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La Esencia De Los Partidos Burgueses

 

 

Por: Héctor Ramírez Cuéllar

La publicación del convenio electoral firmado entre los partidos Revolucionario Institucional y  Acción  Nacional para participar en forma conjunta en las pasadas elecciones  en el estado de Coahuila, en donde resultó triunfadora una personalidad  que provenía del tricolor, Manolo Jiménez, confirma la esencia política que tiene los partidos que están al servicio de las distintas capas o sectores de la burguesía nacional, es decir, se reparten las posiciones de poder en las entidades en que obtienen la victoria no para efectuar modificaciones importantes en la estructura económica, social y política,  sino simple y   sencillamente para obtener cargos públicos los cuales son ejercidos solo en su beneficio personal,  o de los grupos a los que pertenecen, es  decir, solo pretenden enriquecerse y hacer negocios con sus amigos y familiares para incrementar las fortunas que ya tienen.

Esos políticos en muchos casos, son también empresarios, es decir, están incrustados en las cámaras patronales, algunos de ellos en  otras épocas estuvieron afiliados al PAN y profesaron una concepción ideológica francamente derechista y también se ha beneficiado con  la infiltración  de los grupos de  narcotraficantes que predominan en esas entidades y municipalidades. También se  consideraba que con el simple hecho de que ingresaran a Morena, por los cambios en la coyuntura  política local y nacional,  su antecedentes políticos serian ignorados porque ahora se consideraban  de  izquierda, es decir,  lópezobradoristas,  pero no pudieron ser postulados como candidatos y regresaron a los partidos en los cuales habían iniciado su actuación pública, integrando una alianza política igual o similar, en  su contenido ideológico, al que presidio Morena que perdió las elecciones locales. En estricto sentido, las planillas de Morena y las que encabezó el  PRI  y el PAN fueron planillas empresariales y por lo tanto las elecciones en esa entidad,  fueron  una simple pugna interburguesa, tan negativa  una como la  otra para los intereses populares.

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En los informes que dio a conocer el Instituto Nacional Electoral se precisó que en los últimos años se ha producido en nuestro país una autentica modificación en los gobiernos  de las entidades federativas al enfatizar en  que por lo menos en 20 de ellas se ha  generado una alternancia entre el PRI y el PAN y más recientemente, entre el PRI y Morena y que ese  hecho revela la existencia de un cambio cualitativo en la distribución del poder, pero se trata de una caracterización engañosa ya que en rigor solo  ha presentado una recomposición de los  distintos grupos que integran a la burguesía nacional, concebida como la clase dominante en nuestro país y que los cambios sociales, económicos y políticos solo se han producido en este contexto.  La actual clasificación electoral ha beneficiado básicamente a la derecha, concebida como la clase políticamente hegemónica, ya que con anterioridad solo disponía de dos  partidos, el PRI y el PAN, pero ahora también tiene a Morena, por lo que los arreglos políticos son ahora más frecuentes en su interior, es decir, como clase social, ya que no existe una fuerza revolucionaria que les haga contrapeso en el terreno electoral.

La candidata presidencial de Morena afirma todos los días que en México se está  produciendo una verdadera transformación social y política, que el gobierno de López Obrador solo ha puesto “el primer piso” y que ella se propone construir el segundo, a la manera de una edificio de   varios niveles que se está levantando pero esta afirmación tampoco se  ajusta a la verdad histórica y política ya  que en los últimos años no se  ha  producido ningún cambio radical profundo, en la estructura económica,  social,  política  cultural  de nuestro país, si ben es cierto que se han generado algunas reformas en distintas áreas de la administración pública, pero todas ellas, en el marco de la  vía nacional revolucionaria por las que transitó  el país  durante varias décadas  y que en distintas ocasiones se trata de reeditar, volver mecánicamente,  al periodo del general Lázaro Cárdenas  o bien  insistiendo  en  el conjunto de la política neoliberal que se aplicó en los últimos  veinte años, la   cual se mantiene en términos generales, ya que el funcionamiento de la economía nacional sigue a  cargo de las normas y de las  instituciones del libre mercado. Una de las razones de esta continuidad radica en que Morena no es, nunca ha sido, un partido revolucionario sino que  su programa, sobre todo su actuación política permanente, la integración  de su aparatos  de dirección en  todos los niveles, han representado  la continuidad  fundamental del PRI y que ahora está presentándose una nueva oleada de priistas para ocupar cargos en las elecciones de este año.

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No existe ninguna diferencia importante, significativa, estructural, entre los gobiernos del PRI, el PAN  o Morena en las entidades federativas en donde ha existido alternancia, según la concepción  del INE,  sino solo un reacomodo,  una reubicación, un desplazamientos de  grupos de políticos locales, que con anterioridad estaban integrados en un solo partido, el PRI,  pero cuando este partido perdió  su capacidad como partido mayoritario, ese decir, de asegurarles  cargos públicos, muchos lo abandonaron y  se pasaron a  las  filas del PAN,  el PRD, y de Morena buscado mantener este acceso al ejercicio patrimonialista  del poder, del que han vivido siempre.  Algunos dirigentes de Morena les llaman “chapulines “, es decir, se trata de individuos     que son esencialmente  oportunistas ya  que lo único  que pretenden es escalar un  puesto administrativo, legislativo, incluso una notaría, una embajada, o un consulado o mejor aún  algunos contratos para construir obras públicas  y ofrecer servicios a las dependencias gubernamentales, a precios arreglados.

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