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No queremos reconciliación, ¡queremos Revolución!

 


Sobre la Ceremonia de Inicio de Actividades para el Acceso a la Verdad y la Justicia por los hechos 1965-1990

 

Por: Ángel Chávez Mancilla

 

La “Ceremonia de Inicio de Actividades para el Acceso a la Verdad y la Justicia por los hechos 1965-1990” que se efectuó el miércoles 22 de junio, fue un acto más de la demagogia del actual gobierno.

En el discurso de AMLO se afirmó que ya no es vigente la lucha por una nueva transformación, en el mismo sentido Alejandro Encinas afirmó que ya está cerrado el camino de la lucha armada para la transformación de la sociedad, pues la transformación ya se está en camino. Es decir, para el Estado burgués decir que trabajará para el conocimiento de la verdad y la justicia significa dar por muerto el proyecto de lucha revolucionaria, pues según ellos hoy ya existe un gobierno distinto que ha cumplido lo que buscaban aquellos que cayeron en la llamada guerra sucia. Para el actual gobierno de AMLO, la apertura del campo militar no.1 y otros espacios para las Actividades para el Acceso a la Verdad y la Justicia por los hechos 1965-1990 son una graciosa concesión que afirma que lo que hoy debe reinar, hoy es la paz.

Los participantes del acto hicieron de los luchadores por el socialismo como Arturo Gámiz, a Lucio Cabañas, a Genaro Vázquez Rojas, simples allanadores del camino rumbo a la búsqueda de “mayor democracia” y antecedentes de la trasformación social que el actual gobierno de AMLO dice encabezar. Este es un intento por apropiarse de la lucha de, borrar el objetivo real de los revolucionarios que es el socialismo, y suplantarlo por el de allanar el camino a la democracia, el cambio de un partido burgués por otro, el cambio de una gestión. Eso lo pueden hacer con personajes como Arnoldo Martínez Verdugo, pero no es aplicable a los revolucionarios que no luchaban por derrocar al PRI sino, por derrocar al sistema capitalista.

Por si fuera poco, el acto de hipocresía se coronó con las declaraciones del Secretario de la Defensa, que informó que el Estado burgués ha decidido reconocer como víctimas a los militares que participaron de la represión contra los luchadores sociales y colocar placas alusivas a esa condición. De esta forma se puso a los militares a la par de los luchadores sociales a los que reprimieron. Esta equiparación es un medio para la impunidad de los represores.

La esencia del discurso del Secretario de Defensa fue afirmar que el Estado busca el bienestar de la población, que está al servicio del “pueblo”, y de esta manera justificar que las acciones represivas supusieron el seguimiento de órdenes con las que el ejército y otras fuerzas represivas no hacían sino cumplir con su labor que es la defensa de la patria. Lo que informó el Secretario de la Defensa contaba con el total beneplácito del presidente López Obrador. Con esto se busca desvirtuar el carácter de clase del ejército, hacerlo pasar como un instrumento al servicio del pueblo trabajador, cuando en realidad es y seguirá siendo una parte del aparato de represión del Estado que garantiza la continuidad de la explotación capitalista.

Lo que está de fondo es querer borrar el carácter de clase de las fuerzas represivas y el Estado, equiparar la violencia que ejerce la clase opresora y el derecho de los pueblos a la rebelión. Esta idea es la misma que la que está detrás de la negación de la necesidad de los revolucionarios a establecer un Estado y ejercer la dictadura del proletariado. Debemos recordar que la diferencia entre el Estado actual y el Estado y el ejercicio de la dictadura de los trabajadores, es que el Estado burgués ejerce la represión de una minoría sobre la mayoría de los trabajadores y asegura la explotación; el estado obrero será la represión de la mayoría de trabajadores sobre la minoría de los explotadores que se aferran a perpetuar el régimen de explotación del hombre por el hombre.

Pero aunque no hubiera sido así, el acto por sí mismo es el intento de hacer creer que con el cambio de personajes y partido político en el gobierno se ha cambiado el carácter represivo del Estado burgués.

¿En verdad habrá acceso a la verdad y la justicia? ¿Cuál será el acto de justicia que se ejercerá? Los ofrecimientos de la “justicia”, por demás circunscrita al marco y las normas de la actual ley burguesa, no se han cumplido. No se ejerció justicia en contra de los expresidentes, no se ejerció la justicia en contra de la corrupción que llevó a que se enriquecieran aún más los empresarios como Carlos Slim, no se ha ejercido la justicia en el caso de Ayotzinapa; no se ha ejercido la justicia en el caso del 2 de octubre, y podríamos enumerar más casos. ¿Tiene sentido pedir justicia al Estado burgués, que es una arma de los explotadores?

El Estado represivo es el mismo que hoy existe, sólo cambió a los personajes, pero el carácter de clase es el mismo. En el banquillo de los acusados deben estar no sólo los altos mandos, los políticos y los perpetradores de la represión de las pasadas décadas, sino también los perpetuardores del sistema de explotación capitalista que sigue ejerciendo la violencia contra los trabajadores y que siempre está dispuesto a la represión con tal de cumplir su tarea de resguardar a los explotadores.

El Estado no es un ente neutral que imparte justicia, es el aparato de represión de una clase sobre otra, la justicia del Estado burgués es la que hace legal la explotación de los trabajadores que en 20 minutos generan el salario que reciben y a los que se les roba el resto de su jornada de trabajo. La justicia de la burguesía permite que los monopolios se apropien de la riqueza de la sociedad y se cree una masa de trabajadores con salarios de miseria, trabajos precarios e informales, y otra gran masa de desempleados y se les someta a una insondable pobreza material y moral.
Los que luchamos por el socialismo sabemos que no se ha dado ningún cambio estructural, no sólo siguen funcionando las relaciones de explotación capitalista, sino que también en el ámbito de la sociedad las profundas problemáticas sociales continúan, y también continúa la existencia de un Estado burgués. La paz a la que nos quieren someter es a la paz de los sepulcros, la paz donde siguen dominando los explotadores.

El Estado actual sigue siendo el garante de la explotación capitalista, pero hoy dice que es destino y que respetara los derechos humanos, que ya no habrá represión, que le interesa la justicia y quiere construir su legitimidad, diciendo que las luchas populares anteriores fueron antecedentes del supuesto cambio que hoy se está dando. Pero los comunistas no nos conformamos con la promesa de un Estado burgués que respetará los derechos humanos, pues, la justicia del Estado burgués se reviste hoy con los ropajes de los “derechos humanos”, pero el sistema capitalista es el generador de la violación de “derechos humanos”, llevando a millones de trabajadores al desempleo, vulnerando el acceso a una vida digna, a la salud, a la alimentación, a la educación, al trabajo, al enriquecimiento cultural e intelectual, a un entorno libre de violencia, y hasta a la vida misma.

Los derechos humanos son hoy un discurso que la burguesía usa por todo el mundo de forma acomodaticia a su favor, los dejan relucir dentro de las pugnas interburguesas para ver gobierno burgués es peor que otro, aunque todos se fundan en la explotación y ejercen la represión; los usan como propaganda en medio de las guerras, como si ante alguna guerra imperialistas los trabajadores debieran posicionarse del lado del bando más menos bárbaro; los usan los derechos humanos para atacar y descalificas a los pueblos y las fuerzas insurgentes que deciden hacer uso del derecho a la rebelión armada; usan los derechos humanos para revestir al capitalismo de “rostro humano” mientras la maquinaria de la explotación de los monopolios arroja a millones al desempleo, a la pobreza, a la muerte por inanición.

No nos conformamos con un “capitalismo humano” y un Estado que asegure respetar los derechos humanos, pues el Estado burgués sigue siendo el brazo de represión que garantiza la dictadura de clase de los monopolios. Queremos la destrucción del actual Estado burgués y la destrucción de toda opresión y explotación, la destrucción del capitalismo.

Los comunistas no queremos reconciliación, queremos Revolución, una nueva revolución de carácter socialista que arranque a los monopolios la riqueza que produce la clase obrera, para con esa riqueza construir una nueva sociedad donde todos los trabajadores lo tengan todo: acceso al empleo, a salud, al descanso, a la vivienda, a educación, a condiciones de vida digna. Esa nueva sociedad implica derrumbar el orden social actual, la destrucción de las instituciones burguesas actuales y la construcción de un Estado obrero, implica también no someternos a la paz de los explotadores ni aceptar sus prebendas a cambio de traicionar la lucha por una nueva sociedad.

Los comunistas queremos que se abran los campos militares, que se investiguen los crimines contra la clase obrera y todos los trabajadores, queremos justicia para todos los caídos en la lucha por una nueva sociedad y para aquellos que en la lucha sindical, campesina, ambiental, y demás luchas, fueron víctimas de la represión del Estado. Pero queremos que todo esto ocurra, y sabemos que esto sólo ocurrirá verdaderamente cuando se haga por un gobierno de trabajadores, por un Estado proletario. No queremos la justicia de la burguesía, queremos la justicia que han de ejercer los que hoy son explotados y mañana construirán la nueva sociedad.

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