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Un retrato de la clase obrera. En torno al centenario de México industrial (1923)

Edgar Martínez Zanabria

(México industrial, Dir. Anónimo, Compañía Industrial de Atlixco S. A., 1923, [duración: 58 min])*

Desde la invención del cinematógrafo por parte de los hermanos Lumiѐre en 1895, el maravilloso aparato se encargó de brindarle movimiento a las imágenes antes fijas, capturadas solamente por la pintura o la fotografía. Entre algunos de los elementos conformantes de la realidad circundante, los trabajadores industriales jugaron desde esos momentos un papel preponderante al ser “retratados” en una de las primeras películas de la historia, me refiero por supuesto al cortometraje silente dirigido por Louis Lumiѐre, La Sortie de l’usine Lumière à Lyon (La salida de la fábrica Lumière en Lyon).

Décadas después, y para el caso de México, resalta de manera importante el largometraje silente México industrial, que el año que acaba de terminar cumplió su primer centenario de vida, el cual fue realizado por la extinta Compañía Industrial de Atlixco S. A. (CIASA), para promocionar en el extranjero su fábrica de hilados, tejidos y acabados de algodón de Metepec (Puebla). Uno de los primeros aspectos a resaltar, tiene que ver con el hecho de la conservación de un largometraje completo de esa data ya que son contadas las cintas que se conservan hasta el día de hoy.

Ya entrando en materia, la película comienza explicándole al espectador, gracias a la utilización de intertítulos tanto en español como en inglés (recurso que aparece a lo largo de la misma), que se trata de la empresa líder en su ramo en México y que para esos momentos poseía entre sus ventajosas características: un capital social de 6 millones de pesos, casi 14 millones de pesos en activos y poco más de 4 millones de pesos en reservas, claro, en cifras de ese entonces. Entre su moderna maquinaria contaba con más de 34 mil husos, más de 1500 telares, así como estampadoras y talleres de grabado y reparación; al igual que una importante conexión ferroviaria directa con la línea de los Ferrocarriles Nacionales.

Desde las primeras secuencias, podemos observar a la junta directiva de la empresa conformada por elegantes sujetos y presidida por el propietario y presidente de la misma, el señor Lino Pardueles. Además, se nos deja saber que en esos momentos se estaban estrenando sus nuevas oficinas en el recientemente construido Edificio España ubicado en la calle de Capuchinas de la Ciudad de México, el “Wall Street mexicano”.

Con posterioridad, comenzamos a familiarizarnos con el lugar en donde se ubica la fábrica de Metepec, enclavada en el valle de Atlixco, en donde el ambiente rural parece seguir bastante vigente y que nos permite entender que la enorme mayoría de los trabajadores de la empresa no tenían mucho de haber pasado de ser campesinos que araban la tierra a convertirse en obreros que se vieron forzados a aprender nuevos oficios y entrar de lleno en una marcada división laboral empresarial.

Ligado a lo anterior, un aspecto interesante a resaltar de esta producción, nos permite comprender el porqué del auge que adquirió la Revolución Industrial en ese lugar que tiene que ver con la importancia que se le brinda a la abundancia de agua en la región, nutrida por la cascada de Metepec, y que gracias a la planta hidroeléctrica de La Barranca, generaba la energía eléctrica y motriz que permitía la ininterrumpida continuidad en los procesos productivos a las turbinas que nutrían los departamentos de hilados y tejidos, brindándole una conveniente autonomía energética.

A continuación, asistimos a todo el proceso industrial para la generación de telas, desde el arribo en ferrocarril de enormes fardos de algodón en bruto, pasando por labores de separación, lavado, secado, almacenamiento y empaquetado final, así como procedimientos propios de este ramo como son las cardas, el hilado y torzales, mercerización, blanqueamiento o estampado. Si bien somos testigos del funcionamiento de varias de las máquinas inmiscuidas en tan arduo proceso que representaban la tecnología de punta de la época, tampoco podemos dejar de percibir que en todos esos procedimientos casi siempre es necesaria la presencia de por lo menos algún empleado.

La laxitud de las leyes laborales de ese entonces, tomando en cuenta que la Revolución Mexicana ya había azotado a buena parte del país y ya se había redactado la Constitución de 1917, nos muestra que, en varias de las actividades antes citadas, la presencia de niños y adolescentes no era extraña ni escasa pues, seguramente, su presencia en ese lugar contribuía a la precaria economía familiar.

Aunado a lo anterior, toda esa planificada división de labores, también se ve reflejada en la diferenciación de la vestimenta de los trabajadores, ya que es distinta en las salas de generación de energía y en los talleres en donde se ubican chimeneas, turbinas, fundidoras o cortadoras de madera, en donde los trabajadores portan overoles y botas; los laboratorios, en donde los empleados llegan a portar hasta corbatas; y al resto de la fábrica en donde la gran mayoría de los obreros que se ocupan en labores de descarga, husos, estampadoras, calderas o lavadoras, no llevan ni siquiera calzado y visten con camisas y calzones de manta.

El esfuerzo para que hasta el día de hoy sigamos gozando de este trabajo cinematográfico se debe a la labor titánica de restauración y conservación de la misma por parte de la gente del Departamento de Investigaciones Históricas del Movimiento Obrero (DIHMO) perteneciente a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que editó desde 2019 un libro que trata la historia de la empresa textil y que se acompaña de la versión en DVD de la película y de la banda sonora original a cargo del grupo de rock vanguardista independiente Cabezas de Cera.

De hecho, mucho de lo que aparece en este filme y que menciono en las líneas anteriores, puede ser admirado actualmente en el Museo Industrial de Metepec (MIM), auspiciado por esa institución educativa y que, a través de una propuesta museográfica bastante interesante que incluye objetos y maquinaria de la época, así como recursos artístico-explicativos, se convierte en una referencia para el estudio del patrimonio industrial y su vinculación con la vida de los trabajadores.

Finalmente, me parece que uno de los aspectos curiosos de esta producción es que se emparenta con el mencionado cortometraje de los Lumiѐre, cuando vemos en las secuencias finales la salida de los trabajadores de la fábrica de Metepec, generando de esta manera una especie de vinculación de clase entre los proletarios de dos latitudes distintas. Si bien esta película procuró ser un vehículo de atracción de capitales extranjeros por parte de la Compañía Industrial de Atlixco S. A., terminó convirtiéndose en un fiel registro histórico y cultural de la compleja vida laboral en el México de principios del siglo XX.

 

* En este link se puede ver la película: https://www.youtube.com/watch?v=Ub1wNYL3V-A

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