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Nuestra Política con los sectores populares

Nuestra tarea política

La experiencia de la vida actual, la opresión política a que someten a los obreros los gobiernos existentes, tanto con fines políticos como sociales, les obligan a dedicarse a la política, quiéranlo o no.

Engels, Sobre la acción política de la clase obrera.

 

A toda comunidad política dividida en clases sociales le es consustancial el choque de intereses y el conflicto por la imposición de unos sobre otros. En la Ciudad de México este conflicto se manifiesta de muchas maneras: bloqueos vecinales por falta de agua, marchas de pueblos originarios exigiendo respeto a sus derechos, cuando corren a gritos y empujones a funcionarios públicos de alguna asamblea barrial, cuando los vecinos de alguna colonia reúnen firmas para exigir algún servicio o denunciar un problema, y de muchas otras maneras.

La respuesta que debe interesarnos es por qué se dan todas estas manifestaciones de descontento. Decimos que lo primero es porque el descontento existe. Esta obviedad es necesaria ya que, el gobierno actual de Clara Brugada, como el de Sheinbaum a nivel nacional, mantiene una narrativa de que en nuestra capital ningún problema social ocurre, de que aquí el pueblo está contento y reinan la justicia y el bienestar. Todos los bloqueos y manifestaciones populares desnudan esa falsa narrativa.

El segundo motivo para que se den esas manifestaciones de descontento es que la conciencia popular comienza a sacudirse la cultura política de la despolitización, y pasa a ser sustituida por la conciencia de la necesidad irrenunciable de organizarse para exigir y demandar soluciones a quienes cuentan con todo el aparato estatal y la obligación política de hacerlo. Esta conciencia crece por la ciudad. Cada vez son más frecuentes las muestras de descontento y surgen nuevas organizaciones legítimas que el gobierno morenista no ha podido cooptar.

La tendencia creciente a la insumisión en la Ciudad de México es un hecho que, además de los motivos antes expuestos, tiene como causa la oposición entre los intereses privados de la burguesía y los intereses populares de la mayoría de la población. Porque hay que decirlo claramente, las colonias populares se quedan sin agua porque se la llevan la industria, las inmobiliarias y los enormes centros comerciales. Las familias trabajadoras nunca podrán comprar una casa porque los bancos las acaparan y se enriquecen con ellas. Los trabajadores no tenemos una pensión digna y buenos salarios porque eso disminuiría las ganancias de los monopolios.

En el caso de los pueblos originarios, ¿Quién atenta contra sus derechos? Es el mismo Estado el que simula consultas; son los políticos de todos los partidos burgueses los que intervienen en la vida interna de los pueblos; son los gobiernos de Brugada y las alcaldías los que busca dividir y usurpar las representaciones. ¿Y todo esto para qué? Para garantizar que en sus territorios el capitalismo tenga manga ancha para sus negocios.

Los ejemplos anteriores son suficientes para mostrar que la lógica que guía el desarrollo de esta ciudad es incompatible con la satisfacción de las necesidades de la mayoría de su población. Mientras el agua, la vivienda, el transporte, la tierra, la educación, la cultura y todo continúen concibiéndose como mercancías, seguirán siendo escasas para el pueblo y fuente de enriquecimiento para los monopolios que las acaparan. Como ya denunciaron Marx y Engels desde el manifiesto comunista, la propiedad de unos cuántos existe a condición de privar a millones de ella.

Las explicaciones no pueden concluir allí. ¿Por qué son los intereses minoritarios los que guían el desarrollo de la Ciudad de México? ¿Por qué son la vivienda, el agua, el transporte, la cultura y todo lo que nos interesa y necesitamos para vivir bien, mercancías propiedad de una minoría? Porque en el choque entre los intereses de la burguesía con los populares, aquella tiene un instrumento fundamental: el Estado. Es este el que asegura que sean los intereses privados minoritarios los que se impongan sobre toda la sociedad.

La imposición de los intereses de la minoría no siempre se hace mediante la represión abierta. El gobierno de Brugada lo hace de varias formas: la simulación, corrupción, división, cooptación, usurpación… Un amplio catálogo de formas bien aprendidas del priísmo. A pesar de todo esto, no han podido frenar la tendencia creciente a la insumisión que hoy presenciamos.

Con esta tendencia en ascenso, resulta esencial enfatizar la necesidad de una unión de luchas para sacudirnos los intereses ajenos que nos han sido impuestos hasta ahora. Los movimientos y luchas populares deben participar activamente en la política en todas sus formas, como un solo frente contra los intereses minoritarios. Este frente debe alterar la correlación de fuerzas para barrer con la mercantilización de nuestras necesidades y convertirlas en derechos irrenunciables.

La combatividad popular de nuestros días nos lleva a discutir tendencias políticas, programas y formas organizativas. Quienes buscan mantener la opresión sobre los sectores populares pretenden llevarnos, de nuevo, a la zaga de MORENA. Otros tienden a la dispersión de luchas, al gremialismo y al localismo. Los comunistas buscamos la unión de las luchas porque es la tarea política de nuestro tiempo. Frente a nuestro enemigo común, que concentra la riqueza y el poder político, debemos oponer nuestra arma más eficiente: la enorme masa social organizada.

Partido Comunista de México – Valle de México: Comisión de sectores populares

 

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