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Es brutal la concentración de la riqueza en México

 

 

 

Por: Héctor Ramírez Cuéllar

 

El último informe de la WORLD  REPORTE INEQUILALITY, relativo al año de 2022, que se refiere a México, indica que el 50 % de los más pobres percibió ingresos por 42,7OO pesos per cápita, mientras el 10 % de los más ricos obtuvo 1.3 millones anuales per cápita. El 10 % de los más ricos concentró el 57 % de los ingresos nacionales, mientras que el 5O % de los más pobres apenas percibió el 9 % de los mismos, lo que reafirma que la política de redistribución de la riqueza, que se traduce en la popular divisa, Primero los Pobres, de la presente administración, ha sido un fracaso y que las políticas asistencialistas de los programas sociales también lo han sido, si tomamos en cuenta el enorme reto que tenemos a la vista.

Reconocemos, desde luego, que la injusta distribución del ingreso y de la riqueza es el problema estructural más antiguo profundo de nuestro país, el más difícil de solucionar sobre todo en el corto plazo y en el que de una manera más clara, se manifiesta la incapacidad del sistema capitalista dependiente y monopólico que se ha constituido en nuestro país desde hace muchos años para enfrentarlo con éxito y que desde luego un gobierno como el que encabeza López Obrador jamás podrá enfrentar con racionalidad y eficacia, ya que se requiere la aplicación de una auténtica política de izquierda, la afectación de grandes intereses nacionales e internacionales, de la oligarquía y el imperialismo, la limitación de la tasa de ganancia, una verdadera reforma fiscal progresiva, establecer limitaciones a los distintos grupos de la burguesía nacional y el concurso y la participación activa y decisiva de los obreros y de los campesinos. Se necesita la conducción política de un partido de clase, de un partido revolucionario, que inicie y promueva una transformación radical de nuestra sociedad, guiado por las tesis del marxismo y el socialismo.

A este informe dramático y elocuente se deben agregar otros muchos que ha presentado el INEGI y que debemos analizar de una manera pormenorizada, para ratificar y confirmar que las políticas implementadas por la actual administración, solo han significado en el mejor de los casos, meros paliativos, medidas atenuantes o simples cambios intrascendentes, ya que las estimaciones generales que arrojó la pandemia han concluido que ahora hay más pobres y que estos lo son en mayor medida pues desaparecieron más de 4 millones de micros y pequeñas empresas, se perdieron 9 millones de empleos, algunos de los cuales se han recuperado, muchos ubicados en la llamada economía informal o que perciben salarios muy precarios, que no se han estudiado ni atendido los efectos sociales post COVID, los millones de trabajadores que habiendo sido afectados padecen secuelas graves de dicha enfermedad, por lo que la situación nacional sería más grave de la que se reconoce oficialmente.

El único avance que reconocemos es el incremento consecuente que han tenido a los salarios mínimos, pero esta medida ha sido insuficiente si tomamos en cuenta el gran rezago acumulado que históricamente registraron estos ingresos, sobre todo en la etapa de los regímenes neoliberales en los cuales la inflación llegó a tres dígitos: también es necesario precisar que la tasa inflacionaria en este año superará el 7 % promedio, según estimaciones del propio Banco de México, incremento que hace nugatorio casi de inmediato el aumento ya anunciado por la comisión tripartita respectiva.

El Presidente, precisamente por su formación política religiosa, no tiene un conocimiento objetivo del funcionamiento del sistema capitalista y por ello considera que “ser rico no es signo de vergüenza”, que hay “ricos buenos” y “ricos malos”, los primeros son aquellos que pagan correctamente sus impuestos y “que explotan poco a los obreros”, los que los tratan con “consideración”, mientras que lo otros serían aquellos que además de evadir al fisco, “tratan mal” a los trabajadores y que no son solidarios con las causas nacionales y populares. Se trata de una de las explicaciones más burdas de la “HUMANIZACIÓN DEL CAPITALISMO” y de la conciliación de las clases sociales.

Según esta narrativa, existen empresarios “ricos” que pueden expiar sus “pecados” tan solo con apoyar o ingresar a la Cuarta Transformación, por lo tanto, el empresario paradigmático de los “malos” sería Claudio X González, principal accionista de KIMBERLY CLARK, quien además financia a la coalición opositora, mientras que el empresario “bueno” seria, Carlos Slim, que “absorbió” los gastos de la reparación de la Línea 12 del metro demostrando que tiene una actitud solidaria con el pueblo y el gobierno y que en varias ocasiones ha demostrado que es un “buen amigo” del Presidente.

Ha señalado en varias ocasiones López Obrador que no se requiere implementar una reforma fiscal progresiva sino solo que los ricos “paguen bien sus impuestos” y que haya “honestidad en el ejercicio del gasto público”. Esta “doctrina” la ha elevado a rango internacional pues en su propuesta de combate a la pobreza mundial ha planteado que el fondo económico que se constituya se integre con “donaciones”, es decir, decisiones de carácter voluntario, que hagan los más ricos del planeta.

En el aspecto de consumo, se ha pronunciado por la “moderación”, la “austeridad” pues solo se necesita tener un par de zapatos, dos pantalones y una comida “frugal” a base de tortillas, ya que todos los demás elementos serían considerados como “excesos” y “aspiraciones ilegítimas” como los que caracterizan a la clase media, que ha perdido su identidad como clase explotada y que pretende ser una clase exploradora.

Como es obvio suponerlo, mientras en la dirección política del gobierno existan estos criterios, no podrá a avanzarse hacia una más justa distribución del ingreso y de la riqueza, la cual, por su trascendencia y profundidad, se debe considerar como una meta de las fuerzas de izquierda, de los partidarios del socialismo y de las organizaciones de los obreros y de los campesinos.

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