada. Las quejas incluso las presentaron los cubanos personalmente ante Richard Nunccio, asesor presidencial de Clinton; al administrador federal de Aviación, David Hinson; al diplomático Peter Tarnoff; al secretario de Transporte Federico Peña; al documentalista Saul Landau; al periodista del Washington Post Scott Armstrong; a Morton Halperin, miembro del Consejo de Seguridad Nacional; al almirante Eugene Carroll; al ex embajador en El Salvador Robert White. Todo fue infructuoso, pese a que las quejas llegaban al mismo Clinton. Los vuelos piratas continuaban.

 

El intento más serio se hizo a través del congresista y más tarde gobernador de Nuevo México Bill Richardson…. Pero, fue inútil: los piratas mercenarios de Hermanos al Rescate se aprestaban para una nueva incursión en Cuba el 24 de febrero de 1996, en apoyo de la organización contrarrevolucionaria Concilio Cubano.

A las 13:15 el Cessna de Basulto y otras dos avionetas piratas partieron de la base de Opa-Locka en Miami. Al acercarse a Cuba, las autoridades les advirtieron por radio que corrían peligro si entraban a espacio aéreo cubano o rebasaban el paralelo 24. Fanfarroneando, Basulto respondió “Estamos listos para hacerlo. Es nuestro derecho como cubanos libres”.

Los cubanos habían llegado al límite. Dos MiG-29 con pilotos veteranos de la guerra de Angola, partieron de la base de San Antonio de los Baños.

En un santiamén derribaron dos avionetas, la de Basulto pudo escapar junto a otros terroristas que iban en su avioneta, entre ellos Sylvia Iriondo. Murieron los terroristas Mario Manuel de la Peña, Armando Alejandre Jr —quien tenía experiencia de combate en Vietnam—, Carlos Costa y Pablo Morales, un antiguo balsero quien, a diferencia de los otros tres, no tenía la ciudadanía norteamericana, sino que únicamente era residente.

Cuba informó que las avionetas habían ingresado unas 7 millas al norte de Baracoa y, aunque la Casa Blanca confirmaba esto, el debate llegó al Consejo de Seguridad de la ONU.

Clinton estaba furioso y quería atacar a Cuba, pero se conformó con recrudecer el bloqueo económico mediante la Ley Helms-Burton. Ahora, treinta años después, Donald Trump y Marco Rubio quieren revivir muertos y acusar a Raúl Castro de tal derribo. Trump, que se arroga el derecho de destruir embarcaciones en el mar Caribe, pretende que Cuba tolerara incursiones en su espacio aéreo. Estados Unidos, que en su momento adoptó la absurda teoría del perímetro de seguridad de Spykman, pretendía que Cuba ignorara las intromisiones en su espacio aéreo

 

Grande es Raúl Castro y se acrecienta más frente a estas patrañas.

Raúl es Raúl.

 

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