La “primavera laboral” de Sheinbaum: propaganda para los empresarios, miseria para los trabajadores

“Nunca fui defensor de reyes, pero peores son aquellos que engañan al pueblo, con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán”. Miguel de Cervantes Saavedra.
La “primavera laboral” anunciada por la presidenta el primero de mayo es sólo propaganda política, cuentas alegres. Para los trabajadores continúa el largo invierno: bajos salarios, falta de seguridad social, negación de derechos y prestaciones, y un fortalecido charrismo sindical. La presidenta habló de derechos laborales y democracia sindical en la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones: una sede del SNTE que niega todo derecho a sus agremiados.
Antes de la 89ª Convención Bancaria, un representante del sector expresaba la confianza y certidumbre de la iniciativa privada para la inversión: “Nunca hemos tenido un nivel de diálogo y cercanía con una administración como con la actual”. Cercanía que no tiene el gobierno con los trabajadores; éstos no tienen confianza en su futuro ni la certidumbre de qué van a comer mañana.
El reporte anual Deudas de los mexicanos: motivos, soluciones y retos señala que 8 de cada 10 mexicanos viven al día y apenas logran pagar sus deudas (La Jornada, 12/03/26). Y siete de cada 10 personas que nacen en condición de pobreza en México permanecen así toda su vida, según un informe del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY): “Esto significa que los ingresos del trabajo de la familia no alcanzan para cubrir el costo de la canasta alimentaria del hogar” (La Jornada, 02/03/26).
De acuerdo con datos del INEGI de diciembre de 2025, cerca del 40 por ciento de los trabajadores en México percibe un salario mínimo y otro 40 por ciento hasta dos salarios mínimos. México es el segundo país con menores ingresos de la OCDE, con un promedio de 21 mil dólares al año, la quinta parte del país más próspero, Suiza, con 106 mil dólares anuales.
Por otro lado, el derecho a la salud no existe para los trabajadores y sus familiares. “Inútil Solicitar Servicios, Sólo se Tramitan Entierros” (ISSSTE): así ha denominado y caracterizado la voz popular el servicio médico de los trabajadores del Estado. El Seguro Social (IMSS) no canta mal las rancheras. Acudir a atención médica ocupa todo el día: largas horas de espera y el riesgo de no alcanzar ficha; en el caso del ISSSTE, citas por internet saturadas y meses de espera para una consulta de especialidad, debido a la sobrecarga laboral y la falta de especialistas. De plano, hay quienes optan por acudir a médicos particulares, según sus posibilidades económicas, lo que de cualquier manera implica gastos extra.
La seguridad social en el país fue desmantelada con la creación de las Afores. Este nuevo sistema para los trabajadores adscritos al IMSS fue aprobado por la mayoría priista en 1996, y en 2007 para quienes están al servicio del Estado. El resultado de la privatización de la seguridad social es la eliminación del sistema de pensiones, quedando en su lugar rentas miserables derivadas del ahorro en cuentas individuales, además de exigir más años de trabajo. Los ganones son los mismos de siempre: empresarios y banqueros, dueños de las Afores, que se hacen más ricos a costa de los trabajadores.
Los gobiernos del PRI y el PAN perpetraron este atraco a la seguridad social de los trabajadores. La presidenta se comprometió a echarlo para atrás durante su campaña; ahora que está en el gobierno, el sistema se mantiene intacto.
Mención aparte merece la negativa del ISSSTE a pagar las pensiones de quienes se jubilaron antes de 2007 en salarios mínimos, de acuerdo con la ley anterior, y pagarlas en UMAs, lo que reduce casi a la mitad las pensiones, a pesar de que existen ordenamientos legales en sentido contrario.
En cuanto a la democracia sindical, corresponde a los trabajadores, y a nadie más, elegir libremente a sus representantes. El ejercicio de este derecho ha sido más que difícil, porque ha sido secuestrado por las mismas mafias de antaño; y donde ha habido elecciones por voto directo, con el control de los aparatos sindicales, el uso de los recursos gremiales y elecciones a modo avaladas por el gobierno, se mantienen en el poder los grandes sindicatos nacionales: SNTE, STPRM, STRM, SNTSS, STFRM, SUTERM y SNTMMS. En el caso de los sindicatos magisterial y minero, incluso cuentan con dos senadores de Morena: Alfonso Cepeda y Napoleón Gómez Urrutia.
El Día del Trabajo, la presidenta ratificó su alianza con el charrismo sindical al realizar su conferencia matutina en el Centro Cultural del México Contemporáneo del SNTE. No hay contrasentido: ese es el mensaje para los sindicatos democráticos y particularmente para la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Finalmente, hay negación de derechos por parte de los patrones, incluido el Estado. Mencionamos sólo algunos ejemplos destacados. El subempleo, jugoso negocio de empresarios que conlleva bajas o nulas prestaciones para los trabajadores, continúa en el gobierno federal: es el caso del personal de limpieza y seguridad en oficinas de la Autoridad Educativa Federal de la Ciudad de México, órgano de la Secretaría de Educación Pública. Los Servidores de la Nación viven la inestabilidad laboral con contratos eventuales de tres meses, que les impiden generar antigüedad; además, durante las campañas de programas sociales y vacunación, a veces trabajan sábados y domingos en jornadas de hasta 15 horas (La Jornada, 03/02/24).
Una constante de las empresas es la negación del derecho a la seguridad social al no inscribir a los trabajadores en el IMSS. Esperemos que la presidenta ahora sí cumpla su palabra y verifique que las empresas agrícolas lo hagan, ya que Oxfam México señaló que más del 86 por ciento de las personas jornaleras agrícolas carecen de seguridad social y siete de cada 10 no tienen acceso a servicios de salud (La Jornada, 16/04/26). En la CDMX, 85 por ciento de los despachadores de gasolineras carecen de salario: sólo ganan propinas y, además, deben pagar un “derecho de piso” para poder trabajar (La Jornada, 06/04/26).
A todo esto hay que sumar el deplorable papel de la Secretaría del Trabajo, que más parece representar al empresariado, pues pospuso hasta 2030 la semana laboral de 40 horas y se negó a establecer la jornada laboral de cinco días de trabajo y dos de descanso por semana. También se negó inicialmente a reconocer la intervención patronal, mediante amenazas y un grupo criminal, contra los trabajadores de la minera Camino Rojo, hecho que fue confirmado por el panel del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del T-MEC.
En resumen, los trabajadores en México no tuvieron nada que celebrar el Día del Trabajo.
Adrian Bejerano
Psicólogo en Educación Especial
Comité de Lucha CNTE Tláhuac
